Manos que huelen a cocina

Hace algunos años tenía la política de no cortar ni cebolla ni ajo por el fuerte olor que me dejaban en las manos, en mis propias palabras “no quería oler a cocina” así que delegaba la función en quien fuera posible y en caso de ser necesario procedía con todo un ritual que implicaba enormes cantidades de agua y un tenedor para no tener contacto alguno con nada.

Hace poco me di cuenta de cómo había cambiado la cosa tras vivir lejos de los mimos familiares y es que ahora no sólo me importa un bledo picar los vegetales, es que prefiero hacerlo yo misma para que queden con el tamaño -más bien minúsculo- que me gusta.

Otro detalle interesante es que pasé de odiar ese olor, a ponerlo como algo que me enorgullece. Y es que a fin de cuentas ser quien cocina es un valor, no un problema y nuestras manos no son más testimonio de lo que somos.

2 comentarios en “Manos que huelen a cocina”

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