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De las viejunas estiradas y la cortesía cotidiana

abril 15, 2011

Desde pequeña me enseñaron el respeto y la cortesía para/con las personas mayores. Mis abues (los 3 que conocí) y algunas abuelitas postizas fueron mi debildiad por muchos años y mi madre cada vez está menos jóven, por lo que al ver a estas personas les pienso y me llegan directo al corazón.

De tres años acá me queda una duda con cierto especimen que llamaré “las viejunas estiradas”, esas que van llenas de tintes, maquillaje, cirugías y sustancias tóxicas que mantienen el peinado estático (y atrapan dentro de sí a cualquier animalito que se descuide o se cruce en su camino). Esas que gruñen, no respetan a los demás y pretenden ser respetadas por obligación.

Mi pregunta es: si estas señoras no tienen la capacidad y madurez de aceptar los efectos del paso de los años sobre sí mismas y con su estirada apariencia niegan la belleza y ternura que los años les dan ¿por qué debo hacerlo yo?¿Acaso no las halago más al NO cederles el asiento y aceptar que no se ven TAN viejas?¿No es en cierto modo eso lo que buscan?

Yo mientras tanto seguiré cedieno asientos y ofreciendo ayuda en hornor a mis familiares, pero lo haré por rutina y cortesía fingida, pues en el fondo tengo ganas de que entiendan la terrible contradicción de la que forman parte… Una más de esas delgadas líneas que nos pinta nuestra sociedad en los campos de la moral y la aceptación de quienes somos.

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