Posts Tagged ‘metro’

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La loca del penúltimo metro

febrero 4, 2011

Dicen que había una loca que andaba en el metro de Madrid por ahí por las doce y trenta de la madrugada de hoy.

Que caminaba al ritmo que le marcaba la música emitida por sus inmensos audífonos azul y verde, que tenía exceso de colorete en el rostro, que de su la cartera se asomaban tres plantitas de bambú de la suerte y que cargaba una bolsa gigante con: un libro sobre Cuba, un muñeco de lana violeta del pulpo Paul, una pelota de baloncesto y un caldero.

Pues les informo que esa loca era yo, sufriendo de una alergia “bronceante” y cargando con lo último que quedaba de mi mudanza. Confieso que estos objetos reprensentan a mucha gente querida y que fue divertido el ver las expresiones de quienes coincidieron conmigo en el trayecto al que a partir de hoy es mi hogar de acogida.

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Conciencia silenciada

noviembre 10, 2010

Hace algunos meses perdí mi abono transportes (ese que permite que andemos libremente tanto en metro como en bus en Madrid) y como confesé en el post titulado “Creo en el karma y en los milagros” experimenté una gran felicidad al ver que aún había gente honesta que devolvía lo ajeno, sobre todo por la frustración de pagar unos 50€ que no estaban en presupuesto por idiota y despistada.

El domingo, en el concierto de MTV, el karma me puso a prueba y colocó ante mis pies el cupón de un abono de nada más y nada menos que la zona B2 (una de las más costosas). La tentación de quedármelo, sobre todo en este mes en que no tengo un abono, fue inmensa, pero la voz de mi conciencia (dígase mi madre) me recordó aquella paz y alegría que me dio la devolución del mío y me dijo, para mí a modo de maldición, que tanto lo bueno como lo malo se devuelve.

El lunes no me sentía bien, ayer era feriado, pero hoy, cargada de un extraño e indescriptible sentimiento, he ido a una de las estaciones más cercanas y devuelto lo que no me pertenecía. Tenía que callar la voz de mi conciencia.

Claro, a mi no me pasan las cosas de forma normal, hubiera sido muy aburrido el entregarlo y yastá.

Cuando, frente a la ventanilla le dije al chico: “Quiero devolver esto”, el se quedó mirándolo, mirándome a mí también y me puso cara de idiota en plan ¿QUÉ DICES?
A lo que volví a repetir: “quiero devolver esto, lo he encontrado y no es mío” él lo tomó y lo miró nuevamente y luego me miró a mí y me dijo: “Hummm…. vale”. Yo me quedé en frente y le dije “¿y no me darás algún papel que diga que lo he entregado?” Y ahí reaccionó, sacó una libreta numerada y timbrada, me pidió mis datos, lo reportó como objeto perdido y me pasó mi copia. Para mí que es tan inusual lo que yo estaba haciendo que el chicuelo no se lo creía y se quedó frisado ante mis actos, eso o pensaba regalarle el cupón a algún amiguete.

Pero bueno, esperemos que la persona dueña del cupón NYU421 de la zona B2 para el mes de Noviembre de 2010 no perdiese la fe y que la vida le permita volver a tener en sus manos lo que no pertenecía a las mías.

Yo hoy he limpiado mi conciencia y aunque el diablito en mi me llama estúpida, la sensación de que sigo siendo un ser honesto lo supera.

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“Oloroso” trayecto

septiembre 20, 2010

Que quede claro algo: yo respeto todas las profesiones y entiendo que aunque algunas sean menos de mi agrado que otras no quiere decir que no sean útiles o necesarias para que la sociedad funcione relativamente bien.

Con esto aclarado inicio el cuento de lo que me pasó:
Entro al metro, veo un asiento, camino hacia el y me acomodo. Noto que en ese bloque hay sólo hombres y todos con un aspecto un tanto “rudo”, pasó del tema por que ¡total, como sí realmente me importara! Pues eso pensaba hasta que me importó.
Parece, y eso yo pecando por asumir, que los chicos que me rodeaban trabajaban síno en una marisquería como mínimo en una importadora o distribuidora de frutos del mar. Vamos que ese rincón del vagón apestaba a pescado y cualquier otro bicho de esos que le rodean.

