Archive for the ‘Uncategorized’ Category

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Cambio de vida, ‘del otro lado del mundo’

agosto 3, 2017

Hace exactamente un mes aterricé en Addis Abeba, Etiopía. Curiosamente mi primera pisada en el continente africano tiene trazas de permanencia, pues el plan es tener esto como lugar de residencia por al menos dos años.

Hablemos de como llegué aquí…

Resulta que en en 2014 conocí a un hombre que me pareció extraordinario: inteligente, buenmosísimo, encantador y tan aventurero como yo (o incluso un poco más). Él se encargó de cambiar mis Nos por SÍs y de romper con mis planes y perspectivas.  En fin… Cuando la lógica me decía que ahí no había nada que buscar la química y la amistad que se formó entre nosotros me indicaba lo contrario. Quienes están conectados/as conmigo en alguna red social, sabrá que hicimos varios viajes (el hacia mi y yo hacia el) y así se consolidó una relación que, como todas aquellas que tienen la distancia de por medio, implican en tomar -en algún momento- una importante decisión: ‘either we make it, or we break it’.

Tras mucho pensar y con fallidos intentos de buscar puntos intermedios, a finales de noviembre de 2016 nos casamos. Si sí, yo, esa que juraba y perjuraba que nunca se casaría acabé firmando la hojita mágica y dejando que me pusieran un anillo en el dedo (ojo, que tras intensas negociaciones logré que fuera solo uno y no dos, porque ya aquello de andar exhibiendo por la vida un ‘peñón’ en el dedo me parece mucho con demasiado para mi). En fin, arrancamos el tedioso trámite legal con fines migratorios que implicaba dejar mi casa, mi familia, mi trabajo, mis amistades y la vida, como la conocía, para ir a reinventarme y crear una nueva vida, en pareja y en otro país. Acá debo dar una ronda de agradecimiento a mis amigos Nelo y Laura Angelina por sus consejos y advertencias respecto a este complejo proceso, los cuales me facilitaron mucho la existencia ‘a la hora del none’.

En esta temporada tuve que tomar un examen de nivel para demostrar que podría sobrevivir en alemán, lo cual se dice fácil pero no lo es; tener infinitas certificaciones, copias, cartas, documentos… Y cuando ya casi estaba finalizado el trámite legal con la Embajada Alemana, (quienes fueron extremadamente buena onda pues por mis visitas anteriores ya me conocían y tenían constancia de mi relación) Roland recibió una llamada con una propuesta que le resultó -como diría El Padrino- imposible de rechazar: era un nuevo puesto, con una significativa mejora salarial y que le abría amplias posibilidades a futuro. ¿El truco? (porque siempre hay un pelo en la sopa) El puesto era en Addis Abeba, Etiopía, África.

No voy a detallar los pormenores del estrés que vivimos en esas semanas de transición, pero sí les diré que pasaron por mi cabeza conceptos como divorcio y palabras que, de escribirlas, harían que me censuraran por vocabulario inadecuado. Creo que nunca he estado tan cerca de la ‘depresión’, o directamente en ella. Era horrible: todos mis planes parecían caerse ¡de nuevo! y ni hablar de las implicaciones de verse desvanecerse aquel marco legal por el que tenía al menos 6 meses transitando. Al final llegué a una conclusión: si todo estaba perdido, al menos lo intentaría para estar segura de que no fue por mi culpa que mi recién iniciado proyecto de vida falló. Y acá hago una pausa para agradecer a mis amadas madre y hermana por ser mi paño de lágrimas y a mis colegas y jefes en el Lux Mundi (especialmente María Antonieta y Luis) por ser, literalmente, luz en mi oscuridad.

