Posts Tagged ‘pareja’

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“Hacer el amor”, decontrucción de mentiras

julio 30, 2011

Confieso que dándome un paseo por “Yuxta, posición” el blog de Fernando Peralta (aka Tres Vainas) me encontré con una reflexión que me puso a pensar (copiada abajo vilmente).

¿Por qué mentir cuando tenemos el privilegio de formar parte de una generación con muchos menos tabúes que las anteriores? ¿será que más que mentirle a la otra persona nos mentimos a nosotrxs mismxs? ¿Cuándo tendremos la valentía de llamar a las cosas por su nombre y dejarnos de mentirillas confusas?… Lean, juzguen y si les ape opinen.

Deconstruyendo la frase: “Hacer el amor”.

Es muy fuerte que muchas mujeres vivan con la convicción de que cada vez que su pareja tiene sexo con ella les hacen el amor. ¿Acaso no saben que están recreando de forma incorrecta algo que sólo les va a alimentar una falsa ilusión? Y es que al final de cuentas, cuando la piña se pone agria, lo que una mujer menos necesita es que la traten como colchón asqueado de petalos de rosas, creando en ellas ese mundo de fantasía, que nosotros los hombres, por más románticos que seamos, no vamos a poder mantener.

Así que evite de mala manera de llegar a las entre piernas una dama diciéndole con voz de actor de novela que quiere hacerle el amor, no active ese chip de falsedad, no la inhunde de sentimientos vacíos, de que eres el mejor amante y que los orgasmos van a caer como aguaceros en mayo.

No le digas que quieres hacerle el amor cuando lo que menos vas a hacer es amarla, cuando lo que ambos quieren es ser amantes que se odian, que se dicen cosas sucias y se bañan en su propio sudor. No le digas que la vas a ayudar creando un amor que no existe cuando quieres morder sus nalgas con la fuerza que muerde un león cuando decide salir a cazar, cuando quieres que su cuerpo sea un campo de batalla y que los genitales de ambos son enemigos que buscan ser ganadores de esta guerra de egos.

No le digas que quieres hacerle el amor buscando garantía de que por amor, aunque apestes en la cama, te sigan haciendo ese amor por amor, de insatisfecha, no busques que busquen en otro lado el cuerpo animal que le falta a tu acto limpio y amoroso. No te mientas a ti mismo ofreciendo algo que no vas a poder hacer sólo por rapar.

De igual manera señorita, no se acerque a mi diciendo que quiere que le haga el amor, no me asuste, no me espante, no me de ese cargo de conciencia, esa reponsabilidad de mantener embriagadas sus ilusiones, no me maltrate la líbido de esa manera. ¿Sabías que cada vez que le pides a un hombre que te haga el amor te sale una estría en las tetas?. Por favor, si vas a acercarte a mi, si quieres que hagamos algo en tu cama o en el baño de éste centro comercial, prefiero que uses palabras como: Métemelo en el baño, vamos a mi casa por una copa de vino, cógeme en el sofá, vamos a mi casa para sentirme más cómoda hablando, me dieron ganas o algo tan estúpido como “el agua de mi casa sabe mejor que las que venden en botellitas”.

No me pidas que te haga el amor, no me des señales de que serás un polvo inolvidable, pero por lento y con un “te amo” incómodo a los dos meses de conocernos. No me pidas que te haga el amor para que al final del día me vaya para mi casa pensando que querías que pusiera el “concierto de aranjuez para relajarnos juntos.”*

No pidas que te haga el amor cuando lo que debemos hacer es dejar que nos guíe la parte animal de nuestros instintos.

Dylan José

*Guácala, Arjona.

Fuente: Deconstruyendo la frase: “Hacer el amor”.

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Cambio de vida

junio 25, 2011

Cuando uno cambia de entorno no sólo deja un lugar, deja sensaciones, elementos culturales y gastronómicos, costumbres, hábitos y una infinidad de cotidianidades que hacen difícil el acostumbrarse a lo nuevo. Pero lo peor es que uno deja gente: colegas de trabajo, amigos, familiares, y a veces a esa “persona especial”.

