Espejismos ilustrados, fantasías irreales.

A veces me encuentro con sujetos que no son más que un simple espejismo que creo sobre un cuerpo cualquiera, TAN ilustrados por mi cabeza que carecen de personalidad propia.

Y sé que esos que despiertan la primavera en mis ojos, que pintan de carmín mis labios y que me iluminan el alma ¡realmente no existen! porque se reducen a ser un robo, producto de la necesidad de mi propio yo de colocarle un rostro a mis sueños.

Lo peor es que estoy conciente de que que mis fantasías las creo sobre el resultado de mi imaginación y que los verdaderos dueños de esos cuerpos no son más que desconocidos. Al final esos que me hacen soñar despierta y que percibo tan perfectos y compatibles conmigo misma no existen, pero confieso que por momentos los siento tan reales que me confundo y espero de sus cuerpos insípidos que sean coherentes con lo que son en mi cabeza, aún sabiendo que lamentablemente, aunque se esforzaran, no serían capaces de serlo.

Y ahí descubro que la creatividad no siempre es buena pues a veces en vez de vestirme el alma de alegría la tiñen de frustración…

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