Posts Tagged ‘Confesiones’

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Confesiones de una profe de fotografía

febrero 6, 2014

Ayer me di cuenta de que estoy siendo “víctima” de algo. Soy la profesora de fotografía de un curioso grupo de adolescentes de 9no / 1ero de bachillerato.

En el primer ciclo me concentré mucho en llevar a cabo un programa perfecto, cargado de teoría y un tanto rígido. Los niños aprendieron, pero no disfrutaron la asignatura tanto como la disfruté yo. En el segundo ciclo (actual) opté por cambiar un poco, dejar que se involucraran más en la clase y hacer que ellos mismos fueran participando con exposiciones que posteriormente complemento. En cierto modo siento que no estoy dándoles todo el peso teórico que me gustaría, pero luego recuerdo que son estudiantes de bachillerato y no de doctorado… Y ayer, tras una pequeña sesión de preguntas para retroalimentarme me di cuenta de algo: El resultado está trascendiendo mis expectativas.

Ken Robinson dijo en una de sus ponencias de Ted: “If you can light the spark of curiosity in a child, they will learn without any further assistance” y creo que esto es justo lo que me está sucediendo. Los niños están asumiendo como propios los movimientos artísticos que influyeron en la historia de la fotografía, se les escucha decir cosas como “me gusta más tal movimiento por que el blanco y negro tan intensos son más impactantes”, refiriéndose a los altos contrastes o “me choca como las formas se pierden y ya no sabemos de qué es la foto”, hablando de las abstracciones.

Es impresionante como tan solo entrar al aula me vuelan arriba con sus teléfonos móviles para enseñarme las fotos que han tomado en el transcurso de la semana y para que les diga qué pienso y como mejorarlas. Es hermoso como algunos llegan y antes que nada se justifican con argumentos como “si profe, sé que debí buscar tal o cual ángulo pero no podía por…”. Me emocioné mucho el día que un estudiante llegó con una foto de punto de vista y plano totalmente distinto y me dijo: “es que era diferente y quería transmitir algo diferente”.

Mis alumnitos no terminarán de este año escolar siendo fotógrafos, de eso estoy segura. Pero si tendrán (al menos por un par de días) la llama de la curiosidad encendida y las ganas de crear despertadas. Esos niños están rompiendo sus propias limitaciones (¡profe yo no sé tirar fotos! o ¡yo no soy creativa!) y están llevando la clase a un nivel que yo, sinceramente, no esperaba alcanzar.

Confieso en que ya van varios días en que termino casi llorando de la emoción con una sonrisa más grande que mi cuerpo porque pocas cosas se sienten tan bien, como ser responsable de despertar la pasión en alguien… That my dears, is the purest happiness!

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Mi cuarta abuelita

abril 15, 2012

La mayoría de la gente tiene dos abuelas, ya saben las que vienen en el plan básico de vida, la madre de tu padre y la de tu madre. Muchos apenas conocen a una y con esa tienen que “resolver” (fue mi caso con el tema de los abuelitos) pero yo, a diferencia de casi todos tuve dicha de tener no dos ni tres, sino cuatro. Eran totalmente distintas en casi todos los aspectos: sociales, económicos, físicos, históricos, geográficos, pero todas eran mías de mi propiedad.

Comencemos por definir qué es una abuela.
Fuera de lo que dice la RAE, y entrando en percepción personal abuela es aquella señora mayor que está en tu vida desde que eras una semillita en la tripa de tu madre, que te cargó cuando niña y te vio crecer hasta donde la vida se lo permitió, que te regañaba e intentó (probablemente lograndolo) sacar los dientes de mala manera.
Esa que cocinaba buenísimo y que siempre quería que comieras hasta explotar, la que tenía un plato especial que aunque un chef condecorado intentara copiar no lograría encontrar jamás el ingrediente secreto: ese amor especial que le ponían.
Generalmente bordaba y cuando sus ojos o manos no permitieron que continuara haciéndolo se encargó de que otro lo hiciera por ella. Siempre peleaba porque todo estuviera perfecto y probablemente te caía detrás mientras caminabas por su casa haciendo quien sabe qué historia que debía comenzar con un “érase una vez”.
Sus olores eran peculiares pero siempre característicos, pues si se dan cuenta las abuelitas la mayoría de las veces huelen bien.

Como te contaba la vida me permitió disfrutar de cuatro de esta especie: Lilia, la madre de mi madre; Nena, la madre de mi padre; María Santana la nana de mi madre; y Mama Niña, mi antigua vecina de la infancia, educadora en mi colegio, que se encargó de alfabetizarme.
Si hoy escribo -y hay quienes me dicen disfrutar la forma en que lo hago- es por culpa de esa última señora, que todas las mañanas en horario escolar hacía las de profesora y en las tardes hacía las de abuela y se sentaba conmigo a “leer”.

