Posts Tagged ‘Muerte’

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11 bipolar, ambivalencias entre vida y muerte.

marzo 11, 2014

Hoy es 11 de marzo y me siento bipolar. Estoy ante una de esas clásicas ambivalencias entre vida y muerte.

VIDA | En 1921 nos regalaron a Piazolla genio musical que puso a pivotar con sus tangos una infinidad de almas, entre ellas la mía. Tango, género amado que ya no bailo, que probablemente olvidé, pero que me me hace pendular inconsciente con unos pocos acordes y me llena de ganas de volver a disfrutar del placer de una pieza bien bailada.

MUERTE | En 2010 me robaron a Saydia, amiga de la infancia y dueña de la sonrisa más cálida y hermosa que he jamás he conocido. Un hermoso ser humano con un corazón tan pero tan grande, que pese al tiempo y la distancia aún se siente su cariño y no sólo en mi, sino en todo aquel que fue bendecido con su presencia y que contó con la dicha de conocerle.

Si tuviera que definir mis emociones el día de hoy usaría una sola palabra: NOSTALGIA. ¡Que curioso es que compartan caledario dos detonantes de emociones tan distintas! Que mientras unos nos tocan la vida a través de su arte, otros nos la cambian con el día a día y ambos saben, desde dimensiones distintas dejar extraños vacíos con su ausencia.

Y si, sé que no hay vida sin muerte, que es natural, necesario y cualquier otro argumento que pueda inventarse al respecto. Pero como he dicho en ocasiones anteriores: hay muertes que jamás se superan y son precisamente aquellas que te cambiaron la vida.

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Valoración de la muerte

diciembre 1, 2013

¿Será que algunos de los niños que mueren de hambre en el Cuerno de África (por decir uno de los tantos lugares) tendrán que ser celebrities de Hollywood para que importe su partida de este mundo tanto como parece importales a algunos el fallecimiento de ciertas personalidades mediáticas?

Me parece un poco injusto esto que hacemos de valorizar más unas vidas que otras, ¿qué no es lo mismo que muera un pobre a que muera un millonario? ¿no debería apenarnos más la muerte de quien ha sido víctima de la realidad social de nuestro sistema que la de aquel que lo ha disfrutado con lujos y placeres?

Sinceramente, a mi más que la muerte de esas “estrellas” me duele ver como nos hacemos de la vista gorda con las crueles realidades de la sociedad en la que vivimos y fingimos una falsa empatía con quienes se han hecho famosos gracias a las grandes industrias (que conste que me incluyo).

¿Cuándo entenderemos que VIDA ES VIDA Y TODAS VALEN LO MISMO? ¿Cuándo haremos algo para reducir la brecha creada por la injusticia social? ¿Llegaremos a ver el día en que dejemos esta hipocresía?…

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9 años

mayo 5, 2012

¡Nueve años no son nada! se atreverán a decir algunos en otro contexto, yo misma pudiera decirlo si no me refiriera a aquello que cambió mi vida totalmente.

9 años, son
108 meses, son
3,285 días, son
78,840 horas, son
4,730,400 minutos, son
283,824,000 segundos.

9 años y
aún aprendo,
aún sonrío,
aún me enternezco,
aún recuerdo,
aún lloro.

9 años.
Nada más y nada menos que el tiempo que tengo sin el hombre que más he amado a mi lado.

Por desgracia no tengo la ni la esperanza ni el consuelo emocional de la fe. La poca fe que me quedaba murió aquella madrugada del 5 de mayo de 2003 cuando le di a mi padre un último adios.

Pero si creo ciegamente que aquellos que viven en el pensamiento de quienes les amaron no mueren, simplemente dejan de estar físicamente. Y que mientras su legado toque vidas ellos seguirán existiendo, sólo que traducidos a aprendizajes, pensamientos, acciones y emociones.

Con apenas 18 años la vida me obligó a crecer y hoy, 9 años después, sigo luchando por ser la yo que lo hubiera hecho sentirse orgulloso de ser mi padre. Él me enseñó a sonreír, y aunque a veces la enjugue en lágrimas -pues las traviesas son difíciles de contener- hoy sonrío y brindo por la dicha de haberlo tenido en mi vida.

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¿Te doy un consejo?
Si tienes aún la oportunidad: ama, disfruta y desvívete por tus seres queridos, es la única forma de que una vez en el otro plano tengas espacio para que 9 años después sea su recuerdo el que siga vivo en ti y no tus arrepentimientos.

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Mi cuarta abuelita

abril 15, 2012

La mayoría de la gente tiene dos abuelas, ya saben las que vienen en el plan básico de vida, la madre de tu padre y la de tu madre. Muchos apenas conocen a una y con esa tienen que “resolver” (fue mi caso con el tema de los abuelitos) pero yo, a diferencia de casi todos tuve dicha de tener no dos ni tres, sino cuatro. Eran totalmente distintas en casi todos los aspectos: sociales, económicos, físicos, históricos, geográficos, pero todas eran mías de mi propiedad.

