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El rey de su subconciente

diciembre 22, 2010

El se limitaba a aparecer en sus sueños, pues en la realidad increíblemente no era más que un fantasma. De vez en cuando se hacía presente casi para demostrar su vana existencia pero las ocasiones eran pocas y las intervenciones insignificantes. 

Ella lo pensaba constantemente y su prensencia en lo onírico dejaba en evidencia que él era el rey de su subconciente. Si había una pesadilla él o la causaba o la solucionaba. Si se trataba de un sueño erótico él era siempre el protagonista. Y si era un sueño simple, antes de despertar él salía en algún momento. No importaba la forma, pero ese desgraciado siempre se las arreglaba para mantenerse en su cabeza.

Las ganas de estar con él habían aumentado tras ese último encuentro, uno más de los cientos que quedaron inconclusos. La gran diferencia era que ahora era ella la que sentía que había una deuda mutua y él, vago al fin, había renunciado a pensarla (o al menos eso demostraba).

Ella no entendía el porque algunas personas acaban teniendo ese puestazo en su corazón y cabeza si quedaba en evidencia ante sus ojos que no se lo merecen. Por eso creía que en la química: porque sentía que lo que sucedía entre ambos no tenía otra explicación.

Ese que no había hecho nada para ganar su cariño acaba siendo el dueño de su cabeza y desde un punto de vista objetivo no tenía sentido alguno más que la atracción letal que se producía entre ambos cuerpos al estar en un radio menor a 100 metros.  Era increíble pero al divisarlo de lejos su corazón incorporaba el doble pedal al ritmo del momento y su cuerpo hilvanaba recuerdos que la teletransportaban a quien sabe donde, pero siempre a su lado. 

Algunos lugares llevaban su nombre, no podía por ejemplo caminar cierto tipo de escaleras sin pensar en la vez en que se encontraron en la planta baja, él la cargó y subieron besandose hasta el piso tres en que él habitaba. Chocando con las paredes, tropezandose con las barandas, evitando caerse ambos en las esquinas y al final entrando en lo que sería probablemente una de las noches más apasionadas de su vida.

Lo odiaba tanto que lo reconocía como el objeto de su obsesión.
Y lo odiaba por la forma en que jugaba con ella. El había descubierto la manera de colocarla en sus manos y de hacer con ella casi todo lo que le apetecía. Todo menos el sexo, pues increíblemente nunca pudieron consumar el acto. El universo conspiraba contra ellos cada vez que lo intentaban, haciendo que ella perdiera la esperanza de que sucediera alguna vez. Si tenían una cita siempre se anexaba un tercero, o se cancelaba justo antes. Y cuando por fin lograban coincidir la distancia entre los cuerpos era inmensa pero al mirarse a los ojos esta desaparecía. En él encontraba un algo que pocos ojos sabían ofrecerle: una extraña mezcla de terquedad y ternura, de pasión y sincerad que nunca antes había experimentado. Esos ojos estaban allí donde mirase cual tatuaje en su retina.

Con él descubrió que habían oportunidades inútiles, pues se boicoteaban mutuamente como niños jugando a ser pareja. Y al final todo era en balde porque sus orgullos eran más grandes que ambos y que las ganas de estar juntos. Sus miedos no los dejaron ser y esos dos que desde el principio conectaron, se destinaron a sí mismos a estar lejos por siempre y a no olvidarse nunca más.

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2 comentarios

  1. nice…


  2. Mana

    Que fuerte!!!



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