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El baño matutino

septiembre 9, 2010

Su función es clara: la de despertarme.

Sí, confieso que odio salir sucia de la casa, que todo el día arranca mal si no me puedo dar una ducha antes y que la vida es mejor cuando se “huele a limpio”. Pero pese al obvio objetivo de la higiene, me parece que la verdadera razón de que me duche todas las mañanas a los pocos minutos de pararme de la cama, es para poder marcar una diferencia entre lo que es el sueño y el inicio de la rutina.

Si no hago esto -que implica un cambio no sólo de posición y de actividad, sino de sensaciones y de estado- simplemente no me despierto pues al igual que con los ordenadores mi cuerpo, dueño de sí mismo, pone a la mente en estado de “hibernado” y hasta que no hay algún estímulo físico que lo haga salir de este, el sigue.

Así que duchemonos, con dolor de nuestro pequeño vago interno, y reactivemos al yo emprendedor y activo, dejando al otro pedacito de nuestro ser en stand by hasta que se pueda volver a la deliciosa inactividad.

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