Puse mis miedos en ‘mute’ y acepté el intentarlo, lo cual implicó, entre muchas otras cosas, hacerme una batería de vacunas que prepararan mi cuerpo para lo desconocido. Fueron al menos 10 dosis de inyecciones (siendo cauta con el número) las que invadieron este cuerpecito ñoño en las semanas siguientes. Luego ‘me mudé’ a Renania del Norte Westfalia, Alemania, donde disfrute de algunos de los encantos de la mágica ciudad Colonia y desde donde armamos lo necesario para el viaje, incluyendo, nuevamente, una infinidad de pasos burocráticos. Era como estar en medio del día de la marmota, versión historia sin fin.

Y, finalmente, en la noche del 2 de julio de 2017 me monté en un avión de Ethiopian Airlines y di el gran salto: aterrada de las posibles implicaciones negativas, pero, al mismo tiempo, con una inmensa curiosidad y atracción por lo que podría ser (en caso de salir bien).

 

Sobre mi primer mes en África

Llegamos sin casa, con equipaje limitado y con estadía en un hotel. Acá debo hacer una nota al margen: los hoteles son lo máximo para pasar unos pocos días, pero cuando superas una semana se siente la frialdad del concepto y cuando la perspectiva es indefinida, a mi, personalmente, me irrita (mucho). Nuestra agenda inicial era encontrar aquel que convertiríamos en nuestro hogar y familiarizarnos con la ciudad.

¿Cómo es esto?

¿Qué me encontré acá? Pues, honestamente, tiene mucho ‘de casa’, pero no lo es: hay caos en la conducción, hay ciudad en desarrollo, hay muchos sazones en la gastronomía y una incontable y evidente riqueza cultural…

Hay polvo y lodo en las calles, hay -sorpresivamente- manadas de animales cruzando las autopistas, hay peatones que no miran al cruzar y exponen tanto su vida como la tuya, hay un transporte público cuyos conductores son amenazas andantes y hay, en esta temporada, mucha lluvia y frío (acá estamos en invierno).

En este mes he tenido que practicar mucho mis dotes de diplomacia (agradecimientos especiales a Celinés Toribio por darme cátedra al respecto en los dos años que trabajé a su lado). No recuerdo la última vez que fui totalmente nueva en un entorno, de hecho, cuando me mudé a Madrid tenía la ventaja de haberlo visitado antes, de contar con el apoyo tanto emocional como logístico de mi hermano y de mi cuñada Laura (agradecimientos a ambos por todo lo que en su momento hicieron por mi), y de estar en un grupo de estudios de maestría donde todos éramos ‘nuevos’.

Acá sin embargo estoy llegando a una comunidad ya constituida, con lo bueno y lo malo que esto implica, con roles definidos y con un ritmo al que soy yo la que debo de adaptarme. Estoy llegando a un país desconocido, entre otras por mi sistema inmunológico el cual ha sido atacado severamente a través de ‘mis tripas’, que se volvieron mi talón de Aquiles y que me han llevado a perder más de 7 libras en catastróficos episodios que casi me llevan al hospital más de una vez (agradecimientos de nuevo a mi cuñada Laura por su paciencia y sus consejos médicos para sacarme de la crisis).

La situación residencial es extrema: o te mudas en el centro y te expones a la contaminación (ambiental y sonora) que produce una ciudad con entre 5-8 millones de habitantes, o te mudas en las afueras y tienes que recorrer largas distancias para ir a cualquier lugar. Yo me defino como una ‘city girl’ porque suelo preferir vivir en el medio del meollo, en la acción, en la diversión… Pero luego de ver lo visto, de ser testigo de como pese a las interminables lluvias la ciudad se cubría de un manto de humo por las emisiones de los vehículos y de vislumbrar el posible retorno a mi etapa asmática, me decanté por irme lejos. Además, una casa inmensa y -literalmente- con equipamiento de lujo costaba más barato en las afueras que una pequeña choza en el centro, con cuestionable gusto decorativo.