Lo triste de las abuelitas es que suelen irse pronto en nuestras vidas.
La primera en dejarme fue María y ¡jamás he vuelto a comer una crema de habichuelas TAN deliciosa! Luego se fue “abuelita” (Lilia) y ya nadie me caía detrás para cerciorarse de si había cenado o quería un juguito de naranja recién exprimido. Luego se fue Nena, la que vivía en “los nuevayores”, que hacía unas tortas dulces de maíz espectaculares y las segundas habichuelas más sabrosas del mundo. Y hoy se ha ido Mamá Niña, la que más me había durado y cuya llamada amorosa era tan fija cada 30 de marzo como mi visita a su casa los 24 de diciembre.

Ya no tengo más abuelitas, ya ninguna viejita adorable esperará con ansias mi vista e iluminará sus ojos al verme llegar. Ya no volveré a esuchar a nadie más decime “mi nietecita adorada”. Es raro esto pues si bien fue fabuloso tenerlas a las cuatro en mi vida, he tenido también el doble de sufrimiento que la gente normal pues a las cuatro -desde hace unos 10 años y hasta el día de hoy- he tenido que decirles hasta siempre.

Allá donde se reunen todos los muertos tiene que estarse comiendo muy bien y limpiando mucho, porque entre mis cuatro abuelas seguro que tienen a ángeles, arcangeles y demás entes celestiales moviendo cosas, reorganizándolas y comiendo el verdadero alimento divino.

Consejo:
Si tienes una abuelita o abuelito en vida por favor no seas tonto/a, suelta todo y ve, dale amor y deja que te cuente (aunque sea por vez 800) una historia de su vida. De veras, confía en mi, el día que no le tengas, deserás haberle disfrutado más.

Acá les dejo una foto de hace unos tres o cuatro años con Mama Niña, mi viejita amada,aquella que hoy aceptó la invitación de las otras tres.

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El trauma de estar de vuelta a mi Alma Mater

febrero 7, 2012

Hoy fui a mi Alma Mater porque estoy gestionando nuevamente los documentos de la finalización de mis estudios de grado.

Siempre que uno va a un lugar en el que vivió fuertes emociones y largos períodos de tiempo se encuentra con esa extraña e indefinible sensación.
En mi caso se multiplica en su escuela de idiomas fue que hice mi educación lingüística y porque mi padre siempre trabajó en la universidad de la que soy egresada. Dígase que no sólo pasé allí mis inicios profesionales sino también gran parte de mi infancia y adolescencia (¡Oh aquellas mañanas sábados estudiando inglés y los lunes/miércoles de italiano!).

Encontrarse con los cambios en la infraestructura es lo clásico, pero cuando se llega a los cambios de procesos es que se lía el asunto. Ingenua al fin hice mi fila, delante mío habían unas cuatro personas que duraron una eternidad en sus respectivos turnos. Conforme “comía boca” y me entrometía en las gestiones ajenas me sentía más y más vieja. La primera persona era de nuevo ingreso, dígase sería matrícula 2012, la siguiente era 2010, había una 2009 y una 2008 que parecía que había tenido una vida difícil (estaba un tanto “deteriorada”).

Al llegar mi turno y preguntarme mi matrícula fue que me di cuenta de que ya no era aquella chavalita universitaria, ¡estamos en el 2012 y mi matrícula es 2003! Hace casi 10 años que entré a aquella institución…
Fue estando trastocada por el redescubrimiento de mi “juventud acumulada” que me enteré de que hay que hacer la gestión vía internet y ¡sorpresa! dada la “antiguedad” de mi matrícula tenía antes que pedir una nueva asignación de contraseña porque ya ni siquiera estaba en el sistema la mía. Una vez con ella hacer la solicitud online, pasar por caja y luego volver a hacer la fila donde todo inició.

A estas alturas ya me sentía un dinosaurio, cual viejita de cabello blanco y andador en un banco a la que le dicen que debe retirar su dinero por el cajero automático en vez de vía un representante.

A fin de cuentas hasta llegué tarde a una reunión, porque el proceso será muy moderno, muy moderno, pero de práctico nanai y perdí al menos media hora más de lo previsto.

De mi reencuentro con mi alma mater salí pensando en como el tiempo pasa -sin lugar en dudas no en vano- tan puntual como es de esperarse, démonos o no cuenta y como los años pasan gústenos o no.

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Cuando la nostalgia te puede

noviembre 15, 2011

Estaba revisando un artículo que tenía a medias desde hace meses, uno que no me había atrevido a terminar por miedo a que no captara la verdadera esencia de mi aventura, el de mi mochileo por Lisboa, ese maravilloso viaje en compañía de Jessica Mercedes que marcó el inicio de mis 25 años de vida.

