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La Maldición de Tutankamón

agosto 12, 2010

“Más te vale que me hagas caso o te tocará la de Tutankamon”.

Todo aquel que ha convivido conmigo habrá escuchado en algún momento algo similar pues en mi familia y grupo cercano de amigos nos lanzamos mutuamente la ‘maldición’, claro en una escala nada que ver con la real.

Cuado lo hacemos es más basándonos en la sabiduría, en el ver las cosas desde un plano fuera del problema, en las experiencias vividas y claro, en capacidad de “ser Boca E’ Chivo” o “ave de mal agüero”.

Un ejemplo acaba de suceder mientras escribo:
Me dice una amiga: “mi vuelo sale a las 9.50am, estoy pensando llegar a las 8.30 ¿qué crees?” Y le digo “bueno, yo tu llegaría a las 8am”, ella pone cara de ¡AY NO! y yo la señalo y digo: “Tutankamon” a lo que ella dice “conchole, por tu culpa me tengo levantar temprano”.
¿Por qué yo lo digo? Pues porque ya van dos aviones que me dejan, dígase que en este caso la ‘maldición’ la echo auspiciada por la voz de la experiencia.

Fuera de nuestras bromas y formas coloquiales de comunicación, ‘La Maldición’ se creó dentro del argot popular con una base, sino real, al menos sospechosa. Comparto unos fragmentos encontrados en una web llamada www.escalofrio.com para que entiendan a qué me refiero:

Se corría entre los egipcios una leyenda:
“La muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquel que se atreva a violar esta tumba”
Se decía que todo aquel que violara la tumba del faraón Tutankamón encontraría muerte por su profanación. Una maldición ancestral, mística y horrenda que escapaba desde las gélidas paredes de la tumba subterránea y que detenía a todo aquel que se acercara a ella.
El pánico corría como las olas de viento polvoroso en el desierto. De innumerables fuentes llegaban noticias de que los trabajadores que participaran en la excavación también morían. Para 1935 la cifra total de muertos relacionados con Tutankamón sumaba veintiuno y durante las décadas siguientes la maldición continuó.

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One comment

  1. […] mitad de los alimentos que consumo estando en la calle son crudos y mi adorada madre ha optado por echarme un Tutankamón, me dijo: “bueno, yo que tu no comería crudos en la calle” y la experiencia ha […]



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