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Un solo cuerpo

noviembre 2, 2010

Ella se despertó a su lado, el calor de su respiración le acariciaba el rostro, estaba en su cama de siempre, la de toda la vida, pero no entendía cómo él había llegado allí.

Era un amigo, sólo un amigo y aunque los rumores afirmaban que él estaba sumamente atraído por ella, la química no era bidireccional y de eso estaba segura.

Esta acabó siendo una de esas noches en que el cuerpo automáticamente baja un pie de la cama para poder parar al mundo que hace las de un carrusel infinito, para poder deshacerse del puto mareo que llevaba encima y que le estaba comenzando a dar nauseas.

Se sentó a hacer memoria, pues no entendía nada qué hacía el cuerpo inerte que yacía allí, a su lado. Recordaba que habían bebido mucho la noche anterior, era obvio por la mezcla de fin de borrachera e inicio de resaca que experimentaba su cuerpo. Le llegaban flashbacks de la discoteca en la que habían estado, de la forma en que bailaban y de que él siempre estuvo cerca (lo cual era totalmente habitual). Recordó que al cerrar la disco él le pidió quedarse en su casa esperando a que abrieran el metro (al menos esa fue la excusa que dio) y ella pensó dejarlo en el sofá pero tras darse cuenta del caos de ropa entre limpia y sucia que había en allí optó por decirle que viniera a la cama con ella. ¡Todo con tal de no organizar en ese estado y a esas horas de la madrugada!

Ellos estaban en el máximo nivel de alcoholización posible, ese que va justo antes de hacer un blackout o de vomitar la vida y hasta el espíritu. Ambos hacían tierra con los pies, y sin embargo, desafiando todas las posiciones corporales naturalmente posibles, cuando ella despertó ambos rostros estaban de frente, prácticamente besándose.

Volvió a acostarse y tras unas horas la despertaron los movimientos y ruidos de su entorno. El estaba recogiendo sus cosas, colocándose el calzado y preparándose para partir. De vez en cuando la miraba, con una ternura que no hacía más que despertar pena en ella, pues no podía corresponderla. Se acercó a ella, la besó en la mejilla y se marchó.

Entre ambos nunca más se habló del tema, de lo que pasó -o no- aquella noche, ni mucho menos del por qué habían estado a milímetros de ser un solo cuerpo o de si realmente llegaron a serlo.

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6 comentarios

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