Por no ser descortés opté por quedarme allí y tratar de respirar lo menos posible, lo cual obviamente no funcionó y no iba más que a lograr un cambio camaleónico en el color de mi rostro. Al parar el metro en la siguiente estación lo vi claro, o me cambiaba de vagón o vomitaba, y claro ¡cambié de vagón! Para mi dicha la chica que estaba al lado del nuevo asiento era una de estas que se baña en cremas y esencias porque olía cual perfumería en sus buenas.

¿Será que me desperté con el olfato sensible ese día o que de repente a los madrileños les dio con ser “olorosos”?

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Y me caí de las escaleras

septiembre 17, 2010

Sip, se hizo realidad ese miedo que siempre tenemos cuando llueve, está nevando o simplemente vemos algo irregular en el terreno.

Estaba bajando las escaleras del metro, desde hacia al menos una hora había estado lloviendo y yo llevaba unos zapatitos que me costaron 5€ en especial (ya se imaginan la calidad de la fijación al suelo que tienen).

No estaba corriendo, incluso estaba caminando a un ritmo mucho más lento de lo normal, de repente no se ni cómo ni por qué estaba sentada en uno de los escalones. Me había caído y la chica que bajaba delante mío se volteó a preguntarme sí todo estaba bien y sí me había hecho daño, por lo que supongo que al menos un buen estruendo habré causado.

Lo malo es que al caer me apoyé con la mano izquierda, la misma que desde el día anterior me molestaba un poco y que a raíz de la caída me molesta más.

Pero bueno, es lo que tiene ¿no? Por algo dicen que al dedo malo todo se le pega.

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Brinco en el metro

septiembre 6, 2010

Para que se rían, hoy al salir de la ofi no sólo me dormí en el metro sino que mi cansancio era tal que lo hice de una forma tan profunda que lo que me levantó fue el brinco que di “al caerme de la escalera”, si la escalera que estaba sólo en mis sueños ya que estaba sentada o mejor dicho echada en el asiento…

Me pregunto qué habrá pensado la doña que estaba a mi lado re-concentrada en un libro, supongo que mi salto la asustó a ella también.

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El poder de una carcajada

septiembre 4, 2010

El clásico “silencio” del metro de repente fue roto por una inmensa carcajada, era un crío que probablemente no sobrepasaba los 8 meses. Inmediatamente en los rostros de todos los allí presentes, y cuando digo todos me refiero al vagón entero, se dibujaron radiantes sonrisas, fue un micro segundo tan divertido.

Es increíble el poder que tienen los bebés.

Este sin saberlo cambió el humor de todos nosotros y nos convirtió en un vagón de gente feliz. Me alegrá de haber sido parte de ese fenómeno, especialmente luego de lo que puede considerarse un día verdaderamente feo. Sin querer él eliminó mi problemas por un segundo y limpió el mal sabor en la boca que había dejado la jornada.

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Ligar en el metro

septiembre 1, 2010

Pues dentro de la serie de eventos bizarros que me suceden hoy se ha agregado uno nuevo a la lista.

Una chica con pinta de trabajadora sexual se montó en el metro…

Ojo: cuando digo lo de la pinta no es en forma despectiva, es refiriéndome a su vestimenta: ajustada a más no poder, los tatuajes caseros, cejas finas también tatuadas, tacones altos, maquillaje en exceso y postura casi más insinuante que el escote.

El punto es que esta chica se ha puesto justo en frente mío (pero de pie) y luego de un rato se acercó un hombre. Sinceramente no sé de que hablaron porte estaba con la música a tope, pero sé -por su mirada- que el la había objetificado y que ella le seguía el juego.

Luego de unos minutos parece que el expresó su deseo de quedar con ella por que se puso de frente y el sacó un boli del bolsillo, con el cual posteriormente escribió el teléfono que le estaban dictando. ¿Cómo se que le dio el teléfono? Pues por que ahí cambio la canción y escuché 6 3 y el inicio de la música.

Lo bizarro es que no estaba en zonas aledañas al metro, NO, estaba en el mismo vagón, eso para que vean que el que se pone pa la cosa liga donde y cuando sea pues la pobre chica, que probablemente estaba en su momento libre o camino a iniciar su jornada, acabó ligando y claro creando toda una escena ante los ojos chismosos de los allí presentes.

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