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Alcoholización

febrero 7, 2010


Resulta extraño levantarse acompañada, en una cama que no es la propia y con ropa ajena.
Pasan esos tres segundos de desconcierto en los que la conciencia se actualiza y el dolor de cabeza baja de golpe.

SED.
de repente no soy capaz de tragar por mi misma,
¡necesito agua!.

Me siento,
reconozco el inanimado cuerpo que yace a mi izquierda.
Estoy en casa de mi amigas,
una de ellas duerme a mi lado.
Ya recuerdo todo, o al menos eso creo.

Me pongo de pie y la habitación da vueltas tomando como eje de giro mi cuerpo. ¿Qué tanto habré bebido anoche?
Tengo memorias vagas.
Camino, con vaso en mano y salgo.
¡es muy extraño todo!
voy al baño,
relleno,
bebo,
relleno,
bebo,
relleno.
Como si mi sangre fuera un plato precocinado que requiere mucha agua para alcanzar la consistencia adecuada.

HAMBRE.
no recuerdo haber cenado anoche,
quizá algo, poco.

Me dirijo a la cocina,
reconozco a la presa,
esos pancitos me llaman por mi nombre.
Como,
camino
y me siento en el sofá a pensar.

¡Qué locura de noche!

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