h1

Un gusarapo entre tiburones

diciembre 4, 2018

20181128_122403-01.jpeg

Hay situaciones que  te dejan preguntándote ¿y cómo fue que YO llegué aquí?  Para ver si te animas a leerlo todo, pues esto es largo, te resumo: a finales de noviembre estuve en Bruselas (Bélgica) en una conferencia co-organizada por entidades de las Naciones Unidas  junto a una Premio Nobel de la Paz, el ex Primer Ministro de Finlandia y muchos otros ‘peces grandes’. Llegué accidentalmente, hasta donde tengo entendido fui la única representante de la República Dominicana y hasta acabé exponiendo un póster y siendo ponente en uno de los paneles. Sí, ¡así de surreal como suena!

Resulta que, a raíz del Professional Fellowship de YLAI que hice en 2016 (iniciativa del Presidente Obama) fue creado un grupo de whatsapp que unía a gran parte de quienes fuimos identificados como “Líderes de las Américas”. Aunque a mí, por regla general, los grupos de Whatsapp me agobian,de cuando en cuando los reviso a ver qué tal y el 3 de noviembre vi un link que puso una de las chicas con la invitación a participar en una conferencia de la cual nunca había oído, pero que se veía bastante cool. Si resultabas elegido/a te cubrían la entrada de los tres días, que era la módica suma de 750€ (algo más de RD$42,500) pero no incluía ni pasajes aéreos ni hospedaje y el asunto era en Bruselas.

Por pura casualidad yo tenía previsto volver de República Dominicana a África en esos días, por lo que la escala en Europa era casi obligatoria. Así que, lanzando mi mejor patada voladora apliqué, total, ya tenía el NO y lo ‘peor’ que me podía pasar era que me eligieran, lo cual tampoco estaba nada mal.

El 8 de noviembre recibí un correo que cerraba con la siguiente oración: ¡Estamos ansiosos por verte en Bruselas! Te juro que tuve que leerlo más de 10 veces para darme cuenta de que implicaba la aceptación de mi solicitud, ¡así de lejos veía la posibilidad! Hice algunas llamadas para coordinar las fechas del pasaje, pero quedaba un tema crítico por resolver: el hospedaje, así que le escribí a una amiga que vive en Bruselas a ver si me dejaba usurpar su sofá por un par de días y su respuesta inicial fue que en esas fechas ella no estaría en la ciudad, pero que, a mi, me dejaba las llaves de su casa.

Catatónica ‘me rajé a dar gritos’. Sí, tal y como leíste me puse a llorar a cántaros como si cada lágrima me ayudara a aceptar el shock. Así fue como de un momento a otro mi plan de fin de mes había cambiado radicalmente y todo tenía MUY buena pinta.

Dentro de los emails de coordinación nos invitaron a proponer un póster que, de ser elegido, sería expuesto en ‘La Isla de la Juventud’, espacio otorgado al “United Nations Major Group for Children and Youth”, (UNMGCY) entidad que me acogía. Ahí vi la oportunidad de, por primera vez, presentar los resultados preliminares de mi doctorado. ¿El problema? Nunca había hecho un póster de divulgación científica y ni tenía en su totalidad la data que allí debía incluir. Tras algunas amanecidas y muchas correcciones mi propuesta de póster fue enviada, me pidieron una adaptación de formato y nunca supe más del tema.

Llegó “LA fecha” de irme a Bruselas y al día siguiente de mi llegada arrancó el ‘mambo’ con una reunión de coordinación. Honestamente nunca me relacioné mucho con programas y temas de las Naciones Unidas, de hecho, fuera de ser de la primera generación de jóvenes en participar en los Modelos de la ONU en la República Dominicana (hacia 2001-2003), mi interacción había sido más bien nula. En esa primera reunión me di cuenta de que esta gente hablaba en siglas y que tocaba con gran naturalidad temas y conceptos de los que yo apenas había leído, así que tendría mucho que estudiar en las próximas horas y así lo hice.

