Posts Tagged ‘cotidianidad’

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Mi ‘sobrepoblado’ hogar

septiembre 8, 2017

Ya me han externado algunas curiosidades sobre cómo es la vida en Addis Abeba y sobre las similitudes y diferencias que he podido apreciar en relación a lo que ya conocía. Como hay que deberse al público [broma] en esta entrada me he propuesto aclarar algunas dudas al respecto.

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Lo primero que debo confesar es que mi casa es impresionante, es hermosa, los espacios denotan un buen gusto que no era evidente en ninguna de las tantas que vimos (más bien brillaba por su ausencia). La propiedad nos queda gigante, pero curiosamente era más económico vivir acá con altos niveles de lujo, por estar en la periferia de la ciudad, que vivir en el centro. Y cuando digo lujo no lo digo en broma: tenemos 4 habitaciones, 4 baños, dos cocinas, un garaje y un estudio, un patio/jardín súper amplio, un comedor y una sala de estar con un altísimo techo… ¡Esto parece de revista! Tenemos 3 balcones y mi baño (casi del tamaño de mi habitación en Santo Domingo) no sólo tiene bañera para dos con hidromasaje sino que la ducha, que también es doble, tiene radio incluido y hace las de steamer, así que desde que nos mudamos acá al menos una o dos veces a la semana este cuerpecito ñoño se ha dado su baño de vapor, una ‘limpia’ para el espíritu y la piel.

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La propietaria de la casa tenía dos empleados para el mantenimiento/seguridad y dos perras: una grande, pastor alemán y una mediana (no tengo idea de la raza). Roland y yo habíamos acordado, con un/a empleado/a era suficiente y cero mascotas. Pero luego de conocer a Yared y a Emebet nos fue imposible quitarles el trabajo. Munit, muestra casera, nos había dado un importante dato: ella confiaba en ellos plenamente al punto de que las cosas estaban cerradas con llave y ellos sabían donde estaba la llave de todo. Además, ellos habían ya sido entrenados para mantener esta casa impecable, como de catálogo, conocen absolutamente todos sus secretos, a quien llamar en caso de problemas y donde se encuentra cada cosa.

¿El tema? (por que como solemos decir: siempre hay un bendito pelo en la sopa) El idioma. Él apenas habla algunas palabras en inglés y ella no pasa de Hello y Thank you. ¿Cómo carajos podíamos vivir exitosamente y hacer que funcionara la convivencia con dos personas que hablan idiomas tan distintos a los nuestros? (el habla amárico que se escribe ‘en dibujitos’ y ella oromiña, por que es de otra zona y acá lo de los idiomas da tela de donde cortar) Lo ponderamos y al final optamos por hacer el intento, total, esto todo es una aventura y a este nivel complicarlo un poco más parecía casi ‘lo natural’. Así que mantuvimos a ambos empleados y, 6 semanas después puedo decir que fue la mejor decisión que pudimos tomar. ¡Qué personas tan dulces y serviciales! Son un par de encantos y aunque a veces queremos matarles por los problemas que vienen de los errores en la comunicación, en sentido general nos han hecho la vida más fácil, cómoda y confortable. A propósito del idioma, hemos contratado a un chico que vive en el pueblo más cercano a este residencial y que viene dos veces por semana a enseñarles inglés. Es una inversión a mediano plazo que además es un aporte al futuro de ellos. Además, al menos cada dos semanas comemos todos juntos en la mesa, ya luego les contaré el choque cultural de aquel primer día… ¡LOCURA!

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Vayamos ahora el tema mascotas… Porque si hay algo que Etiopía ha hecho, desde el principio, es cambiar TODOS los planes. Vamos, el simple hecho de estar aquí es de por si el más grande cambio que he hecho en toda mi vida, ¡sin exagerar! (No sé tu, pero yo no todos los días me mudo a África). Cuando le comentamos a uno de los compañeros de trabajo de Roland que acá había una pastor alemán el expresó con certeza que era una excelente medida de seguridad: (al parecer) es bien sabido que la mayoría de los etíopes le tienen miedo a los perros grandes y aunque acá la delincuencia es más bien baja, no está de más tomar medidas adicionales. Yo, además, tenía un punto de empatía adicional pues esta señora perruna se llama Lucy, así como mi madre y mi hermana. Así que la tipa desde el primer momento se sintió, al menos nominalmente, ‘como familia’. Ta tó… ¡nos quedamos con la perra grande!, dijimos (en esencia) y le informamos a la propietaria quien recibió la noticia con gran alegría.

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Teníamos reservado hasta el 31 de julio un pequeño apartamento/estudio en el Hotel Hilton y habíamos acordado mudarnos el 1ero de agosto, lo cual nos dejaba una noche ‘en la calle’. Le preguntamos a Munit (la casera, porfa apréndete el nombre porque no puedo andar dando explicaciones cada dos párrafos :P) si no tenía inconvenientes en que viniéramos un día antes y ella dijo que claro que no, que incluso podíamos mudarnos de inmediato sin ningún costo adicional, si no nos importaba que algunas cosas se quedaran en la casa en lo que ella las relocalizaba… Entre estas ‘cosas’ estaba Chewy, la perra mediana de raza desconocida (para mi). Nos mudamos a la casa el 21 de julio y al segundo o tercer día nos dimos cuenta de que Chewy no sólo estaba muy bien entrenada, pues se mantenía en el perímetro del patio, no fuñía prácticamente NADA y en realidad era buena onda al punto de que a veces, cuando salíamos a sentarnos en el patio, iba y nos hacía compañía. En un arranque de impulsividad Roland me preguntó: oye, ¿y si nos quedamos con esta perra también? ¡Hay que joderse! Pensé (y no recuerdo si lo dije, pero conociéndome es muy probable que la reacción fuera ‘sonora’), pero no tuve corazón para decirle que no.

