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El Palace

enero 24, 2010

Recientemente he tenido el placer de visitar este renombrado hotel y he de reconocer que hay que sacarle su plato aparte.

Desde que entras te sientes partícipe de alguna peli lujosa en las que un maletero mega ensacado te recibe con una -quizá un poco forzada- sonrisa y ves llegar junto a ti a señoras que se jactan de vestir animalitos muertos.

Un loby inmenso te invita a seguir hacia adelante. De frente te encuentras con un impresionante espacio, ideal para hacer un brunch chic y justo antes el limpiabotas, de estos que tienen una silla pomposa, un sombrerito cómico y una cara de buenorro que hasta enternece.

El lugar emana lujo y los pesonajes que en él te encuentras lo confirman. El más cómico con el que me topé fue un viejito cuya riqueza y abolengo le habrán hecho olvidar la educación y buenos modales, pues en vez de decir “permiso”, daba dos golpes con su paraguas en el piso y ponía cara de mala leche, ante lo que exploté en carcajadas y claro, su rostro se endureció más aún.

La verdad es que fue una surreal experiencia, de esas que no vives todos los días.

Un poco de su historia:

Con un enorme vitral abovedado en el techo y estructura en hormigón armado, el majestuoso edificio ha desempeñado un importante papel en la vida social española por casi 100 años.

Eduardo Ferrés I Puig fue el arquitecto encargado de la ejecución del proyecto, ubicado en el centro mismo del “Triangulo del arte” madrileño e inagurado el 12 de octubre de 1912.

“El Palace” actualmente cuenta múltiples reconocimientos, incluyendo el título del Hotel #1 de España en la afamada lista de oro del “Condé Nast Traveler”.

Sus instalaciones no siempre han servido como hotel de lujo pues a lo largo de la historia ha sido transformado, adaptándose a las necesidades del momento:
– En la Guerra Civil se convirtió en hospital pues la cúpula que iluminaba el salón de baile permitía hacer operaciones que en otros lugares era imposible, dada la falta de luz eléctrica.
– Por la década de los 30 fue utilizado como embajada de la Unión Soviética.
– Durante el intento de golpe de Estado de 1981 sirvió de refugio para los medios de comunicación, los subsecretarios del Gobierno y la cúpula militar.

Algunos lo definen como “un monumento a la elegancia” pues logra combinar la grandeza de la arquitectura de inicios del siglo pasado, con los toques de high-tech que poseen los modernos hoteles de clase mundial.
Para mi es una especie de túnel del tiempo, que no sólo me trasportó hacia un pasado, sino que lo hizo empapándome de un estilo de vida al que al no pertenezco.

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