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De la nostalgia y otros demonios

abril 10, 2012

Cuando la nostalgia prima hay poco que hacer, sentir es a veces la única opción viable, sobre todo cuando aquello que se extraña no está ya a nuestro alcance.

Hoy me haría feliz sentarme en la terraza de uno de mis restaurantes favoritos de Madrid “Las Mañanitas”, beber de sus deliciosas margaritas, comer sus inolvidables totopos, dejar que me den el plato fuerte que quieran porque sin dudas estaría tan sabroso como siempre y luego enloquecerme con sus espectaculares tartas.

Tener ese espacio a una esquina de mi casa fue una de mis mayores dichas y hacerme colega de sus camareras/camareros para que me consintieran el ser vegetariana y me hicieran sentir siempre como una auténtica reina fue una victoria absoluta.

Luego caminar la calle Fuencarral con sus pintorescos establecimientos y personajes o la Corredera de San Pablo con sus infinitos secretos. Llegar a la Gran Vía y respirar la Madrid de hoy, bajar por Plaza de España y llegar hasta el Templo de Debot para echarme allí a disfrutar de la nada y del todo…

Yo… es que, sinceramente, dejé parte de mi en Malasaña y en sus alrededores.

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