Estando en época de reuniones, cuando era ejecutiva de cuentas de una agencia de marketing en Madrid, recuerdo haber mencionado en un momento informal “no, porque nosotros los negros” a lo que los dos caballeros que estaban a mi lado (ambos españolísimos y blancos como la leche) rieron a cacajadas y uno dijo en tono burlón “¿¡nosotros?!” mientras miraba mi piel fijamente.
Al ver su reacción pensé: ¡Ignorantes! se creen que negro es sólo el de pigmentación oscura, no son capaces de ver el negro que llevo “detrás de la oreja”, de ver en mis rasgos la herencia que corre por mis venas, de notar mi orgullo por venir de una mezcla racial.
Hace unos pocos meses me sorprendió que mis amigos de acá me bromeaban, tras mi retorno a casa, llamándome “españolita” y me pareció irónico pues mis amigos españoles a la fecha aún se refieren a mi como “caribeña”.
Lo vinculé con el que estando allí conocí varios casos de personas que perdían su identidad y me quedó claro que mientras hay quienes niegan de donde vienen pues lo ven como defecto, hay quienes tratamos de resaltarlo y lo vemos como uno de nuestros grandes valores.
Estimadxs, hay que aceptar quienes somos y de donde venimos para sacar un buen provecho del bagaje cultural que nos regalaron nuestros antepasados.
Yo seré nacida en el caos y aunque critique su política, organización social y quien sabe qué otras cosas más, mi amor por esta isla creo que no podrán quitarmelo jamás y el negrito que colocó mi padre Fernando Martínez tras mi oreja, sin lugar a dudas, se irá conmigo a donde vaya.
Cuando aún viviía en Madrid, una de mis mejores amigas de la uni me escribió un mail emocionada que decía ¡ME VOY PA JAPÓN! Yo creía que lo decía en broma porque siendo sinceros es normal que te digan me voy a Puerto Rico, a Estados Unidos, a España o hasta Argentina si quieren ir más lejos pero desde el Caribe son más bien pocos los que se dan un viaje por Asia.
Una vez fuera de la sorpresa seguí leyendo y vi que era ¡GRATIS! si, esa malvada había logrado irse sin pagar ni un céntimo por 20 días a conocer una de las culturas más ricas y atractivas de la actualidad.
Tras su retorno y el posterior desarrollo de mi bebé Quemashago.com le dije ¡vieja, tienes que escribirme de eso! y así lo hizo. El artículo resultó ser TAN chulo que hasta lo publicaron en remolacha.net y TAN largo que ya vamos por la cuarta edición ¡y ahora e que falta mambo! (diitas que rindieron esos)
Si están en procrastinar y les causa curiosidad, les invito a conocer esta serie de artículos basados en sus aventuras 100% sacadas de la vida real, arranquen por ¡Me fui pa’ Japón! – Parte I y seguro que seguirán leyendo hasta el actual porque -a modo de confesión les digo que. si hay algo que son es divertidos ¡y adictivos!
Las culturas orientales y occidentales tienen ciertas diferencias -más bien radicales- que pueden ser motivo de fuertes juicios y comentarios. El uso del burka por ejemplo, dio mucho de que hablar hace aproximadamente un año en las escuelas europeas.
Recientemente me encontré con esta imagen que me dejó pensando y es que si bien es cierto que hay cosas -en ambas culturas- que trascienden las percepciones y son abuso o degradación del ser humano, hay otras que entran en el plano de lo subjetivo y por tanto dependen del cristal con que se miren.
A mi me dio duro el mensaje… ¿Qué les parece a ustedes?
I don’t do halloween y como le dije a una amiga: “si vinieran niños a pedir caramelos a mi casa le diría que vengan el 27 de febrero” (día de la independencia de mi país y en el que se celebra el carnaval).