De repente me llené de la magia que había vivido, de las ganas de volver hacerlo y ante la imposibildad evidente me abrí en llanto. La nostalgia me pudo y me dejó llorando cual magdalena al recordarme la -muchas veces triste- realidad en la que nací: soy isleña, lo único que tengo a mi lado es el mar. Y es hermoso, lo amo, lo necesito, lo pensaba cada día de mis casi tres años madrileños, pero caramba como extraño el saber que tras mis fronteras hay tierras que descubrir, así como una infinidad de aventuras presupuestariamente posibles.

Cuando las limitantes económicas y geográficas son más fuertes que tu sed de vivencias y conocimientos, lo único que te queda es sentarte en la cama, sola, y dejar que la nostalgia se manifieste en lágrimas que emanan de las puertas de tu alma.

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Cambio de vida

junio 25, 2011

Cuando uno cambia de entorno no sólo deja un lugar, deja sensaciones, elementos culturales y gastronómicos, costumbres, hábitos y una infinidad de cotidianidades que hacen difícil el acostumbrarse a lo nuevo. Pero lo peor es que uno deja gente: colegas de trabajo, amigos, familiares, y a veces a esa “persona especial”.

La ausencia de esa gente es la que hace todo más difícil, pues aunque (como en mi caso) vuelvas a donde aquellos que estuvieron a tu lado toda tu vida, en el fondo se siente como si dejaras tu verdadera vida detrás.

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Anochece en el parque

marzo 18, 2011

Confieso que la fotografía siempre ha sido para mi una forma de lograr la inmortalidad, pues independientemente de lo que pase con el sujeto u objeto fotografiado, este siempre será el mismo en la captura. El otro día lo que mis ojos veían era tan impresionante que salí con cámara en mano a intentar congelar en espacio y tiempo aquello que me había quitado el aliento.

En este caso han sido el anochecer en un parque, una pareja y una persona con su perro las víctimas de mi lente. Para quienes no la conocen, esta es una de las infinitas cara Madrid. ¿Qué les parece? a mi la verdad es que me gusta mucho.

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#ElpatioNOeseso, al menos no MI patio. Mi versión de Twitter.

marzo 13, 2011

Me negaba a tener un Twitter, me daba miedo mi impulsividad, alto nivel de confianza en la gente y sentimiento de libertad de expresión. Me aterraba y como todo aquello que pienso puede resultar adictivo lo dejaba fuera de mi vida.

Un día una amiga y antigua compañera de trabajo me envió un mensaje que en esencia decía “Siento que me lo agradecerás eventualmente. Este es tu usuario, esta es tu clave, avísame cuando quieras que ponga tu mail y no el mio. Mientras he puesto la dirección de tu blog como primer tweet” y lo hizo en medio de una reunión, para que mi ira no pudiera expresarse en su contra, al menos no de forma inmediata.

Obviamente la falta de respeto a mi decisión me molestó, pero bajo el criterio de que “lo hecho, hecho está” me tragué los mocos y procedí a configurar para que mis posts se hicieran eco en esta nueva plataforma a la que había sido lazada cual chavalito en piscina de tarde veraniega. Pero sí tenía razón, eventualmente se lo agradecería.

Me tomó un tiempito entender la dinámica, que sinceramente no creo haber entendido al 100% porque -como todo elemento relacionado con la teconología- cada vez que crees pillarle el truco le cambian algo. Pero confieso que lo que entiendo me gusta.

Hoy el diario El País ha publicado como reportaje principal de su semanal un artículo sobre la “Twiterrevolución” y tras leerlo sentí que decía que Twitter sólo va de revoluciones o famosos, y asumo que vale aplicar aquella sabiduría popular de que “el ladrón juzga según su condición” pues si bien puede ser eso para quien lo ha redactado, no lo es para mi.

Yo lo veo como un espacio en el que puedo desahogarme, crear conversación, lanzar al aire y ponderar ideas, agrupar a personas o marcas cuyos pensamientos, temáticas o formas de escribir me atraen, hacer listas según mis intereses con fuentes de información que considero relevantes y hasta conocer gente que bajo otros contextos hubiera sido imposible.

Hay una etiqueta llamada #ElPatioNoEsEso, la he conocido hoy y va precisamente de como esta red de microblogging no es muchas cosas, al menos para ciertas personas. Y ha sido precisamente este hashtag el inspirador de este post. Pues ese artículo dejó un amargo sabor en la boca y casi ganas de cuestionarme el porque tengo mi cuenta, así que preferí mostrarles mi historia, mi versión de lo que para mi es este patio global.

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