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Y así fue como acabamos en una mansión de lujo, más lejos que el carajo del centro de la ciudad y viviendo con dos empleados y dos mascotas. Como dice el refranero dominicano: ¡éramos pocos y parió la abuela!

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La mala suerte de romper un espejo

noviembre 13, 2011

Desde que tengo uso de razón he escuchado que romper un espejo da mala suerte, algunos le ponen fecha a la duración de la desgracia, otros la dejan “sin apellido”.

Ayer me desperté sofocada, habían descontinuado la energía eléctrica en mi zona y entre el calor, los mosquitos y el ruido, Morfeo no aguantó más y “me sacó los pies” devolviéndome a la real realidad. Esforzándome por hacer las paces con él procedí -toda adormilada- a abrir las ventanas, y de un momento a otro sentí un CRASSGHSGSGHSH fuertísimo a mis pies (literalmente). Sin querer había dejado caer un espejo de unas 17×22 pulgadas.

Perpleja y congelada frente al caos que mi torpeza acaba de producir pensé: claro, romper un espejo trae mucha mala suerte, no sólo lo pierdes y tienes que gastar dinero en comprar uno nuevo, tienes que limpiar el desastre y para colmo tienes todas las posibilidades de acabar cortándote en el proceso o después, porque si hay algo que siempre aparece tras una ruptura de objetos de vidrio son pedacitos traviesos y maliciosos.

Y ahí me di cuenta de que muchas “maldiciones” puede que simplemente sean la forma de reflejar los problemas que traen, como consecuencia, ciertas cosas que nos suceden en la cotidianidad.

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La otra cara de la moneda

septiembre 1, 2011

Caminas, ves a alguien que está sentado, te mira a los ojos, le sonries, continúas tu ritmo por unos segundos, reduces la velocidad, te detienes, haces un giro y buscas contacto visual con él.

Estás sentada, ves a alguien venir, le miras a los ojos, te sonrie, continúa su ritmo por unos segundos, reduce su velocidad, se detiene, hace un giro y busca contacto visual contigo.

A veces la vida nos da la oportunidad de vivir situaciones tan parecidas que parecen reflejadas, pero tienen la peculiaridad de que las experimentamos desde roles distintos: en vez de ser quien habla, somos quien escucha, en vez de ser quien propone somos quien decide…

Es en estas vueltas de la moneda que entendemos cosas del pasado, que todo llega a nuestras cabezas tan claro que los sucesos cobran sentido. La pregunta es, ¿tendremos la capacidad, una vez comprendido, de no repetir los mismos finales tristes?¿acaso es posible que cambiemos el destino?… ¿Tiene sentido hacerlo?

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Cotidianidades II

octubre 30, 2010

A principio de mes les presenté una nueva colección de fotos que estaba haciendo, pensé -por su naturaleza- en llamarla “Cotidianidandes”.

Pues acá les muestro la segunda pieza, vino ayer tras una tarde de viernes que se caracterizó por ser solitaria y lluviosa, elementos que desataron la creatividad y bueno, este es uno de los productos.

Estas son mis confesiones visuales, espero que les gusten :).


Ver Cotidianidandes I.
Ver Cotidianidandes III.

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Cotidianidades -foto-

octubre 9, 2010

Hace unas cuantas noches mi compi de piso cometió el error de lanzar al aire un tema que acabó inspirandome a sacar mi cámara y mostrarsela, y claro, una vez afuera era inevitable no utilizarla.

Pues se me ocurrió experimentar un poco con la luz, el desenfoque y los detalles de los objetos del día a día y esta es una de las fotos que más me ha gustado, digamos que puede ser el inicio de una serie llamada “Cotidianidades”

Esperemos que vengan más.

Ver Cotidianidandes II.
Ver Cotidianidandes III.

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Back to reality

agosto 30, 2010

Con dolor de mi alma he tenido hoy el primer previo de la vuelta a la rutina. Ya queda sólo el dulce sabor de las buenas fiestas, de las amanecidas conversando entre amigos, del levantarse directamente para almorzar.

Volvemos a lo verdaderamente cotidiano y dejamos en el recuerdo lo rico que es un agosto con libertades, algunas totalitarias, otras condicionales, pero siempre menos esclavizantes que el día a día de oficina.

¡A por ello! que en cuatro meses volvemos a disfrutar de la buena vida con las vacaciones navideñas. Mientras, aguantemos que no hay de otra.

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La Magia de una Sonrisa

julio 20, 2010

Que bonito es compartir una sonrisa con aquel con el que -por tímida- llevas evitando cruzar una mirada todo el trayecto.

Hay veces, lamentablemente las menos, en que en el metro se vive la verdadera magia, la que nutre sueños, ilusiones y fantasías, la que nos hace sentir como niños en día de reyes, siendo adultos en la cotidianidad.

Y en esos breves momentos es que nos damos cuenta de que la felicidad no está tan lejos, que probablemente esté a la vuelta de la esquina o que ya estamos en su antesala.

Si, esa es la magia de una sonrisa, la misma que -independientemente de que viniera de un guapo desconocido- nos pone en contacto con nuestro lado optimista, y hace que esa hermosa expresión se congele en nuestro rostro por al menos unos minutillos.

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