Comencemos por definir qué es una abuela.
Fuera de lo que dice la RAE, y entrando en percepción personal abuela es aquella señora mayor que está en tu vida desde que eras una semillita en la tripa de tu madre, que te cargó cuando niña y te vio crecer hasta donde la vida se lo permitió, que te regañaba e intentó (probablemente lograndolo) sacar los dientes de mala manera.
Esa que cocinaba buenísimo y que siempre quería que comieras hasta explotar, la que tenía un plato especial que aunque un chef condecorado intentara copiar no lograría encontrar jamás el ingrediente secreto: ese amor especial que le ponían.
Generalmente bordaba y cuando sus ojos o manos no permitieron que continuara haciéndolo se encargó de que otro lo hiciera por ella. Siempre peleaba porque todo estuviera perfecto y probablemente te caía detrás mientras caminabas por su casa haciendo quien sabe qué historia que debía comenzar con un “érase una vez”.
Sus olores eran peculiares pero siempre característicos, pues si se dan cuenta las abuelitas la mayoría de las veces huelen bien.

Como te contaba la vida me permitió disfrutar de cuatro de esta especie: Lilia, la madre de mi madre; Nena, la madre de mi padre; María Santana la nana de mi madre; y Mama Niña, mi antigua vecina de la infancia, educadora en mi colegio, que se encargó de alfabetizarme.
Si hoy escribo -y hay quienes me dicen disfrutar la forma en que lo hago- es por culpa de esa última señora, que todas las mañanas en horario escolar hacía las de profesora y en las tardes hacía las de abuela y se sentaba conmigo a “leer”.

Lo triste de las abuelitas es que suelen irse pronto en nuestras vidas.
La primera en dejarme fue María y ¡jamás he vuelto a comer una crema de habichuelas TAN deliciosa! Luego se fue “abuelita” (Lilia) y ya nadie me caía detrás para cerciorarse de si había cenado o quería un juguito de naranja recién exprimido. Luego se fue Nena, la que vivía en “los nuevayores”, que hacía unas tortas dulces de maíz espectaculares y las segundas habichuelas más sabrosas del mundo. Y hoy se ha ido Mamá Niña, la que más me había durado y cuya llamada amorosa era tan fija cada 30 de marzo como mi visita a su casa los 24 de diciembre.

Ya no tengo más abuelitas, ya ninguna viejita adorable esperará con ansias mi vista e iluminará sus ojos al verme llegar. Ya no volveré a esuchar a nadie más decime “mi nietecita adorada”. Es raro esto pues si bien fue fabuloso tenerlas a las cuatro en mi vida, he tenido también el doble de sufrimiento que la gente normal pues a las cuatro -desde hace unos 10 años y hasta el día de hoy- he tenido que decirles hasta siempre.

Allá donde se reunen todos los muertos tiene que estarse comiendo muy bien y limpiando mucho, porque entre mis cuatro abuelas seguro que tienen a ángeles, arcangeles y demás entes celestiales moviendo cosas, reorganizándolas y comiendo el verdadero alimento divino.

Consejo:
Si tienes una abuelita o abuelito en vida por favor no seas tonto/a, suelta todo y ve, dale amor y deja que te cuente (aunque sea por vez 800) una historia de su vida. De veras, confía en mi, el día que no le tengas, deserás haberle disfrutado más.

Acá les dejo una foto de hace unos tres o cuatro años con Mama Niña, mi viejita amada,aquella que hoy aceptó la invitación de las otras tres.

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Pasémonos los derechos humanos por el…

diciembre 10, 2011

Hoy vino Dominga, la señora que ha estando ayudando a mi familia con la limpieza del hogar y la cocina desde hace unos quizá 22 años y mientras almorzabamos nos contó que unos ladrones habían entrado a su casa.
Lo hicieron aprovechando que ni ella ni su pareja estaban, se llevaron todo electrodoméstico, joyería y el poco dinero que encontraron, cosa que es de esperarse cuando hay un robo. Lo que me impactó fue lo que continuó diciendo: “se robaron sábanas, tanque de gas, medio galón de aceite, un cuarto de libra de habichuelas, el culín de azúcar que quedaba y hasta se comieron una barra de chocolate”.
“Los ladrones de hoy en día roban hasta comida si la encuentran” dijo con ojos brillosos y agregó (y esta fue la parte que me dio duro) “y yo fui afortunada porque cuando ellos creen que se llevan pocas cosas de valor, hacen la maldad de quemar las casas. Así le pasó a una muchacha de por allá, salió a una fiesta y volvió para encontrar que su ranchito estaba prendió en candela”