Tuvimos la suerte de encontrar una casa hermosa con la mejor propietaria del mundo mundial: una mujer encantadora y simpatiquísima que está haciendo todo lo posible por facilitar nuestra estadía y por expandir nuestro círculo. Pero la casa está lejos, en las afueras de la ciudad, a unos 20 kilómetros del centro centro (nota al margen: acá la mayoría de las distancias son largas por el tamaño de la ciudad… ¡Addis es realmente inmensa!). Esto complica nuestra existencia porque aún no ha llegado nuestro vehículo (el morenito chulo que vieron en mis redes sociales hace unos dos meses) y como solo tenemos el vehículo del trabajo de Roland, dependemos, básicamente, de la caridad de los miembros la comunidad para salir de casa y tener algo parecido a una vida social.

Luego entraré en detalles sobre mi estadía acá y trataré de retomar las publicaciones tanto en mis páginas: Quemashago.com y Cultoural.com, como en este mi descuidado blog. Claro, esto dentro de lo que me permita el precario, intermitente y medalaganario servicio de internet que se encuentra actualmente disponible en mi zona.

En resumen:

Hace un mes llegué a una Addis Abeba fría y lluviosa, la cual fue mal recibida por mi cuerpo y que ha presentado una contradicción entre avance y retroceso en cuanto a mi estilo de vida. No sé qué tanto aguante, no sé cuanto me enamore, no sé qué pasará con mi existencia… Pero acá estamos, tratando de salir airosa y sacar lo mejor de la que probablemente es mi mayor aventura hasta la fecha: un cambio de vida, del otro lado del mundo.

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Hoy, yo voté

mayo 15, 2016

Yo voté, ejercí mi derecho, cumplí con mi deber. Expresé mi inconformidad hacia la mediocridad que nos ahoga y hacia la corrupción que nos aniquila.

Voté, no por el menos malo, ni por el que me puede convenir a nivel personal, voté por lo que creo puede hacer un cambio en la patria que me vio nacer, por lo que mi razón dicta es lo mejor para honrar el legado de tantos hombres y mujeres que murieron para que un día como hoy yo pueda decidir mi futuro y el de mi nación.

Lo único que se compró hoy con mi voto fue mi paz de conciencia, fue la tranquilidad de que aposté por una mejor República Dominicana, porque utopías y aparte, aún mantengo la leve esperanza de que en mi tiempo de vida mi país recibirá el gobierno que le deseo, el gobierno que me merezco, el gobierno que me hará sentir orgullosa de ser dominicana.

Yo voté, como he hecho antes y como volveré hacer en los próximos 4 años, porque si algo tengo la dicha es de haber nacido en una época en donde puedo darme el lujo de siendo mujer y mulata poder levantarme, dirigirme a las urnas y con la frente en alto hacer sentir mi voz.

Y tu, ¿ya votaste?¿podrás dormir en paz esta noche?¿tendrás una conciencia tranquila hasta los próximos comicios?

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Gracias 2015

diciembre 30, 2015

viajes 2015

Quiero darle las gracias a este año por haberme permitido conquistar nuevas fronteras, por darme la dicha de descubrir nuevos horizontes, de afianzar amistades, de crear vínculos, de establecer conexiones, de crecer, de expandir mi mente, de abrir mi corazón…

Quiero darle las gracias a quienes hicieron posible que en los últimos 13 meses tuviera la dicha de visitar 10 países y más de 30 ciudades, a quienes me acompañaron en las distintas aventuras y a quienes las disfrutaron conmigo en físico y en binario.

Agradecimientos especiales a Roland, Celibés, a mi madre Lucy y al resto de mi familia quienes no sólo permitieron, promovieron y alentaron mi sed de viajar, sino que supieron entender mis presencias y ausencias.

Además de cerrar este ciclo feliz, enormemente agradecida y satisfecha, lo cierro con la unas ganas eternas de continuar viajando, pues no sólo me queda todo un mundo por descubrir, sino que me quedan infinitas historias y aventuras por ser vividas, escritas y fotografiadas.

