Posts Tagged ‘Jorge Drexler’

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Metas

junio 11, 2010

Cuando pertenecí a la Pastoral Lasallista –sí, soy exalumna de La Salle y fui muy creyente- una estimada persona me dijo una frase que sin miedo a exagerar marcó mi vida: “tírale a la luna y tumbarás un coco”.

Hay que fijarse metas realizables para evitar frustrarnos en el proceso, pero al mismo tiempo debemos buscar obtener el máximo, dando el todo para así obtener lo deseado.

Hoy varios de mis amigos, algunos que se sienten casi como familia, cumplieron una meta que se plantearon hace poco más de un año: finalizar su máster.
¡Felicidades Nebrijos 2010!, los quiero y espero que de acá en adelante la vida los colme de cosas lindas y que las viviencias (porque los conocimientos los pongo en duda) que a lo largo de estos 10 meses han adquirido les sirvan para ser mejores seres humanos.

En fin, vayamos “a por” lo particular, sin quitar la vista nunca lo de la otra cámara, esa que tiene un plano general del asunto y -volviendo a citar a Jorge Drexler- busquemos “amar la trama más que el desenlace” porque lo más rico de lograr las metas es haber disfrutado el proceso.

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Creo en el karma y en los milagros

junio 8, 2010

Sí tal y como han leído en el título, hoy grito a toda voz que creo en el karma y en lo que muchos llaman “milagros”.

Acá en Madrid hay tres formas de viajar en metro (cuatro si cuentan el saltar las barreras y entrar de forma ilicita):
1. Comprando un “Billete Sencillo”: es de un único viaje cuyo valor es de 1€.
2. Comprando el “MetroBus”: permite dar 10 viajes de forma indistinta tanto en la red de metro como de autobuses de Madrid, su valor es de 9€.
3. Comprando el “Abono Transportes”: es válido durante todo el mes especificado para viajes ilimitados tanto en la red de metro como de autobuses de Madrid, se puede adquirir a partir de los 46€ (que es el que yo tengo) y hasta los 111€ dependiendo de la zona que cubra.

¿Por qué explico esto? Pues para que entiendan por qué esta tarde he pasado de casi llorar de frustración a hacerlo de felicidad.

Cuando estaba en el trabajo esta mañana mi jefe mi informó que había una filmación de unas conferencias y que deseaba que yo fuera a acompañar al cámara para coordinar el trabajo y hacerle las preguntas a los entrevistados (fuera de cámara, tranquilos, que la tv si que NO creo que sea lo mío).
Como mis pendientes del día ya los había resuelto en la mañana fui “a por ello”, haciendo antes una escala estratégica en casa para adecuar mi vestimenta.

Para llegar al lugar debía hacer un trasbordo y como siempre andaba con el tiempo justo así que corrí por la estación, aprovechando la ocasión para hacer un poco de ejercicio.
Allí hicimos nuestro trabajo. Todo bien, todos felices.
Recogemos el equipo, estamos disponiendo las cosas para marcharnos y cuando voy a buscar el abono transportes ¡TaTán: desaparecido como por arte de magia!.
Yo, que ya había perdido uno en diciembre vociferé a todo pulmón ¡me cago en la leche, en la puta y en todo el mundo! Y el cámara que suele ser súper bromista cambió el careto a uno serio e intentó calmar la histeria que se iba apoderando de mí.

En una mesita distante de la ya poca gente que quedaba en el centro de conferencias vacié del todo la cartera, para encontrarme solamente con un billete de UN viaje que suelo tener guardado.

Ahí vino el bajón.
Tenía al menos el ticket para volver a casa, pero aún no me pagan (suelen hacerlo más cerca de la segunda quincena del mes) por lo que realmente no sabía cómo iría al trabajo, a clases y a las visitas a clientes y reuniones que ya tengo pautadas, y las que a partir de ese momento aparecerían, que seguro serían muchas nada más para joder.

Perder el abono en la primera semana del mes es un desperdicio inmenso, sobre todo porque recientemente estuvimos de feriado, dígase ¡que apenas he podido “sacarle el jugo”! (darle mucho uso).

Recordé el lío con las tarjetas de crédito, el pago del piso, los gastos del mes pasado que llegan este, que debo de ir al dentista, que… en fin todos los líos económicos que ponían en evidencia que 46€ no me sobraban, al menos este mes.

Recorrí el camino exacto que hice para llegar al local –para rematar estaba iniciando una molesta lluvia- y NADA.
Me paro en el punto de información de la estación donde me desmonté y pregunto por si han entregado algún abono, me informan que no.
Hago lo mismo en la estación donde hice el trasbordo y el policía, muy amable pero poco alentador, me dice que me desea suerte pero que no me cree esperanzas porque si lo devuelven entregan la cartilla pero no el billete como tal y menos en estas fechas.
Con los ojos a punto de explotar en lágrimas de frustración y la cara de tristeza que apenaba a quienes estaban a mi alrededor (lo sé porque me miraban con ternura) llego a la última oportunidad, la estación donde había iniciado mi trayecto y le pregunto al seguridad y al de información si por casualidad habían entregado un abono, el me pregunta que de qué zona y que bajo qué nombre mientras se para y se acerca a la caja fuerte.
Le digo que zona A y a nombre de María Isabel Martínez.
Saca una caja que dice “objetos perdidos” y de ella un sobre amarillo.
Me pregunta si por casualidad mi segundo apellido es Sosa y yo le digo que sí aún sin fiarme.
Él destapa el sobre y me dice “¡guapa, si que tienes suerte!”.

