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La triste falsedad de mi juventud

febrero 8, 2011

Últimamente está muy de moda en ciertos sectores de la República Dominicana el activismo. Lo hemos visto en manifiesto en claros ejemplos como son el concierto por los desechos de la Barrick Gold, el movimiento de “Yo voto por Ninguno”, la lucha por el 4% y la ONG “Un techo para mi país” entre otros.

Cuando en alguna conversación surge el tema de la evolución de la sociedad dominicana, algunas personas me dicen con emoción: ¡ves que hay un cambio! Y ese es precisamente el tipo de comentarios que no hacen más que hacer que me sangre una herida que llevo muy dentro del alma.

Partamos de la premisa de que no niego que se están haciendo cosas y que eso ya es MUCHO mejor que la gran nada que había anteriormente. Una vez con eso claro invito a que a quien no le sirva el sombrero ¡no se lo ponga! Esto es una opinión que emito por casos conocidos y que bajo ningún concepto pretenden generalizar (mi padre decía que es de tontos hacerlo) pues cada regla siempre tendrá sus excepciones.

Dicho eso lanzo la bomba…
Desde un plano general se ve que se está haciendo algo, que la juventud “se está organizando” y se puede casi apreciar la creación de una conciencia cívica.
¿Cuál es el problema?
El por qué se hacen todas estas “maravillas”, pues si apreciamos el detalle -con una especie de zoom- veremos que lo que realmente se está haciendo es cambiar la forma en que se intenta destacar y la manera de ser borreguito.

En mi país se vive de la imagen, del qué dirán, de lo que llamamos “pantalla”. Y aunque me parece genial que muchos entes pseudo-mediáticos utilicen una máscara “social” (pues con ella quizá sin quere crean conciencia en sus seguidores) me cabrea enormemente que no se dan cuenta de que no llevan más que eso: una máscara.

Las incoherencias que encontramos en muchos de estos “activistas” son tan grandes como las de los que se hacían llamar comunistas y enviaban a sus hijos a estudiar al extranjero con el dinero que ganaban con sus sueldos fabulosos. Claro, es muy fácil ser algo de la boca para afuera, pero de ahí a realmente vivirlo…

Ver como los chicuelos estos se creen que “son el cambio” porque ponen dos clavitos, se compran una tshirt o ponen un sticker en su vehículo me duele. Porque la mayoría lo hace sin darse cuenta que aplicando algo tan simple el clásico diezmo a sus gastos de parrandas y vicios pueden marcar una verdadera diferencia en una familia de escasos recursos. Y me duele porque me demuestra que más que una sociedad que cambia de conciencia, es una sociedad que cambia de modas.

Me alegra enormemente que canalicen su falsedad hacia una buena causa, pero me entristece en sobremanera que la única razón para ser partícipe de cualquier buena causa sea para dar bombos y platillos, y ser cada vez más falsos.

Esa es “mi juventud” por lo que no puedo más que entristecerme a distancia por su hipocresía, llorar amargamente en las noches de nostalgia patriótica y hacer una que otra catarsis como esta.

2 comentarios

  1. Excelente!



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