Desde el fondo de mi corazón, ¡GRACIAS 2015 POR TANTO! (2016, ¡te la pusieron difícil!)

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Metáfora cósmica de un eclipse lunar

septiembre 27, 2015

Pese a la luna estar más grande y más brillante de lo normal, la oscuridad la arropa, la cubre, la colma. Y ella, como quien no se inmuta, sigue dando lo mejor de si. La oscuridad eventualmente se va, la luna vuelve a brillar, ella sigue siendo la misma luna. Pero tal vez nosotros, los simples mortales que disfrutamos de esta cósmica metáfora, ya no seamos los mismos…

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Un apagón en lo’ paíse

julio 2, 2015

Desde hace una semana estoy en Alemania y hasta ahora la vida funcionaba de lo más normal, excepto por el hecho de que ¡TODO funcionaba! Sin embargo ayer sucedió algo que me demostró que ser tercermundista tiene GRANDES ventajas entre ellas que nos prepara -mejor que a muchos- para las adversidades.

Cada cual estaba en el universo paralelo de nuestros respectivos ordenadores cuando, de repente, noto que no hay internet. Le pregunto, ¿se fue la conexión? el se pone de pie y va al router: está apagado. Con cara de confusión revisa la impresora, también está apagada. Examina al menos 10 dispositivos para llegar a una rotunda conclusión: hay un problema eléctrico o, en buen dominicano: ¡se fue la luz!

Yo, que a estas alturas estaba casi mordiéndome la lengua para no explotar de la risa no puedo contenerme más y entre carcajadas le digo: ¿y no que aquí no se va la luz? El, estupefacto me confiesa que en más de dos años NUNCA había sucedido. Se asoma a la ventana y nota que los vecinos hacen lo mismo, algunos sacan la cabeza por la ventana, otros se colocan en las puertas y entre sí conversan sobre el bizarro contexto.

El apagón no duró más de 20 minutos. Pero los pobres alemanes no sabían ni qué hacer con sus vidas ante tal extraño imprevisto. Yo sin embargo… ¡me sentí como en casa! 😛

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70 años después

mayo 14, 2015

Hace exactamente 70 años nació aquel que me regaló la oportunidad de vivir.

Desde hace un rato no está a mi lado, pero existo gracias a el y por ello, mientras yo esté en este mundo el seguirá obrando a través de mi y será, en cierto modo, responsable de mis logros.

Por ello he decidido que la forma de agradecerle dicho regalo, el más importante de todos, es tratar de llevar una vida de la cual se hubiera sentido orgulloso. Y eso intento…

Me tomo la libertad de compartir por esta vía un mensaje que quiero que le llegue, donde quiera que esté y que quizá al yo pensarlo, sentirlo y expresarlo, pueda alcanzarle mejor:

“Feliz cumple papi, gracias por hacer de mi quien soy. Te extraño, te amo y te prometo seguir luchando por poner en alto los valores que con tanto empeño tu y mami me enseñaron. ¡Hoy brindo por ti!”

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Y así entré a los TÁ

marzo 30, 2015

Acá estoy, tres décadas después de mi nacimiento, en un punto lleno de preguntas, de miedos, de inseguridades. Por que al dejar los veinte creí que sabría a dónde iba en mi vida, sin embargo lo que he aprendido es a donde NO quiero ir.

Quería tener una licenciatura y la hice, tomé una de las más divertidas carreras, una que me deja más puertas abiertas y campos laborales de las que jamás pude haber soñado, sin si quiera salirme de mi área de estudios.

Quería vivir fuera de mi país y me dejé adoptar por Madrid. ¡Ay Madrid de mis amores! Allí viví fiestas hasta quien-sabe-que-hora, descubrí mi espíritu mochilero y aventurero, reí, lloré, crecí y gracias a la loca idea de un antiguo jefe descubrí que mi carrera profesional podía ir más allá de lo que yo misma podía limitarla.