La ausencia de esa gente es la que hace todo más difícil, pues aunque (como en mi caso) vuelvas a donde aquellos que estuvieron a tu lado toda tu vida, en el fondo se siente como si dejaras tu verdadera vida detrás.

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Los … Cierres.

junio 13, 2011

Sepan que los puntos suspensivos los deben leer con el fonema “piiiiii” de censurado y pueden darse la libertad de llenarlos mentalmente con cualquier palabra despectiva, insultante o grosera que se les ocurra.

Si bien los cierres son necesarios y son tan parte de la vida como los inicios, siento que suelen ser mucho menos divertidos y muuucho más traumáticos. Acá les pongo algunos ejemplos a ver si entran en mi línea de pensamiento:

Laborales: los artes finales
Un buen ejemplo lo sabe todo aquel que ha trabajado como diseñador gráfico, comunicador, periodista o publicista y es el envío del arte final, ese proceso agobiante y robotizado en el que suelen cometerse los más épicos errores. Es de lo peor: revisiones, correcciones, que si tipografías, que si imágenes, que si pedacitos de contenido, que si… Es como volver a hacer el trabajo de nuevo pero sin el factor de emoción y el desborde de creatividad inicial.

Sentimentales: los cierres en las relaciones.
Vale, entendemos que la cosa no va a ningún lado y que hay que ponerle sino un punto y final, al menos punto y aparte, pero ¿quién disfruta terminándolas? salvo los mentalmente jodidos creo que nadie la pasa bien tirando aquello que inició con ilusión, fantasía, ganas de compartir sueños, de emprender un camino juntos y de ir en busca de la felicidad. Eso sin contar el alto número de aterrizajes forzosos que aumentan en sobremanera los traumas naturales de la situación.

Personales: las mudanzas.
Por chula que sea la casa o ciudad nueva el mudarse sólo puedo describirlo como horrible. Meter tu vida en cajas es casi desmoralizante, tener que tirar objetos hacia los que tienes cierto apego emocional es algo cercano a deprimente y cargar con todo aquello… ¡ni que fueramos tortugas o caracoles! Es evidente que no estamos físicamentes diseñados para andar con la vida a cuestas.

Vamos y como mencione la muerte la liamos… Pudiera seguir poniendo ejemplos hasta la saciedad, pero creo que han entendido mi punto: como casi todo ser humano confieso que yo odio los cierres y por desgracia esta semana de vida no es más que eso.

Buen lunes a todxs, que lo que viene sea leve y tenga (por algún lado) un “final” feliz.

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Infidelidad geométrica

junio 4, 2011

Confieso que yo no creo en la infidelidad, en mis 26 años de existencia he aprendido que no la entiendo y he llegado a la conlusión de que el concepto no cabe en mi cabeza. No escupo para arriba, ni digo “de esa agua no beberé”… Pero sí veo que a veces gracias a ella se logran unos líos indescifrables: las complicaciones, los daños, los terceros, cuartos y quintos que pueden estar involucrados forman unas figuras que parecen más bien clases de geometría y no relaciones interpersonales.

El equipo de Cinismo Ilustrado lo ha graficado pasando desde la línea hasta el círculo y tipificando según en qué clase de personajes o entornos se encuentran estos complicados panoramas. Como infográfico está muy chulo, en la realidad debe ser un auténtico horror y espero que la vida nos libre de formar parte de alguna figura que trascienda “la línea”.

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Tipos de Ex (demoníacos/as)

abril 10, 2011

En el post ¿Qué tienen en común tu ex y las cookies? ilustraba como algunos exes pueden llegar a ser como las cookies que acumula el navegador al utilizar internet. Ahora, si bien en cierto que muchos/as no son más que esa basurita que ralentiza nuestro ordenador con información y peso innecesario, también es cierto que hay distintos tipos de ex.

En este gráfico, llamado “EvilEx” preparado por el siempre interesante equipo de CinismoIlustrado, podemos ver algunas de las categorías en las que pueden entrar estos personajes de nuestro pasado.

Yo me rio con estas cosas porque aunque son muy caricaturizadas y puestas al extremo, tienen una dosis tan alta de realismo que sorprende. ¿Qué les parece? ¿Ponemos rostros a los personajes?

