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Malasaña

enero 31, 2010


Primero fue una mujer, partícipe de la independencia española y asesinada a manos del ejército napoleónico.
Luego una calle, bastante céntrica de la ciudad, que reúne muchos restaurantes, bares y boutiques.
Y por último el seudónimo de un barrio madrileño con triple identidad pues aunque le llaman “Barrio Malasaña” también le conocen como “Maravillas”, pero su nombre real es “Universidad”.

Como barrio agrupa la esencia de la vida nocturna de “la movida madrileña”, por lo que los bares son, en su mayoría, míticos y mencionados en infinidad de canciones, libros y pelis.

Hasta hace algunos años -previos a la ley de no alcohol en espacios públicos- la “Plaza dos de mayo” fue su buque insignia y logró reunir a centenares de jóvenes en los archi famosos botellones, impedidos ahora por las dos patrullas de maderos que se encuentran fijas los fines de semana.

Pero para mi en realidad el nombre Malasaña trasciende cualquier concepto con el que pueda intentar definirse, pues no sólo se usa para demarcar un espacio, sino un estilo y me atrevo a agregar -corriendo el riesgo de pasar por cursi- una actitud hacia la vida.

¿Por qué digo que es una actitud? y aquí hablo desde la experiencia propia: porque vivir en el barrio en cierto modo te hace sentir parte de él, y compartir con cientos de personas un algo, casi indefinible pero real.

Hay cada vez más iniciativas para unir a quienes habitamos o frecuentamos la zona y la prueba de que una vez en ella te inmersas en su burbuja es “Somos Malasaña” en donde no solo se agrupan actividades del área, sino también preocupaciones comunes.

Sus calles me hacen sentir lo que es vida, cada uno de sus rincones cuenta una historia del pasado remoto, pero también una de la noche anterior.
Me encanta llegar luego de las dos de la madrugada y disfrutar de las ocurrencias de los borrachos, reír con las locuras individuales y las vergüenzas que estas despiertan en los grupos y tener que quitar gente de mi portal para poder entrar. Saber que siempre tender una sonrisa antes de irme a la cama, que veré gente tan diversa como mi cabeza puede imaginarse y que nunca, bajo ningún concepto, encontraré mi calle vacía.
Es el No salir todas las noches, pero saber que de querer hacerlo tengo los bares al salir del portal. El no socializar con todo el mundo pero estar conciente de que a un minuto de mi cama está la gente llena alegría y de ganas de disfrutarla a tope.

Malasaña es un estilo de vida, MI actual estilo de vida… Malasaña no seremos todos, pero ahora mismo: ¡YO soy parte de Malasaña!.

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