Posts Tagged ‘mar’

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Cuando la nostalgia te puede

noviembre 15, 2011

Estaba revisando un artículo que tenía a medias desde hace meses, uno que no me había atrevido a terminar por miedo a que no captara la verdadera esencia de mi aventura, el de mi mochileo por Lisboa, ese maravilloso viaje en compañía de Jessica Mercedes que marcó el inicio de mis 25 años de vida.

De repente me llené de la magia que había vivido, de las ganas de volver hacerlo y ante la imposibildad evidente me abrí en llanto. La nostalgia me pudo y me dejó llorando cual magdalena al recordarme la -muchas veces triste- realidad en la que nací: soy isleña, lo único que tengo a mi lado es el mar. Y es hermoso, lo amo, lo necesito, lo pensaba cada día de mis casi tres años madrileños, pero caramba como extraño el saber que tras mis fronteras hay tierras que descubrir, así como una infinidad de aventuras presupuestariamente posibles.

Cuando las limitantes económicas y geográficas son más fuertes que tu sed de vivencias y conocimientos, lo único que te queda es sentarte en la cama, sola, y dejar que la nostalgia se manifieste en lágrimas que emanan de las puertas de tu alma.

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El primer sol del año

enero 1, 2011

Entre los jóvenes de Santo Domingo hay una costumbre importante: uno debe ir a ver el primer sol del año al Malecón de la ciudad.

Eso no tiene pero, es practicamente un must dejarse bañar por los primeros destellos del astro rey y yo, amante del mar y por sobre todas las cosas de MI mar no me perdonaría el no ver el primer amanecer crecer de entre las aguas caribeñas.

Por fortuna quienes estaban conmigo pillaron mi necesidad y se esforzaron por complacerla, haciéndome inmensamente feliz y permitiéndome disfrutar de ese hermosísimo e indescriptible espectáculo natural.

Acá algunas fotos para compartir con ustedes el buen rollito con que inició mi año. Más no pude pedir: tras una deliciosa cena familiar me fui a estar entre gente querida de mi pasado, de mi presente y con fortuna de mi futuro, y las primeras horas del año transcurrieron entre historias, risas, bromas y súuuuuuper buena onda… ¡COMO DEBE DE SER! 😀

Me declaro satistecha, alegre, plena, sonriente, soñadora y renovada. Y creo que las imagenes lo ponen en evidencia. Enjoy!

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A la playa el primer día de invierno… ¡aunque sea a paso de tortuga!

diciembre 22, 2010

Mi mami me preguntó (reflejando el dolor que llevaba dentro por la situación) “¿te apetece ir a la playa mañana?” Y yo le dije “mamita, yo no digo que no a la playa, pero no quiero estresarte y sé que el vehículo está dando problemas”. Ella se armó de valor y a regañadientes me dijo “¡pero salimos a las 9am! Me reí mientras asentía, sinceramente me da igual la hora ¡playa es playa! y tras más de 15 meses sin ella no soy capaz de decirle que no a nadie.

A las 8:45am sonaba mi móvil, que me alistara que venía del súper, entrabamos la compra y a por la playita. Así lo hice, nos montamos y nos encaminamos a lo que sería una gran (y lenta) aventura.

Todo estaba genial, el trayecto un poco lento pero nada me impedía el disfrutar conducir en el malecón. ¡Como me gusta mi costa! buena música, buena compañía ¡a pedir de boca! era todo perfecto… Hasta cuando salíamos de la ciudad.

Como a los 30 minutos siento algo raro, algo no me permitía acelerar y el vehículo como que temblaba, no sólo le faltaba fuerzas sino que me estaba poniendo resistencia. Se lo comunico a mi madre quien ¡evidentemente! entra un pre ataque de pánico. Nos detenemos, revisamos las gomas y todo lo que por arribita podíamos, pero todo parecía normal.

Seguimos, decididas a devolvernos y nos damos cuenta de dos cosas:
1. Los puntos de retorno están lejísimo uno del otro, y
2. ¡El sonido y la resistencia habían parado!

Ella me pregunta que si me atrevo a seguir, yo le dije que siempre me atrevo, que soy muy poco “pendeja” pero que si algo le preocupaba que nos devolvieramos. En ese momento su cara reflejó que el pesar de que yo no hubiera ido antes a la playa se había duplicado, como si un yunque le hubiera caído en el alma. Me dijo bueno, vamos a ver. Y seguí conduciendo.

Pasamos el peaje, La Playa Caleta, la entrada al aereopuerto, La Playa Boca Chica y ella dijo sigamos a Juan Dolio (la playa a la que normalmente voy). Se me ocurrió que Playa Caribe estaba antes y era menos arriesgado así que entramos allí. Estaba desertico, para llegar a la zona más cercana con el vehículo pasamos una cantidad de avispas que parecía de una peli de terror, esto para encontrarnos con un sólo carro aparcado y unos 10 o 12 hombres, algunos en ropa interior que estaban entre echados y bañandose.

