Posts Tagged ‘cuento’

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Los Pinocchio de hoy

octubre 23, 2011

Erase una vez, cuando nos leían cuentos de hadas, que nos hablaban de un tal Pinocchio, hijo y creación del viejo Geppetto, traído a la vida por el Hada Azul, niño de madera cuya nariz poseía un hechizo ante las mentiras.

En aquella época pensabamos que podría sucedernos algo similar, nos tocabamos frenéticamente la nariz tras cometer travesuras y temíamos por nuestro rostro aunque dijeramos mentirillas blancas e inocentes.

Crecimos y perdimos ese miedo, pero seguimos creyéndonos el cuento de hadas que nos venden políticos, diplomáticos, banqueros, empresarios, religiosos y demás seres quasi fabulescos que se burlan de nosotros ante nuestras caras. Nos tragamos sus historias fantásticas y acudimos masivamente a las urnas a depositar en ellos nuestra preciada confianza.

Nos mienten pero por desgracia no les crece la nariz como nos prometía Collodi y es que lamentablemente los Pinocchio de hoy en día no son de madera ni aparentan ser niños, son de carne/hueso, visten de saco/corbata y -sin serlo- aparentan ser humanos.

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La que le desnudó

julio 13, 2011

Ella le miraba desde la rendija,
tenía la ropa ensangrentada,
se veía débil,
indenfensa,
lo esperaba sentada en una silla de madera,
su camiseta blanca estaba rota,
su pecho desgarrado.

Se apresuró en entrar a la habitación,
caminó hasta el inicio de su sombra,
notó que su rostro estaba semi-cubierto,
sonriente,
buscó acercarse sólo para descubrir que
tras la máscara estaba la ella
real y cruda
que sólo él conocía.

Se desplomó a su lado,
mientras lo hacía
sintió como una lágrima brotaba de sus ojos.
Aquella mujer una noche le desnudó el alma
y le regaló su corazón.

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Aquí y ahora, narración experimental

marzo 24, 2011

Hace mucho que no lanzo una de estas narraciones experimentales (así las llamo yo, a saber cuál es su nombre real). Así que hoy jueves toca darse un bañito de dadaísmo y disfrutar (o sufrir) con este “aquí y ahora”.

Guitarra,
surrealidades televisadas,
música,
silencio.

MUERTE DE Liz Taylor
cirugía,
cabello tintado,
labios rojos,
arrugas (o no).

Leer la mente.
Mensaje atrevido,
respuesta anhelada,
objeto del deseo,
intensidad,
pasión,
sueña despierta
no despiertes del sueño,
cierra los ojos y sonríe.

VETE
Siente el sonido,
penetra la imagen,
cuidado con la….
CAÍDA

Hay gente mala,
o mala gente.
Lo mismo en el sentido contrario
y viceversa,
¡pero tampoco!

Fuego,
nubes,
lluvia,
humedad,
tacto frío,
tu sabes…
It’s time to hibernate!

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Desconocidos que se miran

febrero 26, 2011

Sin saber el por qué detuvieron su andar, era como si alguna fuerza sobrenatural les impidiera seguir caminando. Buscaron vagamente enterderlo pero no hicieron más que elevar las miradas, que coincidieron -a distancia- y conectaron. Se quedaron congelados por unos segundos que parecieron años hasta que la marea humana les obligó a continuar su camino. Y no volvieron a verse.

Aquellos dos desconocidos se habían acariciado el alma con los ojos y habían marcado en ella su territorio. Se convirtieron en protagonistas de los sueños mutuos, sus fantasías ya tenían rostro y no dejaban de buscarse entre las multitudes, con la esperanza de poder tan solo observarse una vez más.

Los esfuerzos parecían vanos, pasaba el tiempo y no daban señales de haber sido reales, ambos habían llegado a la conclusión de que aquello había sido producto de la imaginación o de algún tipo de alucinación matutina.

Hasta que un día el destino les obsequió la fortuna de coincidir en espacio y tiempo. Nuevamente se miraron, pero esta vez -y al unísono- rompieron el hielo que arropaba sus cuerpos, se acercaron lentamente, esquivando obstaculos, personas y tropezando con todo lo que intentó interponerse.

Una vez de frente, sin decir una sola palabra se tomaron de las manos y caminaron juntos. Se olvidaron el mundo y aterrizaron fantasías, se dijeron palabras sin sentido, promesas impulsivas y verdades a medias. Lo que los unía era tal que tras una temporada de estar ensimismados decidieron que era mejor alejarse para siempre, ambos tristes pero concientes de sus respectivas realidades aceptaron la propuesta, pero ninguno de los dos se marchó jamás.

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Aquel que se permitió tener un corazón nómada

enero 14, 2011

Le era fácil soñar realidades distantes, desear lo imposible y fantasear con obtenerlo. El problema estaba cuando las distancias se acortaban, lo imposible se dibujaba en el horizonte y las fantasías se volvían obtenibles.

Entonces ya no era un sueño pues se perdían magia y misterio.

Ya no le apetecía tanto soñar, ni desear, y mucho menos fantasear. Por que lo que quería era vivir una ilusión y no una realidad. Por que le aterraba disfrutar de las exquisiteces que vienen de experimentar lo onírico.

Fue ahí cuando sacó la armadura cual guerrero medieval, cerro las puertas, aseguró las murallas y bloqueó cualquier acceso que pudiera tenerse hacia su interior. Preferió estar solo a pillarle el truco a una buena compañía y se justificó con nimiedades que no llegaban a satisfacerle ni a sí mismo.

Y se creía feliz, mientras estaba vacío. Sin darse cuenta de que permitió que su corazón fuera nómada y no le dejó ver -ni sentir- más allá de las fronteras de sus propios miedos.

