Sabia naturaleza

Compré un bambú para cada uno, cuando sentía que la relación merecía tener un símbolo vivo que nos recordara, en nuestras respectivas moradas, que algo superior a nosotros mismos existía entre ambos.

Cuando habitamos juntos ambas plantas daban un toque de complicidad que creaban un equilibrio perfecto en la estancia en que se encontraban.

El bambú de él crecío en dos direcciones y pasado un tiempo comenzó a mostrarse amarillento y enfermo. El mio sin embargo creció recto y hasta la fecha mantiene su característico verdor.

Por razones de la vida nos separamos y decidimos que las plantas debían mantenerse juntas en la nueva casa donde estaría yo. Pasados unos meses él se encontró ante una bifurcación sentimental y al igual que su bambú, enfermó de corazón y espíritu marchandose para siempre de mi lado. Yo luché por no descargar la ira en la plantita que carecía de culpabilidad ante los hechos y la cuidé hasta que murió el último milímetro de su ser.

En el fondo siempre vi en ambos regalos un reflejo de aquel al que amé y uno de mí misma, por lo que decidí que sólo el tiempo sería capaz de dictar la sentencia final y de eliminar, de forma definitiva, los vestigios y daños que el causó.

Hoy me siento libre, porque ya no hay nada vivo que me recuerde su existencia, convirtiéndolo así -formalmente- en un fantasma más de mi pasado.

1 comentario en “Sabia naturaleza”

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