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La pasión entre Eros y Psique

abril 22, 2011

Tenía horas observando en la distancia y había hecho mucho para mantener la compostura, pero tras un leve movimiento se descubrió ante él la imagen de aquel semidesnudo e indefenso cuerpo. Ansioso y desconcertado no aguantó la tentación y se acercó a ella.

Sus ojos se pasearon libremente mientras sus piernas lo llevaban a su lado, una vez allí cayó de rodillas y sus manos, recorridas por una intensa fuerza pidieron a gritos libertad. Intentó hacer lo contrario, callar las voces que dentro de sí sonaban cada vez más fuertes, pero al ver que la lucha sería en vano les permitió recorrer aquella maravilla, dibujando suavemente cada contorno y encendiendo la -aparentemente muerta- piel.

Sus caricias despertaron en ella una sonrisa. Luego, lentamente, fue abriendo los ojos. Ante ellos se dibujó un rostro, que la observaba cual manjar de dioses. La impresionó esa mirada y su extraña mezcla de ternura, gula y fantasía, pero estando aún dormida no fue capaz de reconocer a quien pertenecía.

Se debatía entre el despertar y el sueño como quien no sabe si mantener la vida o dejarse abrazar por la muerte, y mientras más intentaba abrir los ojos más sentía que algo se apoderaba de sí. Nunca se dio cuenta de que su cuerpo practicamente flotaba, acercandose cada vez más al ajeno, no entendió la energía que hacía las de imán y le atraía, ni pudo más que sentir el extraño y confortable calor que esa piel emitía. Sin apenas notarlo sus brazos se elevaron, sus dedos se enroscaron en su cabello, y a milímetros de su boca abrió los ojos y pudo ver sus alas, percatandose inmediatamente de que aquel que la había salvado de los brazos de Morfeo, no sólo era un ángel, era SU ángel.

Los antiguos amantes se había reencontrado, y mientras sus mentes jugaban a adivinarse, los cuerpos luchaban por convertirse en uno. Al parecer ambos -sin querer- cedieron pues al final se reconocieron en la unidad de las almas. Pero aquel capítulo no fue pasajero, el vínculo que los unía era tan fuerte que se hizo eterno y desde entonces la escena se repite, una y otra vez, cuando dos amantes cualesquiera se encuentran y reviven -personificando sin saberlo- la pasión entre Eros y Psique.

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