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La mala suerte de romper un espejo

noviembre 13, 2011

Desde que tengo uso de razón he escuchado que romper un espejo da mala suerte, algunos le ponen fecha a la duración de la desgracia, otros la dejan “sin apellido”.

Ayer me desperté sofocada, habían descontinuado la energía eléctrica en mi zona y entre el calor, los mosquitos y el ruido, Morfeo no aguantó más y “me sacó los pies” devolviéndome a la real realidad. Esforzándome por hacer las paces con él procedí -toda adormilada- a abrir las ventanas, y de un momento a otro sentí un CRASSGHSGSGHSH fuertísimo a mis pies (literalmente). Sin querer había dejado caer un espejo de unas 17×22 pulgadas.

Perpleja y congelada frente al caos que mi torpeza acaba de producir pensé: claro, romper un espejo trae mucha mala suerte, no sólo lo pierdes y tienes que gastar dinero en comprar uno nuevo, tienes que limpiar el desastre y para colmo tienes todas las posibilidades de acabar cortándote en el proceso o después, porque si hay algo que siempre aparece tras una ruptura de objetos de vidrio son pedacitos traviesos y maliciosos.

Y ahí me di cuenta de que muchas “maldiciones” puede que simplemente sean la forma de reflejar los problemas que traen, como consecuencia, ciertas cosas que nos suceden en la cotidianidad.

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