Yo sentí que el mundo iba en cámara lenta mientras mi expresión de tristeza se tranformaba en una sonrisa y en un acto impulsivo le pregunté ¿puedo abrazarlo? El y el guarda que se encontraba a su lado lanzaron una carcajada y el de información me dijo que si, a lo que le di un más que espontaneo abrazo.

Mi abono había sido devuelto.
Algún buen samaritano, de esos que aún quedan en nuestras calles, lo habrá encontrado y consciente del valor que tiene en primeros de mes lo llevó al punto de información.

Llámenle como quieran, pero eso para mí es un milagro.

¿Por qué menciono el karma?
Pues porque hace exactamente una semana, camino a una reunión vi como se le caía algo a una chica al ponerse de pie y acercarse al vagón, le dije ¡eh, tu, dejaste caer algo! Y cuando ella vió lo que era me dijo con una sonrisa que casi superaba las dimensiones de su rostro “¡gracias, ¡ufff! ¡qué suerte!”. Lo que se le había caído era un abono y era de zona B3 dígase uno de los más costosos.

Entonces, ratifico mi creencia en lo que bien expresa mi estimado Jorge Drexler:
“Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma: nada se pierde, todo se transforma”

Y como dijo mi madre al recibir mi llamada entre llantos y suspiros de alegría:
“el sol brilla para todos y hoy ha brillado para mí”.

Así que hoy más que nunca creo en el karma y en los milagros, y le doy las INFINITAS GRACIAS al Sr. Ser Supremo por haberse puesto de mi lado.

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Infidelidad cibernética

abril 29, 2010

No dejan de sorprenderme la cantidad de casos que recientemente he encontrado de relaciones que terminan en no tan buenas condiciones por infidelidades que inician o tienen como sede el mundo virtual.

Será que aún somos tan estúpidos que no sabemos -como dice Drexler- que “tarde o temprano nada es secreto en los vericuetos de la informática”. En serio, y como favor personal pedido por quien suscribe (que ha sido víctima de estas circunstancias) usen un poco la cabeza, dejen a un lado las hormonas y PIENSEN, obviamente primero en no hacer las cosas mal, pero caramba si harán el mal tómese al menos las molestias de hacerlo bien.

Los dejo con un video y letras de la canción “La Infidelidad en la Era de la Informática” de Jorge Drexler, inspiradores de este post.

Aquel mensaje que no debió haber leído
Aquel botón que no debió haber pulsado
Aquel consejo torpemente desoído
Aquel espacio, era un espacio privado.

Pero no tuvo ni tendrá la sangre fría,
Ni la mente clara y calculadora,
Y aún creyendo saber en lo que se metía
Abrió una tarde aquella caja de pandora.

Y la obsesión
Desencripta lo críptico
Viola lo mágico
Vence a la máquina;
Y tarde o temprano
Nada es secreto
En los vericuetos
De la informática.

Leyó a mordiscos en un lapso clandestino
Tragando aquel dolor que se le atragantaba,
Sintiendo claramente el riesgo, el desatino
De la pendiente aquella en la que se deslizaba.

Y en tres semanas que parecieron años
Perdió las ganas de dormir y cinco kilos,
Y en flashbacks de celos aún siguen llegando
Las frases que nunca debió haber leído.

Y en esa espiral
La lógica duerme,
Lo atávico al fin
Sale del reposo;
Y no hay contraseña,
Prudencia, ni pin,
Que aguante el embate
De un cracker celoso.

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Tú eres mi norte

marzo 3, 2010

Bajo influencia de mis amigos Andrés Farías y Denisse Casado, he estado últimamente escuchando mucho a Jorge Drexler, cosa que habrán notado en otro posts. En su cd “Eco” hay una canción que se llama “Transporte”, y por cursi que sea esta “declaración de amor” cada vez que la escucho pienso en mi adorada madre y es que no hay forma mejor de expresar lo que a veces siento, estando a distancia, que con esta frase: “Donde tu estás yo tengo el Norte y no hay nada como tu amor como medio de transporte”

Comparto las letras y un video la canción, mientras estoy segura de que todo aquel que conoce nuestra relación entenderá a qué me refiero.

Ver video

TRANSPORTE

Desde ahora mismo y aquí
hacia donde quiera que estés,
parte de mi alma
parte a tu encuentro.
Sabes que te llevo dentro mío
igual que yo sé que tu me llevas dentro.

Se trata de un leve pulsar
que se abre camino hacia tí
cruzando las estaciones, constelaciones,
los momentos.
Digo que esta vida es llevadera 
sólo porque sientes tú
lo que yo siento.

Donde tu estás
yo tengo el Norte,
y no hay nada como tu amor
como medio de transporte.

En este instante,
precisamente,
más canto y más te tengo yo
presente.

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