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Olores del Verano

mayo 25, 2010

He querido compartir un fragmento de esta jocosa historia que ha escrito mi querida amiga Natalia Díaz Escalona sobre el verano y sus esencias, yo la he disfrutado mucho y espero que ustedes también.

LLEGÓ EL CALOR Y CON EL SUS OLORES

Todos lo esperábamos el calorcito que aviva el alma y le da gusto al cuerpo, al menos eso pensaba yo hasta hoy.

Como todos los días, tomo el METRO para trasladarme al curro, medio de trasporte que agradezco ya que es una de las ventajas que se tiene al vivir en esta gran ciudad.
Salgo de mi casa olorosa cual flor en plena primavera, llego a la academia, imparto mi clase e inicio mi marcha para un feliz retorno a casa.
Tomo el autobús que me deja cerca del metro, ya en el anden que me corresponde espero que llegue el vagón que fielmente me traslada.
Doy tiempo al tiempo:
cinco minutos,
cuatro minutos,
tres minutos
(ya estoy cabreada por la espera),
dos minutos,
un minuto,
(veo la luz)…
LLEGÓOOOOO.

Se abren las puertas, espero que salga el último y como reza el dicho: los últimos serán los primeros (cedo el paso), llega mi turno de entrada y como soplo de la vida, se presenta ante mi la nueva fragancia de verano…
¡Oooooohhhh si! esa que se mezcla con todos y se vuelve una sola, ese perfume creado gracias a la esencia que desprenden los ciudadanos, sin importar si eres blanco, negro amarillo o mulato.

Entonces pienso:
¿Respiro profundamente el olor que cohabita y me dejo embargar por la esencia natural de los ciudadanos o mejor me coloco en la nariz un Kleenex con olor a menta para inmunizar todo a mi alrededor? La lógica se impone y tomo en cuenta que el problema no es la nariz, el problema son todos aquellos que sudados o simplemente estrenando su ESENCIA DE VERANO te rozan al pasar, al sentarte, a levantarte de tu asiendo o al tener que levantar el brazo para poder sostenerte de la barra y no caerte cuando frene el metro.

Es aquí donde dejas de pensar en el desodorante y los baby wipes que tienes en la cartera para contrarrestar cualquier desliz, y te mezclas con la población sintiéndote parte de todos ellos, alcanzando ese grado de pertenencia que te hace decir: estoy orgulloso de ser de aquí, de estar aquí, de vivir aquí.

Te lo tomas filosóficamente y comprendes que no puedes imponer un olor a primavera cuando tu entorno estrena con todas sus fuerzas el de verano, cuando aunque lo deseas saldrás “picao” y con un “grajo” que no te lo quita nadie, sabiendo que luego de que estrenes tu el olor a verano es mejor encontrarte con personas que se identifiquen contigo para no ser uno el señalado en la calle

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One comment

  1. Prefiero el olor a tierra mojada, ese aroma inigualable, fresco, que se mezcle con lo que se mezcle no se esfuma un instante… ese que penetra la piel, ese que te hace recordar que le perteneces y que tarde o temprano le pertenecerás.



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