Diente de oro

Hace unos días me encontré con una señora que no tenía uno, ni dos, síno múltiples dientes completamente de oro o al menos enmarcados en este metal.

Entiendo que es una tendencia o moda que en algunas culturas es MUY bien vista y lo respeto, lo que no quiere decir que me gusta.

Partamos de la premisa de que no soy fan del oro amarillo, pues salvo puntualísimas excepciones suelo preferir la versión en blanco.

Otra cosa es que sinceramente mientras ella hablaba mis ojos no podían dejar de mirar el color que brillaba en su boca, era como cuando alguien (si soy yo misma es peor) tiene una espinilla inmensa y colorida que uno simplemente no puede dejar de verla, que funciona como imán de la mirada y cada vez que uno por no ser indecente la cambia ella vuelve automáticamente a su posición anterior.

Espero que la vida no me lleve por destinos o situaciones en que este canon estético sea el predilecto porque, al menos en este momento de mi vida, lo pasaré muuuuy mal.

1 comentario en “Diente de oro”

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