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“Oloroso” trayecto

septiembre 20, 2010

Que quede claro algo: yo respeto todas las profesiones y entiendo que aunque algunas sean menos de mi agrado que otras no quiere decir que no sean útiles o necesarias para que la sociedad funcione relativamente bien.

Con esto aclarado inicio el cuento de lo que me pasó:
Entro al metro, veo un asiento, camino hacia el y me acomodo. Noto que en ese bloque hay sólo hombres y todos con un aspecto un tanto “rudo”, pasó del tema por que ¡total, como sí realmente me importara! Pues eso pensaba hasta que me importó.
Parece, y eso yo pecando por asumir, que los chicos que me rodeaban trabajaban síno en una marisquería como mínimo en una importadora o distribuidora de frutos del mar. Vamos que ese rincón del vagón apestaba a pescado y cualquier otro bicho de esos que le rodean.

Por no ser descortés opté por quedarme allí y tratar de respirar lo menos posible, lo cual obviamente no funcionó y no iba más que a lograr un cambio camaleónico en el color de mi rostro. Al parar el metro en la siguiente estación lo vi claro, o me cambiaba de vagón o vomitaba, y claro ¡cambié de vagón! Para mi dicha la chica que estaba al lado del nuevo asiento era una de estas que se baña en cremas y esencias porque olía cual perfumería en sus buenas.

¿Será que me desperté con el olfato sensible ese día o que de repente a los madrileños les dio con ser “olorosos”?

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