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Hogareña, loca y desquiciada

julio 24, 2010

Llego a la casa.
Apenas se ve el color del suelo pues está cubierto de tierra y escombros que han ido cayendo de las obras en el tejado.

Veo como están algunas partes protegidas por cartones inmensos, evidentemente mi casero ha venido a la casa, pues eso no lo hice yo, que me limité a sacar fuera de la zona de peligro el mobiliario.

Salgo, pues tenía que seguir con la vida, y entre un compromiso y otro acabo de llegando a casa a las 4.30 de la mañana.

Al abrir la puerta me encuentro con que el casero barrió parte del caos, porque al menos ya los inmensos trozos de cemento no estaban, pero igual estaba que daba miedo. Y en un impulsivo acto (totalmente fuera de horario y de sentido común) me pongo a barrer, acto seguido por el de sacar el cubo, la fregona (suape) y comenzar a limpiar el suelo.

Me detengo un segundo a pensar:
Eran casi las cinco de la madrugada y yo estaba cual loca desquiciada limpiando el suelo de mi casa.
La verdad que esto de vivir sola crea sentimientos y actitudes que no se corresponden en lo más mínimo con lo que una era antes de emprender este camino, pero que en el fondo por bizarros que terminen siendo los actos, increíblemente ofrecen una cara anormalmente responsable de mi ser.
Mi instinto de ama de casa se ha desarrollado a un nivel tal que pese al haber llegado cansada y tarde, no me permite el dejar las cosas en estado catastrófico. Asusta ¿no?

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