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Mi comida perdida

julio 15, 2010

Llego de la reunión,
dejo mis cosas en la habitación,
voy a la cocina,
ya tengo hambre.

Había preparado algo anoche,
un salteado de pimientos, espárragos y cebolla,
sería el relleno del pastelón de berenjena gratinado con emmental que tenía pensado comer.

Saco el recipiente de la nevera,
lo sostengo con ambas manos mientras intento destaparlo
y en un microsegundo,
aún no entiendo como
pasó a estar todo desparramado en el suelo.

Mi comida,
a la que no sólo le tenía muchísimas ganas,
sino que había preparado con tanto cariño estaba tirada,
y no quedaba ni una pequeña parte rescatable,
porque Murphy se encargó de que todo hiciera contacto con el suelo.

Lo único que me detuvo de pegarle un puñetazo a la pared, fue el recordar la escena de un amigo de la universidad llegando con un yeso en el brazo al día siguiente de haber hecho lo mismo.

La verdad que hay días en que es mejor no pararse de la cama…

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