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Conciencia silenciada

noviembre 10, 2010

Hace algunos meses perdí mi abono transportes (ese que permite que andemos libremente tanto en metro como en bus en Madrid) y como confesé en el post titulado “Creo en el karma y en los milagros” experimenté una gran felicidad al ver que aún había gente honesta que devolvía lo ajeno, sobre todo por la frustración de pagar unos 50€ que no estaban en presupuesto por idiota y despistada.

El domingo, en el concierto de MTV, el karma me puso a prueba y colocó ante mis pies el cupón de un abono de nada más y nada menos que la zona B2 (una de las más costosas). La tentación de quedármelo, sobre todo en este mes en que no tengo un abono, fue inmensa, pero la voz de mi conciencia (dígase mi madre) me recordó aquella paz y alegría que me dio la devolución del mío y me dijo, para mí a modo de maldición, que tanto lo bueno como lo malo se devuelve.

El lunes no me sentía bien, ayer era feriado, pero hoy, cargada de un extraño e indescriptible sentimiento, he ido a una de las estaciones más cercanas y devuelto lo que no me pertenecía. Tenía que callar la voz de mi conciencia.

Claro, a mi no me pasan las cosas de forma normal, hubiera sido muy aburrido el entregarlo y yastá.

Cuando, frente a la ventanilla le dije al chico: “Quiero devolver esto”, el se quedó mirándolo, mirándome a mí también y me puso cara de idiota en plan ¿QUÉ DICES?
A lo que volví a repetir: “quiero devolver esto, lo he encontrado y no es mío” él lo tomó y lo miró nuevamente y luego me miró a mí y me dijo: “Hummm…. vale”. Yo me quedé en frente y le dije “¿y no me darás algún papel que diga que lo he entregado?” Y ahí reaccionó, sacó una libreta numerada y timbrada, me pidió mis datos, lo reportó como objeto perdido y me pasó mi copia. Para mí que es tan inusual lo que yo estaba haciendo que el chicuelo no se lo creía y se quedó frisado ante mis actos, eso o pensaba regalarle el cupón a algún amiguete.

Pero bueno, esperemos que la persona dueña del cupón NYU421 de la zona B2 para el mes de Noviembre de 2010 no perdiese la fe y que la vida le permita volver a tener en sus manos lo que no pertenecía a las mías.

Yo hoy he limpiado mi conciencia y aunque el diablito en mi me llama estúpida, la sensación de que sigo siendo un ser honesto lo supera.

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