No tengo ningún problema con disfrazarme, ni mucho menos con que me regalen chuches, lo que si veo mal es el estar copiando una costumbre de otro pueblo que en mi familia, mi colegio, mi país y mi vida carece de sentido. El que quiera hacerlo ¡bien por él! pero personalmente no le veo la gracia…
A lo que si le veo algo más de gracia es a esta colección de adorables animalitos disfrazados. Ojo: estoy 100% en contra del maltrato animal ¡tanto que soy vegetariana! pero así como hay quienes disfrazan a sus hijos, hay quienes disfrazan a sus mascotas y siempre y cuando no se les haga daño y se les quite cuando demuestren incomodidad a mi me parecen adorables y me han despertado una sonrisa.
Y ya dejando el blablableo, para que no digan que no me puse en sintonía con el día acá los tienen: los animales halloweenescos.
Ayer en la ofi alguien dijo “contigo no” y yo automáticamente sonreí mientras respondía ¡BICHO! ante el silencio de los presentes me di cuenta de que había algo mal, aquellos ‘chistes’ que tenían casi tres años en mi vida ya no tenían sentido, se habían convertido en ‘inner jokes’.
Esas frases extraídas de la cultura youtubera española eran totalmente contextuales y yo estaba fuera de contexto. Confieso que me molesté, me entristecí y decidí que había que cambiar algo, así que acá les traigo algunos de los videos con los que lloré de la risa, de los que salieron frases célebres, los que ya son parte de mi historia y de la de muuuuuchos otros jóvenes que por x o y convirtieron esto en parte de su cotidianidad.
Contigo no, bicho
La triste historia de este chico, “el día después” que Chewaca ¡la bestia parda! le dijo ¡CONTIGO NO BICHO!
¡La he liado parda!
Si eres socorrista y en vez de echar un químico echas uno que crea una reacción que flipas ¿qué dices?… ¡la he liado parda!
El Yonki de Pitis
Si eres un vanidoso que viste de Emidio Tucci, acabas de salir de la cárcel por robar un banco ¿qué haces? ¡drogarte todo lo que puedas y echar un polvo! porque “la droga es la auténtica salud, el bienestar y la alegría”
Pim pam ¡toma Lacasitos!
¿Qué le dices a un oficial de la ley ante la prueba de alcoholemia? pues fácil: ¡pin pan, toma Lacasitos!.. y es que cuando vas de tripis chaval…
Y bueno, con eso tenemos lo básico, luego volveré con más joyitas de nuestra divertida cultura pop youtubera.
Se puede decir que el arte dominicano tiene unos cuantos momentos que vienen siendo su “clímax”, sin lugar a dudas la bienal es uno de ellos, por no atreverme a decir que es su único y verdadero orgasmo.
Como buena hijita del mundillo del “artisteo” no podía dejar pasar la oportunidad de ir a la inauguración de su máxima fiesta. El dilema era si podía tolerar el politiqueo a cambio de ver “lo mejor de lo mejor” de mi país, por fortuna una infiltrada me avisó de la finalización protocolar y fui a por ello sin contaminar mis oídos.
Confieso que hay piezas que te se quedan en tu cabeza, otras te roban los ojos y unas pocas el corazón, por lo que me atrevo a decir que la experiencia es buena -muy buena- y recomendable para todos, aunque no sean del área.
Por primera vez vivi la grata la sorpresa de encontrar nombres conocidos entre los creadores, cosa que no me había pasado nunca antes y que dibujó unas cuantas sonrisas en mi rostro. Lo que no me gustó tanto es que más que un evento artístico fue uno social, con una media de un conocido por cada dos o tres piezas, lo cual extendió la visita muuuucho más de lo esperado y casi me busca problemas con mis acompañantes.
Yo ustedes iría, incluso -aquí entre nos- si veo la oportunidad de ir de nuevo ¡lo haré!
Los colores son un universo aparte y en cada cabeza pueden percibirse de forma distinta tanto sus componentes, como las emociones con las que son vinculados. Confieso que yo he tenido (por ejemplo) discusiones de si algo es verde-amarillento o amarillo-verdoso y de si algo es azul aqua o verde aqua.
