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El orgasmo de Homer Simpson

mayo 14, 2011

Eso fue lo primero que me llegó a la mente esta tarde. Extraño pensamiento, lo sé, pero creo que todos hubieran estado de acuerdo si al igual que yo se hubieran pasado un atardecer caminando en la Pradera de San Isidro.

Como mencioné antes en el post “Se enciende el chulapeo” Madrid se viste de fiesta por el día de su patrón, San Isidro Labrador, y no es sólo el despliegue de actividades ocio-culturales lo que impresiona, sino también la tradición que se hace evidente al caminar sus calles.

Los pequeñines vas de chulapos y chulapas y la mayoría a parte del disfraz visten también una sonrisa. La Pradera se engalana de una infinidad de chiringuitos (algunos no tan itos) en donde encontramos lo que evocó el título de este post: una amalgama de rosquillas tan grande, que al final no supe ni cual elegir y acabé comprando un encurtido. Las clásicas son las tontas, las listas y las de Santa Clara, pero luego las hay listas de chocolate, de limón, de cereza, de caramelo… Era sin lugar a dudas el paraíso de Homer Simpson y de cualquier persona con un nivel medio en la escala de los golosos.

El ambiente es en general muy agradable, teletransportaba a una feria de pueblo, la gente sonriendo y disfrutando en familia o entre amigos. Aunque también chocaba el ver los stands ofreciendo “el auténtico mojito cubano” que estoy 99% segura hacían con mezcla de supermercado; las chonis y los canis, de quienes hablaré en otro post porque ameritan uno para ellos EN-TE-RI-TO y escuchar la música que tenían ciertos especímenes que de clásica, madrileña y “de toa la vida” no tenía nada.

Algo que me impresionó positivamente fue ver a los nuevos españolitos hijos de inmigrantes centro/sudamericanos (y digo este punto geográfico más que nada porque son los fáciles de reconocer y los que más vi) vestidos como manda la tradición. Una verdadera bofetada con guantes de seda para quienes critican la poca integración cultural que hacen (o hacemos si hablamos de los inmigrantes).

Acá les dejo algunas de las fotos que pude hace esta tarde -pues evidentemente salí armada (con cámara en mano)- para que disfruten de este divertido paseo por la Pradera, en el atardecer del viernes de San Isidro.

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