Apago el motor, me dispongo a salir y veo que ella no se mueve. ¿Qué pasa? le pregunto. A lo que me responde con voz preocupada que no le gusta nada que sólo hay hombres ¡y muchos! las avispas y la soledad. Sentí que en su cabeza algo no estaba bien y encendí el motor para dar marcha atrás diciendo: “si no te da buena espina no lo hacemos, creo demasiado en el sexto sentido y más en el tuyo como para ignorarlo”. Y así fue como visitamos Playa Caribe en un tiempo máximo de ¡5 minutos!

Salimos nuevamente a la carretera, a volver a nuestro paso de tortuga con una desesperante velocidad máxima 60kms por hora y no más de 2 revoluciones (para evitar el problema de nuevo). Los camiones me rebasaban, lo hizo incluso un señor en una moto más vieja que el hambre y cargado con unas cajas de aceite (ya ahí se imaginan la velocidad a la que ibamos). Pero daba igual, yo no tenía prisa, lo que quería era playa.

Nuevamente nos encontrabamos camino a Juan Dolio cuando vemos unos 800 letreros de Guayacanes (otra playa que está un poco menos distante de la ciudad) le pregunto que si ella sabe entrar y me dice que no, yo le digo que desde el cole no voy a esa playa pero que podemos intentarlo. Seguimos las señales y llegamos a la playita, una en la que habían niños y familias, pero tan pocas que era como si cada cual tuviera su propio pedacito.

Al final me di mi playa, mi primer baño en el Mar Caribe en este año y casualmente (y para mi disfrute interno) lo hice en el primer día de invierno. Ningún edredón, forros polares, guantes, ni bufandas. ¡Estaba tirada en la arena en bikini disfrutando del sol caribeño! Y para el que no quiera creerlo acá las fotinas :).

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Y nos robaron parte de la navidad popular

diciembre 8, 2010

Cuando yo era niña mi padre nos sacaba a pasear a mi y a mis mejores amiguitos de por casa y nos llevaba al malecón de Santo Domingo (mi ciudad natal). En navidad era una verdadera gozada porque estaba todo hermoso: los postes tenían luces, lazos, bolas navideñas, bastones rojiblancos o algo alusivo a la temporada. Pero lo que era verdaderamente lindo e impactante era ver el obelisco vestido de navidad, ese monumento que ha estado ahí toda la vida era uno de los puntos claves de nuestro paseo, solíamos andar por la costa, bordeando parte de la isla, con el mar en el carril de al lado y dejándonos impresionar por las novedades del nacimiento y arbolito que habían preparado ese año.

Era de mis cosas favoritas, de esos hermosos recuerdos de mi infancia que mantendré vivos por siempre.
Era un espacio para que la familia y los amigos se empaparan de la alegría estacional.
Era…
Y digo era porque para mi sorpresa, evidentemente negativa, este año no habrá arbolito navideño en mi malecón. Muchos dirán ¡y el año pasado tampoco hubo! y mi respuesta es sencilla: el año pasado no llegué de fuera del país con la ilusión infantil encendida para descubrir que “por falta de presupuesto” mi recuerdo no será más que eso: ¡un recuerdo!

Me rio, y lo hago para no llorar (aunque escribo con lágrimas en los ojos).
¡Qué fácil le resulta al Ayuntamiento de Santo Domingo decir que no hay presupuesto para una tradición! Caramba, claro que no lo hay si se lo tragaron contruyendo un parque “temático” verde que no tiene una sola plantita (y al que me diga que tendrá enredaderas fijo que le insulto, que talar árboles para poner cemento debería darnos vergüenza). ¡Claro que no hay presupuesto para el obelisco, si le han puesto todas las luces al horrible gorila que colocaron en el antes mencionado parque!

¡Que le den por saco a las tradiciones! total ¿a quién les importan?¿para qué preservar la cultura mientras embellecemos lo que ya tenemos, si podemos construir algo nuevo y de paso obtener beneficios económicos de ello? porque lamentablemente así funcionan las cosas en mi país.

Que se queden mis sobrinos sin vivir la historia de como su abuelo difunto me traía cuando niña a ver el nacimiento, me contaba un poco al respecto y explicaba sobre los materiales utilizados y hasta me mostraba otras piezas de los artistas que participaron en su realización. Si les da igual que se queden sin espíritu navideño los monumentos de toda la vida, los que son casi símbolos de nuestra ciudad, los que están dentro de nuestro ADN capitaleño.

Ay República Dominicana, ¿cuándo me permitirás amarte sin derramar una lágrima de dolor y frustración en el proceso? Confieso que Roberto Salcedo y los que forman parte de su mandato han robado una parte de mi navidad, han robado una parte de mi historia y han robado una parte de mí misma.

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