Pero más allá de cómo le llamamos, lo importante es lo que nos hacen sentir. Podríamos encontrarnos el caso de dos personas del mismo pueblo, con la misma educación, el mismo marco de referencia y las mismas amistades, y con una diferencia en la percepción del azul, mientras para uno es paz, para el otro es tristeza. Imaginemonos ahora que estos dos seres los tomamos pero de culturas distintas, ¿cómo más no cambiarán los significados de los colores? En este caso dependerá de TODO, desde como percibes algo tan importante como la muerte, hasta si vives en un lugar frío o caluroso, en la selva o en el desierto.
En fin, que los pobres colorines están súper menospreciados y vienen cargados de mucho más que lo que vemos. Y aunque solemos usarlos indistintamente para una cosa o para otra, deberíamos tomarnos la molestia de ver qué nos transmite o cómo puede ayudar a enriquecer aquel lugar donde pensamos colocarlos.
Para demostrar la riqueza tras este mundillo que tanto disfruto, les dejo este gráfico preparado por un equipo de Pantone en donde asocian cada color con sentimientos y comparan las variaciones entre distintas culturas.
Mi jefe, que ha estado escuchandome últimamente con muchas de estas actividades que siempre hago, sorprendido por el interés que muestro por buscar más del mismo tipo e incluir a quienes me rodean me dijo: “ya que te gusta tanto deberías ir a esto, que esta muy bien” y me reenvió la invitación de Cortogenia por correo electrónico.
La cosa tenía buena pinta y fui, aunque sin muchas espectativas, pero como siempre con muy buena disposición. Para mi sorpresa me encontré con un evento increíblemente bien organizado y de muy alto nivel.
¿Qué es Cortogenia?
Bajo el objetivo de apoyar el mundo del cortometraje y acercar el formato corto al gran público y tomando como sede el cine Capitol de Madrid, una vez al mes, durante todo el año, se proyectan cuatro cortos nacionales y uno internacional.
Un jurado especial analiza las piezas y con todos los cortos expuestos, cada año se realiza una entrega de unos 15 premios (aprox). Entre estos está el del público, por lo que al entrar te dotan de lápiz y papel para que al final puedas proceder con la votación.
¿Lo mejor?
Aparte de dar la oportunidad a este poco popular formato, le permiten al pueblo disfrutar de una noche de cultura gratis. Compartir de los sueños de los directores -que previo a la proyección exponen su proyecto- y disfrutar de la calidad de sus obras.
He salido de allí más que satisfecha y confieso que mientras pueda volveré, pues esta primera experiencia ha sido más que grata y me regaló una noche diferente e interesante. Si te ape acompañarme o conocer en detalle de qué hablo visita http://cortogenia.es/
Mi país me vuelve bipolar
Su gente (que es la mía) me hace feliz.
Su gastronomía me enloquece.
Sus paisajes me deleitan.
Su cultura me fascina.
Pero su relidad me deprime.
Porque su gente no respeta nada,
su gastronomía es cambiada por la ajena,
su paisaje vendido al mejor postor para que lo extermine
y su cultura cada día queda más en el olvido.
Y me siento bipolar porque sonrío con ganas de llorar y de entre las lágrimas vuelvo a encontrar consuelo en el lado opuesto del detonante inicial.
Hace unos días me encontré con una señora que no tenía uno, ni dos, síno múltiples dientes completamente de oro o al menos enmarcados en este metal.
Entiendo que es una tendencia o moda que en algunas culturas es MUY bien vista y lo respeto, lo que no quiere decir que me gusta.
Partamos de la premisa de que no soy fan del oro amarillo, pues salvo puntualísimas excepciones suelo preferir la versión en blanco.