Estimados, sigamos pasándonos el Artículo 25* por el ojete, criando cuervos en nuestras sociedades y sentándonos a ver como nos comen los ojos, deleitándonos con los resultados de la poca educación que se da al pueblo y la falta de una cultura de paz.
Continuemos fomentando la delincuencia, ignorando la drogadicción, apoyando el vandalismo y haciendo que aquello de tener derecho a una vida digna se convierta en utopía.
Quedemonos de brazos cruzados y brindemos con copa en alto por todos aquellos – muchos más de los que pensamos- que viven en miedo, que andan desnudos, que no tienen techo, que son esclavos modernos, por las niñas y mujeres que son violadas y físicamente degradadas por los animales que llevan las guerras, por los que mueren de sed en el cuerno de África, por los que no sobreviven inundaciones por vivir a la vera de un río que nos encargamos de secar en el centro del Caribe, por los que por falta de alimento caen en un estado en el que sus cuerpos se rinden, por los que hubieran sido salvados con un medicamento que tenemos el botiquin de nuestros baños… Brindemos por todos ellos con nuestros tragos importados, hagamos una fiesta y derrochemos aquello cuyo valor pudiera salvarles la vida y deseemosles un ¡feliz día de los derechos humanos!

Total… Es lo que hacemos todos los días ¿no?

*Artículo 25: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, asi como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios.”

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La manzanita se viste de luto

octubre 5, 2011

La manzanita se viste de luto, es triste ver la página de Apple con este diseño:

Si, es crónica de una muerte anunciada pero no por ello deja de ser impactante. Su genialidad impulsó una de las marcas más fuertes y amadas de nuestra era, sus ideas cambiaron la vida de todos los de mi sector y la forma de entender productos cotidianos, su partida deja un vacío dentro del porciento de genios que coexisten en nuestro universo.

Confieso que aunque toda muerte apena, algunas aunque distantes las sentimos cercanas pues son personas que pese a ser meros desconocidos de una manera u otra son parte de nuestra historia, Steve Jobs sin lugar a dudas fue uno de esos seres y su recuerdo estará en cada ‘manzanita’ que se ilumine al encender una Mac, iPad, iPod o iPhone.

Creo pertinente recordar este post de enero llamado “El lado humano de Steve Jobs” en donde les invitaba a darse una vuelta por el reportaje: “La enfermedad de un genio. Se marcha el mago” de Lola Galán, un artículo largo, inspirador y lleno de sentimiento que hoy cobra más sentido que nunca.

Y como dijo Nefi FLorían en su twitter: “Los grandes no mueren, se inmortalizan” RIP Jobs, gracias.

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Mi defecto: la humanidad

agosto 15, 2011

Este finde redescubrí uno de mis más grandes defectos: la humanidad. Y me refiero a ella como esa “sensibilidad, compasión de las desgracias de nuestros semejantes” (definición de la RAE). Ahí seguro que se preguntan por qué la catalogo como un GRAN defecto si generalmente es bien vista por la sociedad. La respuesta es sencilla, no trae más que malos ratos, tristeza y sentimientos negativos.

Me explico:
El sábado tuve la desgracia de presenciar el final de un trágico accidente a pocos metros de mi casa, y sufrir al obervar cómo ante el cadaver de un individuo la gente hacía colas para ver y hacer fotos. Esa noche llegué llorando, ofendida por el morbo de aquellos y al borde de un ataque de nervios que sólo pudo controlar el impulsivo abrazo de mi madre y la posterior ‘casi terapia’ que me dio para disminuir el impacto emocional.
El domingo caigo en las estadísticas que comparan los gastos de la visita del papa a Madrid con la solución a las muertes por hambre en el cuerno de África y nuevamente termino afectada, sintiéndome un horrible ser humano por mis gastos, lujos y caprichos, mientras esos pobres seres -con igualdad en derechos que yo- mueren de hambre.

¡Como duele esta bendita sensibilidad!… ¡Cuanto más fácil no sería vivir sin ella!
Ser empática y querer ser buena persona termina llevándome cada vez más a no creer en nada ni en nadie, a no depositar mi confianza en religiones ni en partidos políticos, a cuestionar cada vez más a las organizaciones y a los mismos individuos. La capacidad de empatizar debería llevarnos a ser más felices y sin embargo miren a donde me está llevando a mi, a haber tenido un finde tranquilo, hogareño, familiar, y lindo, pero que queda cerrado con esos dos momentos previamente descritos, que por poco termina nuevamente con lágrimas en los ojos, con sentimiento de inutilidad, de inferioridad, de culpa.

Me pregunto si algún día llegaré a compensar mi lado humano y con el laboral, si podré mezclar aquella vocación de ayuda con mi arte, mis ideas, mi trabajo. Mientras tanto ¡por desgracia! puedo sólo hacer pequeñas donaciones y sufrir, a veces en silencio y otras como ahora “en voz alta”.

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