A partir de entonces caminó solo por la vida, mirando -con tristeza- el pasado que no permitió ser.

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El rey de su subconciente

diciembre 22, 2010

El se limitaba a aparecer en sus sueños, pues en la realidad increíblemente no era más que un fantasma. De vez en cuando se hacía presente casi para demostrar su vana existencia pero las ocasiones eran pocas y las intervenciones insignificantes. 

Ella lo pensaba constantemente y su prensencia en lo onírico dejaba en evidencia que él era el rey de su subconciente. Si había una pesadilla él o la causaba o la solucionaba. Si se trataba de un sueño erótico él era siempre el protagonista. Y si era un sueño simple, antes de despertar él salía en algún momento. No importaba la forma, pero ese desgraciado siempre se las arreglaba para mantenerse en su cabeza.

Las ganas de estar con él habían aumentado tras ese último encuentro, uno más de los cientos que quedaron inconclusos. La gran diferencia era que ahora era ella la que sentía que había una deuda mutua y él, vago al fin, había renunciado a pensarla (o al menos eso demostraba).

Ella no entendía el porque algunas personas acaban teniendo ese puestazo en su corazón y cabeza si quedaba en evidencia ante sus ojos que no se lo merecen. Por eso creía que en la química: porque sentía que lo que sucedía entre ambos no tenía otra explicación.

Ese que no había hecho nada para ganar su cariño acaba siendo el dueño de su cabeza y desde un punto de vista objetivo no tenía sentido alguno más que la atracción letal que se producía entre ambos cuerpos al estar en un radio menor a 100 metros.  Era increíble pero al divisarlo de lejos su corazón incorporaba el doble pedal al ritmo del momento y su cuerpo hilvanaba recuerdos que la teletransportaban a quien sabe donde, pero siempre a su lado. 

Algunos lugares llevaban su nombre, no podía por ejemplo caminar cierto tipo de escaleras sin pensar en la vez en que se encontraron en la planta baja, él la cargó y subieron besandose hasta el piso tres en que él habitaba. Chocando con las paredes, tropezandose con las barandas, evitando caerse ambos en las esquinas y al final entrando en lo que sería probablemente una de las noches más apasionadas de su vida.

Lo odiaba tanto que lo reconocía como el objeto de su obsesión.
Y lo odiaba por la forma en que jugaba con ella. El había descubierto la manera de colocarla en sus manos y de hacer con ella casi todo lo que le apetecía. Todo menos el sexo, pues increíblemente nunca pudieron consumar el acto. El universo conspiraba contra ellos cada vez que lo intentaban, haciendo que ella perdiera la esperanza de que sucediera alguna vez. Si tenían una cita siempre se anexaba un tercero, o se cancelaba justo antes. Y cuando por fin lograban coincidir la distancia entre los cuerpos era inmensa pero al mirarse a los ojos esta desaparecía. En él encontraba un algo que pocos ojos sabían ofrecerle: una extraña mezcla de terquedad y ternura, de pasión y sincerad que nunca antes había experimentado. Esos ojos estaban allí donde mirase cual tatuaje en su retina.

Con él descubrió que habían oportunidades inútiles, pues se boicoteaban mutuamente como niños jugando a ser pareja. Y al final todo era en balde porque sus orgullos eran más grandes que ambos y que las ganas de estar juntos. Sus miedos no los dejaron ser y esos dos que desde el principio conectaron, se destinaron a sí mismos a estar lejos por siempre y a no olvidarse nunca más.

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Un solo cuerpo

noviembre 2, 2010

Ella se despertó a su lado, el calor de su respiración le acariciaba el rostro, estaba en su cama de siempre, la de toda la vida, pero no entendía cómo él había llegado allí.

Era un amigo, sólo un amigo y aunque los rumores afirmaban que él estaba sumamente atraído por ella, la química no era bidireccional y de eso estaba segura.

Esta acabó siendo una de esas noches en que el cuerpo automáticamente baja un pie de la cama para poder parar al mundo que hace las de un carrusel infinito, para poder deshacerse del puto mareo que llevaba encima y que le estaba comenzando a dar nauseas.

Se sentó a hacer memoria, pues no entendía nada qué hacía el cuerpo inerte que yacía allí, a su lado. Recordaba que habían bebido mucho la noche anterior, era obvio por la mezcla de fin de borrachera e inicio de resaca que experimentaba su cuerpo. Le llegaban flashbacks de la discoteca en la que habían estado, de la forma en que bailaban y de que él siempre estuvo cerca (lo cual era totalmente habitual). Recordó que al cerrar la disco él le pidió quedarse en su casa esperando a que abrieran el metro (al menos esa fue la excusa que dio) y ella pensó dejarlo en el sofá pero tras darse cuenta del caos de ropa entre limpia y sucia que había en allí optó por decirle que viniera a la cama con ella. ¡Todo con tal de no organizar en ese estado y a esas horas de la madrugada!

Ellos estaban en el máximo nivel de alcoholización posible, ese que va justo antes de hacer un blackout o de vomitar la vida y hasta el espíritu. Ambos hacían tierra con los pies, y sin embargo, desafiando todas las posiciones corporales naturalmente posibles, cuando ella despertó ambos rostros estaban de frente, prácticamente besándose.

Volvió a acostarse y tras unas horas la despertaron los movimientos y ruidos de su entorno. El estaba recogiendo sus cosas, colocándose el calzado y preparándose para partir. De vez en cuando la miraba, con una ternura que no hacía más que despertar pena en ella, pues no podía corresponderla. Se acercó a ella, la besó en la mejilla y se marchó.

Entre ambos nunca más se habló del tema, de lo que pasó -o no- aquella noche, ni mucho menos del por qué habían estado a milímetros de ser un solo cuerpo o de si realmente llegaron a serlo.

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