Otra cosa es que sinceramente mientras ella hablaba mis ojos no podían dejar de mirar el color que brillaba en su boca, era como cuando alguien (si soy yo misma es peor) tiene una espinilla inmensa y colorida que uno simplemente no puede dejar de verla, que funciona como imán de la mirada y cada vez que uno por no ser indecente la cambia ella vuelve automáticamente a su posición anterior.
Espero que la vida no me lleve por destinos o situaciones en que este canon estético sea el predilecto porque, al menos en este momento de mi vida, lo pasaré muuuuy mal.
Hoy domingo haremos algo muy chulo, nos juntaremos (parte de) los que son mi familia madrileña (fuera de la familia de sangre) y haremos una recreación de una de las actividades de mi hogar que más amo: un almuerzo dominguero familiar.
Desde hace algunos meses descubrí que los encuentros que mezclan amistad y gastronomía me encantan, sobre todo cuando el grupo es intercultural pues permite mostrar las cositas de los míos que pueden gustarle a los tuyos y sacar en evidencia la riqueza de cada uno. Incluso, con una amiga, (la Bea) cuando quedamos suele ser para hacer “cocinitas” y con otra (la Queenie) hicimos el trato de que al menos una vez a la semana haríamos un “cocinao”.
Pues hoy haré (con más gente ayudando claro) dos pastelones, ambos de yuca con papa, el primero relleno de muuuuuucho queso y el segundo relleno de carne de soja. Una amiga mexicana de la que host llevará unos taquitos con mole, y una opción vegetal para mi.
El día parece prometedor y me encanta la idea de juntarnos simplemente por juntarnos, no porque alguien cumple años, ni por que hay que despedirlo, sino simplemente porque queremos cocinar, comer y disfrutar de un buen ratito juntos. Si la amistad es razón suficiente para celebrar y no se necesitan más excusas de las ganas de exaltarla ¿no creen?
¿Qué pasa si alguien decide mezclar fervor religioso, flamenco y orquesta?
Probablemente yo hubiera puesto una cara similar si me hubieran hecho la misma pregunta.
Para mi suerte al momento de ir al espectáculo “Misa Flamenca” sólo supe que me regalaban la entrada y me aseguraban la buena compañía.
Fue sorprendente el ver a más de 40 artistas en escena, el escuchar el más desgarrador padrenuestro que he tenido el placer de vivir y el salir -como siempre que voy a algún espectáculo que implique danza- con ganas de aprender a bailar flamenco.
Sinceramente, si las misas fueran así yo iría todos los domingos y si tienen la oportunidad de ver algo similar, cuentan con mi recomendación absoluta.
Recuerdo findes en los que no había nada que hacer, en los que el aburrimiento era la constante entre los días y había que improvisar viajes a la playa o reuniones hogareñas porque la oferta ocio/cultural que planteaba la ciudad era tan escasa que no tenías de otra que fabricar tus propias actividades.
El fin de semana que hoy inicia es la antítesis total a esto que acabo de describir, hay incluso tantas cosas interesantes que he tenido que organizar una agenda para poder intentar hacerlo todo y confieso que creo que ni con mi mayor esfuerzo podré dar a basto.
Comento para que me entiendan:
- Tengo una entrada gratuita al cine que se vencerá MUY pronto, por lo que tengo que usarla a la mayor brevedad posible.
- Un grupo de amigos organiza por segunda vez “La noche de sushi”.
- Debo dar clases particulares de Photoshop.
- Una amiga me obsequió un pase a un Spa&Gym y hemos coordinado para ir juntas.
- Sigo haciendo mis ejercicios en parques y plazas.
- Debo ser ama de casa: ir al súper, comprar frutas y verduras, limpiar y lavar la ropa.
Y a parte de de esto la ciudad propone lo siguiente:
- Feria de Tapas de Madrid.