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Desconocidos que se miran

febrero 26, 2011

Sin saber el por qué detuvieron su andar, era como si alguna fuerza sobrenatural les impidiera seguir caminando. Buscaron vagamente enterderlo pero no hicieron más que elevar las miradas, que coincidieron -a distancia- y conectaron. Se quedaron congelados por unos segundos que parecieron años hasta que la marea humana les obligó a continuar su camino. Y no volvieron a verse.

Aquellos dos desconocidos se habían acariciado el alma con los ojos y habían marcado en ella su territorio. Se convirtieron en protagonistas de los sueños mutuos, sus fantasías ya tenían rostro y no dejaban de buscarse entre las multitudes, con la esperanza de poder tan solo observarse una vez más.

Los esfuerzos parecían vanos, pasaba el tiempo y no daban señales de haber sido reales, ambos habían llegado a la conclusión de que aquello había sido producto de la imaginación o de algún tipo de alucinación matutina.

Hasta que un día el destino les obsequió la fortuna de coincidir en espacio y tiempo. Nuevamente se miraron, pero esta vez -y al unísono- rompieron el hielo que arropaba sus cuerpos, se acercaron lentamente, esquivando obstaculos, personas y tropezando con todo lo que intentó interponerse.

Una vez de frente, sin decir una sola palabra se tomaron de las manos y caminaron juntos. Se olvidaron el mundo y aterrizaron fantasías, se dijeron palabras sin sentido, promesas impulsivas y verdades a medias. Lo que los unía era tal que tras una temporada de estar ensimismados decidieron que era mejor alejarse para siempre, ambos tristes pero concientes de sus respectivas realidades aceptaron la propuesta, pero ninguno de los dos se marchó jamás.

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De la exhibición de los trapitos sucios

febrero 19, 2011

Nadie es perfecto, mis padres y mi familia inclusive. Pero si hay algo en lo que siempre hicieron un énfasis casi sobrenatural es que las imperfecciones no deben mostrarse al mundo.

Aquello de que los trapitos sucios NO se sacan en la calle era el pan de cada día. Incluso recuerdo estando en “eventos sociales” los pellizcos de las Sosa -herencia directa de mi abuela que mi hermana y yo también hemos adquirido- que sabían ir haciendo daño al infante sin demostrarlo a los que le rodeaban, todo bajo la intimidante amenaza de “si gritas te enterarás”.

Pues en mi casa me enseñaron a nunca salir a la calle con las lágrimas, a cuando niña no gritar en público y a entrar al baño para discutir ¡en susurros! porque ante el mundo se debía mantener la sonrisa y la compostura.

Todo esto viene por un episodio que me tocó escuchar ayer acá en Madrid, que me hizo preguntarme si ese respeto a la privacidad -que con tanto esmero me enseñaron- estaba ya perdido.

La señora del piso de arriba -quien en estas dos semanas ha sido protagonista de infinitas riñas familiares- vociferaba a los cuatro vientos amenazas y maldiciones a su hijo, que al parecer jugaba en la calle. ¿Cuál es el problema? pensarán algunos, y es nada más y nada menos que la vecina vive en un piso 11 (12 si contamos el bajo) ¡ya pueden imaginarse el volumen de su voz!

Entiendo que usted está en su casa y que tiene derecho allí dentro a hacer lo que le salga de su real gana. Pero, si está conciente de que en Madrid “las paredes son de cartón” y todo se escucha entre vecinos ¿no debería -auqnue sea mínimamente- preocuparse por que ellos no se enteren de todos sus problemas matrimoniales y con los hijos?

Confieso que el otro día me la encontré en el ascensor y me dieron ganas de recomendarle que pillara a todos los que bajo su techo habitan y los llevara a una sesión de terapia. Pues aunque no soy quien para juzgar a su familia, si lo soy para lamentarme de las intrusiones a mi privacidad que hacen con su falta de decoro.

Repito:
Mis padres no serían perfectos, pero si hay algo que me enseñaron bien es que “la vainas” deben caer dentro y los problemas conevrsarse en privado.

¿Será que ya pasó de moda y que da igual perder “el glamour” ante el mundo? Yo sinceramente no lo entiendo, ni pienso hacerlo parte de mi vida.

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