Posts Tagged ‘ruptura’

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La mala suerte de romper un espejo

noviembre 13, 2011

Desde que tengo uso de razón he escuchado que romper un espejo da mala suerte, algunos le ponen fecha a la duración de la desgracia, otros la dejan “sin apellido”.

Ayer me desperté sofocada, habían descontinuado la energía eléctrica en mi zona y entre el calor, los mosquitos y el ruido, Morfeo no aguantó más y “me sacó los pies” devolviéndome a la real realidad. Esforzándome por hacer las paces con él procedí -toda adormilada- a abrir las ventanas, y de un momento a otro sentí un CRASSGHSGSGHSH fuertísimo a mis pies (literalmente). Sin querer había dejado caer un espejo de unas 17×22 pulgadas.

Perpleja y congelada frente al caos que mi torpeza acaba de producir pensé: claro, romper un espejo trae mucha mala suerte, no sólo lo pierdes y tienes que gastar dinero en comprar uno nuevo, tienes que limpiar el desastre y para colmo tienes todas las posibilidades de acabar cortándote en el proceso o después, porque si hay algo que siempre aparece tras una ruptura de objetos de vidrio son pedacitos traviesos y maliciosos.

Y ahí me di cuenta de que muchas “maldiciones” puede que simplemente sean la forma de reflejar los problemas que traen, como consecuencia, ciertas cosas que nos suceden en la cotidianidad.

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Sabia naturaleza

mayo 2, 2010

Compré un bambú para cada uno, cuando sentía que la relación merecía tener un símbolo vivo que nos recordara, en nuestras respectivas moradas, que algo superior a nosotros mismos existía entre ambos.

Cuando habitamos juntos ambas plantas daban un toque de complicidad que creaban un equilibrio perfecto en la estancia en que se encontraban.

El bambú de él crecío en dos direcciones y pasado un tiempo comenzó a mostrarse amarillento y enfermo. El mio sin embargo creció recto y hasta la fecha mantiene su característico verdor.

Por razones de la vida nos separamos y decidimos que las plantas debían mantenerse juntas en la nueva casa donde estaría yo. Pasados unos meses él se encontró ante una bifurcación sentimental y al igual que su bambú, enfermó de corazón y espíritu marchandose para siempre de mi lado. Yo luché por no descargar la ira en la plantita que carecía de culpabilidad ante los hechos y la cuidé hasta que murió el último milímetro de su ser.

En el fondo siempre vi en ambos regalos un reflejo de aquel al que amé y uno de mí misma, por lo que decidí que sólo el tiempo sería capaz de dictar la sentencia final y de eliminar, de forma definitiva, los vestigios y daños que el causó.

Hoy me siento libre, porque ya no hay nada vivo que me recuerde su existencia, convirtiéndolo así -formalmente- en un fantasma más de mi pasado.

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