La Feria de la Tapa es uno de los eventos gastronómicos más importantes de la ciudad, ya que en él participan más de 92.000 personas en tan sólo 32 horas. Para facilitar que el mayor número de personas puedan acceder a estas pequeñas joyas culinarias, la Feria de la Tapa mantiene un precio popular de 1,20 euros. El acceso a la feria es gratuito, en horario de 12.00 a 16.30 horas y de 19.00 a 23.00 horas. Clica acá para obtener más información.
- Festival de Tango de Lavapiés: Tangopiés.
El tango argentino regresa al barrio más castizo de Madrid, Lavapiés, con el Segundo Festival de Tango TANGOPIÉS de Madrid. Reúne a figuras del nivel de Carlos del Mar, Valeria Hernández, Trío Mistongo, Lotox, Orquesta Malena, Rubén Navarro y grandes parejas de baile del tango argentino. Será el sábado 29 y domingo 30 de mayo 2010, en plena semana del Bicentenario de Argentina. Clica acá para obtener más información.
- Karaoke multitudinario en la plaza de Callao: Pongamos que canta Madrid.
La cita -patrocinada por Citroën y organizada por Promoción Madrid- será el próximo domingo 30 de mayo a las 13.00 horas en Callao, escenario urbano en el que miles de personas podrán entonar las 10 canciones más populares dedicadas a Madrid. Clica acá para obtener más información.
Súper Maricha me van a decir si logro hacerlo todo, pero que no quede duda alguna de que se hará el máximo esfuerzo y para los que están por estos lares y les apetezca unirse, ¡serán más que bienvenidos!
La Ginjinha es un licor típico de Portugal, muy popular en Lisboa, que se obtiene a partir de la fermentación de una fruta ácida, similar a la cereza, llamada Ginja (guinda en español). Algunos autores la han llegado a considerar “la chispa de la vida lisboeta”.
Su fórmula está compuesta por aguardiente, guindas, azúcar, canela y cuatro meses de reposo.
Su consumo puede hacerse como cualquier otro licor…
O puede hacerse con un vasito de chocolate en el cual de vierte el contenido casi hasta el tope.
Las instrucciones son las siguientes:
Se debe tomar la primera mitad a modo de chupito o shot. Posteriormente se entra a la boca la copita de chocolate con la segunda parte, dando una agradable textura y mezcla de sabores.
Este sabroso licor fue uno de los interesantes descubrimientos gastronómicos que mi amiga Jessica Mercedes y yo degustamos en nuestro viaje a Lisboa.
Lo bonito de vivir en un continente y no en una isla es la posibilidad de conocer los países cercanos, en mi caso -que para colmo estoy viviendo en el viejo continente- a esta situación se le suman las ciudades, repletas de historia y de costumbres hermosas e impresionantes.
Estudiante al fin -inmigrante y con responsabilidades económicas- me he tenido que pensar muchas veces en el año y medio que llevo acá si hago o no hago, si voy o no voy.
En este mes creo que estoy “tirando la casa por la ventana”, y es que como habrán leído antes (si es que me leen de antes) no sólo es el mes de mi cumpleaños, sino que he tenido una fuerte bofetada de la vida que me ha hecho despertar y apresurarme por vivir el aquí y el ahora.
El dilema económico es grande, pero las ganas de conocer son mayores, por lo que probablemente les toque leer una Maricha mucho más aventurera, viajera y hambrienta de cultura.
¡Dios proveerá! Dicen en mi tierra, pero si la vida me está poniendo todas estas posibilidades y “señales”, creo que es tonto de mi parte ignorarlas.
En fin, que hay todo un continente esperando ser conocido y un hermoso país, por descubrir.
Mis 25 años los estrenaré en Lisboa, a la que le tengo unas ganas tremendas y el warming up será este finde en la crema de las fallas de Valencia, ciudad que hace casi exactamente un año visité y que he de reconocer que me enamoró.
En latín todo este rollo que estoy sintiendo se resume en la frase: “Carpe Diem” y en buen madrileño no hay mejor forma de capturar la esencia que vociferando a toda potencia: ¡A POR ELLO!