Quería hacer una maestría y la hice, seguida de un curso en un área que odiaba y que me enseño que aquel refrán de “no escupas para arriba o te caerá en la cara” era cierto. Dos años después era diseñadora, publicista y especializada en web, siendo las dos últimas exactamente las dos cosas que inicialmente me jactaba de no ser.

Me llegó la hora de volver, con deudas, con tristezas, con decepciones, creyendo casi que había fracasado sin darme cuenta de que era lo que me convenía. Y volví a casa, sin dinero y sin idea de qué haría con mi vida.

Seguí caminando, salí de la crisis económica que me traje de España, conocí aún más gente, trabajé en un lugar y en otro… ¡Hasta fundé una empresa! (dos, si nos vamos a temas legales). Hice realidad mi sueño de escribir sobre lo que me apasionaba y lo saqué de lo personal llevándolo a un proyecto que me abriría aún más puertas de las que creía posible acceder.

Quise hacer un postgrado en educación para aprender a ejecutar la pasión que mis padres sembraron en mis venas y lo hice. Logré comprar el carro con el que tenía un buen rato soñando, aquel que me llevaría hacia las aventuras por venir. Sólo me faltaba, conocer mi país, seguir viajando trocitos del mundo y mi meta última de los veinte: el doctorado. ¡Ahí fue donde los 29 se dieron grandes!

En este último año y medio de mi vida anduve mis 2/3 de isla al punto que puedo decir que prácticamente he visitado cada una de sus provincias. taché de mi lista ciudades y países a los que había soñado viajar por años y, finalmente, puedo decir llena de orgullo que yo, Maricha Martínez Sosa, soy la loca que está haciendo un doctorado en cultura.

No sé qué será de mi vida en el camino para llegar a los cuarenta, no sé que traerá está década que hoy inicio, no sé ni dónde estaré en los próximos cinco años… No lo sé, ni me interesa porque si hay algo que aprendí es que no soy un árbol y las raíces que me atan no son físicas, sino hechas de algo superior y más duradero.

Lo único que sé, a ciencia cierta, es que estaré bien.
Que iré a donde mis sueños me lleven y a donde mis circunstancias me lo permitan, que seguiré tratando de ser la mejor yo que puedo se en cada contexto y de ayudar a todo el que pueda, desde mis modesta realidad.

No quiero ser rica en lo económico… Nunca ha sido ni será mi prioridad, con ser estable me vale y con poder darme el lujo de, por momentos, ser libre también.

Quiero continuar siendo una mujer que lucha por lo que ama.
Quiero continuar sintiéndome plena, viendo hacia atrás con lágrimas de alegría y satisfacción, quiero seguir conociendo gente, lugares, culturas, idiomas, países, sabores…
Quiero seguir viviendo aventuras, hilando experiencias e historias al rededor del mundo. Pero sobre todo, quiero poder seguir contándolas de todas las formas posibles: a través de las palabras de mis escritos y artículos, de mis narraciones verbales, de los componentes de mis diseños, de mis fotos, de mis dibujos… A través de mis ojos, de mi sonrisa, de la pasión con la que vivo y con la que trato de hacerlo prácticamente todo.

En los treinta quiero continuar mi perfeccionamiento como individuo y hacer que mis aportes sean cada vez a mayor escala.

Eso quiero, será mi meta de una década: que lo bueno que hay en mi se multiplique y logre con su eco beneficiar a otros, a que sean también ellos mejores individuos, a que sepan lo que son, lo que valen, que aprecien lo que tienen, que conozcan sus raíces…

Aún no tengo el plan, pero sé que tengo gente dispuesta a ayudarme, a caminar a mi lado y a apoyar mis -a veces muy locas- ideas.

Hoy 30 cumplo los 30 y le tengo un mensaje muy claro a la vida: ¡que me siga dando mucho de lo bueno, que estoy lista para recibirlo!

Bienvenidos sean los TÁ, sé que serán mejor que los veinte ¡y ya eso es mucho decir!

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