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Vibran mis oídos (y mis ojos)

noviembre 1, 2014

Conforme voy navegando la red me voy encontrando cosas curiosas y, por falta de tiempo, las voy acumulando hasta que un día me siento y me empapo de una especie de, llamémosle “golosinas virtuales”. Desde hace días tengo abierto un link sobre las sorpresivas matemáticas detrás de la famosa obra “Noche estrellada” de Van Gogh y me llamó la atención pues tengo un especial cariño por este gigante de la historia del arte.

Mi admiración por el ‘viejo V’ inició en la uni, cuando mi profesora (y ahora jefa) María Antonieta Urquiza me lo asignó como tema de explicación en clases. Allí me di cuenta no sólo de lo magnifica que es su obra, sino de que compartíamos día de cumpleaños y así creé un vínculo que no me surgió con ningún otro artista. Van Gogh era mi hombre.

Cuando en el 2007, ya concluidos mis estudios, viajé a NYC hice la obligatoria parada en el MOMA y confieso haber llorado (con todo y hipíos) al encontrarme frente a los trazos de la noche estrellada. Me sentía estúpida, estaba allí llorando cántaros, frente a un objeto inanimado, pero fue tal mi emoción que mandé a la porra mi pudor y me dejé sentir, total ¿para qué están hechos los museos sino para conservar las obras y facilitarnos el acceso directo ese tipo de emociones?

Hoy, al ver este video, vibraron mis oídos como en aquella calurosa tarde de verano vibró la totalidad de mi ser. ¡Si es que la genialidad de Vincent es evidente! Pero encontrar pistas de cuan extraordinario era su pensamiento, de la agudeza de su percepción y de lo que puede que tal vez estuviera sucediendo dentro de las turbulencias de su cabeza sin dudas me alegró el día.

Siempre he sido amante de la educación menos convencional y fiel creyente de que cuando se mezclan ciencia y animación el aprendizaje aumenta exponencialmente. Este video es una muestra de ello, porque en pocos minutos descubrí que había un concepto poco comprendido que gira entorno al flujo de la turbulencia y a la dinámica de los fluidos. Y claro, me sentí un chininín más cerca del fascinante mundo de Vincent Van Gogh.

Que dichosos somos de vivir en una generación en el que el conocimiento es tan fácil y tan accesible…

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