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Su verbo vive en mi carne

agosto 5, 2010

Había decidido no escribir nada, quienes realmente me conocen incluso me acusaron de insensible, de haberme alejado de uno de los elementos de la cultura pop de mi generación que más me definía.

Tenía miedo de que se repitiera la historia. La última vez que pedí por el blog que le enviaran energía positiva a alguien en situación delicada, este apreciado ser terminó muriendo, llámenme supersticiosa, pero había preferido no correr el riesgo.

Aquel que en tantos momentos de mi juventud estuvo a mi lado, el que siempre dije, y seguiré diciendo a toda voz: es de los pocos sujetos, por no decir el único, ser que si me hacía BOO! al oido lograría que quedara rendida a sus pies, ese cuya voz llenó una infinidad de veces mis oidos y sus letras, repetidas cual plegaria en iglesia, habían servido en múltiples ocasiones como manual de vida. Ese Gustavo Cerati, estaba en coma, en cuidados intensivos, debatiendose entre la vida y la muerte.

El día que supe que había sido ingresado y la magnitud del asunto, recuerdo estaba en clases y me paré, salí y en el baño lloré, con lágrimas, gemidos y una tristeza que innundaba hasta el último milímetro de mi ser.

Desde ese momento revisaba constantemente su web, a ver si había algo nuevo, cada vez con menos frecuencia, pues los partes médicos llegaron a durar más de 20 días en salir.

El siempre será el que, con sus “11 Episodios Sinfónicos”, logró que mi papá y yo hicieramos las pases a mis 16 o 17 años, con vodka y jugo de naranja en mano, ante nuestro pleito eterno por si se pondría música sinfónica o el rock que me gustaba. Esta misma producción fue la que protagonizó uno de los momentos de desprendimiento más grandes que he experimentado, en el cual, el que hasta la fecha considero el amor de mi vida me dijo que se marchaba y prefería no tenerme nunca como pareja a verse obligado a dejarme ir, porque no sabía si sería capaz de hacerlo.
El que en ambos conciertos sirvió de nexo para ese amor que estando a distancia consumió todo el saldo de mi teléfono móvil porque siempre le pensaba cuando escuchaba su música y necesitaba que estuviese a mi lado mientras le veía en vivo.
Aquel por el que casi me desmallo en un concierto por que salté tanto sobre una silla que por unos breves instantes hice un shut down del sistema y mi amiga tuvo que sostenerme para no verme caer redonda al suelo.
El que marcó el fin de una era, de una relación de más de dos años, ya bastante deteriorada que el día de el último concierto que presencie vió su fin.

El es parte de lo que soy, de lo que siento, de lo que he vivido, de mis cimientos.

Hoy me enteré de que ha tenido que ser intervenido nuevamente, que su salud vuelve a ser crítica y con todo lo que duele decir esto y más aceptarlo públicamente, creo que ya es tiempo de que su espíritu deje el cuerpo, casi inerte desde hace algunos meses, y sea libre.

Cerati, me enseñó que se “pueden hacer cosas imposibles” con tal sólo “cruzar el amor por un puente”. Que no hay nada como los “juegos de seducción” cuando “somos cómplices”. Que hay que “darle tiempo al tiempo” para poder disfrutar de las “texturas” pues “lo que seduce nunca suele estar donde se piensa” y que no debo cometer el error de “sólo por espinas desechar la flor” pues llegará el momento en que podré encontrar a aquel que me haga afirmar que “sin mi camuflaje me entregué a vos”.

Confieso que este “amor nunca podrán sacarlo de raíz”, sin lugar a dudas dejó “su cicatriz en mi”, aunque entre lágrimas estoy segura de que “le veremos volver” pues “su verbo vive en mi carne” y cada momento importante será siempre bañado por sus ideas.

Gustavo: “GRACIAS, TOTALES”

2 comentarios

  1. Ya es hora de que descanse.

    Animo que nos deja su legado y eso vivirá por siempre.


  2. […] me aguó los ojos, sino que sacó media lágrima de mi ojo izquierdo al utilizar parte de mi post “Su verbo vive en mi carne” para rendir honor a mi querído Gustavo Cerati el día de su cumpleaños, no fue una sorpresa el […]



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