G-STIC 2018

Desde que llegué el 28 de noviembre busqué la famosa ‘Youth Island’ y para mi sorpresa ¡allí estaba mi póster! Ya con eso la conferencia había sido para mí un éxito, casi que podía retirarme pues incluso me servía para fines académicos como acción de difusión de los resultados de mi investigación, así que no cabía en mí de la alegría.

20181128_093738-01

Inició el primer día con la ponencia de Shirin Ebadi ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2003, ¿qué tan loco es eso? Era la primera vez que me encontraba en el mismo espacio y casi de frente con alguien que había sido reconocida con tal galardón y quien para colmo estaba expresando ideas de las que estoy escribiendo. Las intervenciones fueron sumamente enriquecedoras, se notaba que quienes tenían el micrófono no sólo sabían lo que decían sino que se preocupaban por generar un cambio orientado al logro de las ‘Metas de Desarrollo Sostenible’, eje temático del encuentro. Yo estaba más que contenta, tenía nuevo material tanto para mi doctorado y como para mis planes futuros y el grupo que me había acogido era realmente divertido y diverso tanto en áreas de interés como en nacionalidades.

Esa noche me llegó un mensaje: se había abierto un espacio para participar en uno de los paneles sobre educación y el coordinador de nuestro grupo había pensado en mí. ¿Te atreves? me preguntó. ¡Claro que sí, para mí sería un honor!, respondí, entendiendo que no era nada seguro, que él sólo me propondría y como era de esperarse yo, de nuevo, lo veía como algo casi imposible, porque ¿cuáles son las probabilidades? Así pensé hasta que, al día siguiente, recibí otro correo diciendo que su propuesta había sido aprobada, a lo que entré en un micro ataque de pánico.

Catatónica de nuevo ¡yo no entendía nada! hacía menos de un mes estaba en mi trocito de isla revisando un chat de whatsapp y ahora iba a ser ponente en uno de los paneles de una conferencia con invitados de la talla de los que allí estaban… De repente me sentí como ‘un gusarapo entre tiburones’, y la parte a destacar no es que ellos sean grandes y yo pequeña, es que por un breve lapso de tiempo ¡estábamos al mismo nivel!

Esa noche amanecí organizando mis ideas y me ayudaron a corregirla tanto en contenido, síntesis y traducción un grupo de gente que me quiere tanto como para regalarme su retroalimentación constructiva. ¡Qué suertuda soy de las amistades que me ha regalado la vida! (INFINITAS GRACIAS, ustedes saben quienes son).

El panel fue pequeño, acogedor y algo más informal de lo habitual… lo cual lo hizo perfecto para una expositora primeriza como yo. En las intervenciones siguientes se hizo referencia a algunas cosas que yo había dicho, lo cual me hizo entender que tan mal no estuve y luego llegaron felicitaciones, incluida esta que fue subida en un chat, por uno de los asistentes:

 

Screenshot_20181129-182609_WhatsApp-01

 

¿Qué me llevo de G-STIC y de UNMGCY?

Que da igual la edad o nacionalidad, nunca es tarde para ser joven de espíritu, para despertar ese deseo casi incontrolable de mejorar nuestro entorno, para llenarnos de energía y compartirla con quienes nos rodean, para ofrecer soluciones, retroalimentaciones, sonrisas, abrazos, gestos de bondad, para contribuir con causas mayores a nosotros mismos, para ir en busca de la realización de nuestros sueños y para dejarnos embriagar por la utopía de cambiar el mundo. Pero por sobre todas las cosas, que nunca es tarde para dejarnos llevar por nuestro instinto y salir al encuentro de aquello que nos apasiona.

Ahora, luego de haberles conocido por dentro, me arrepiento de no haber participado antes de actividades hechas por el UNMGCY y te quiero invitar a que le presentes sus distintas iniciativas a tus hijos, sobrinos, ahijados, estudiantes o vecinos. Ellos no sólo son motor de cambio colectivo, sino que ayudan a formar a sujetos con altos niveles de criticidad y extremadamente preparados para, literalmente, entender que tienen el mundo al alcance de sus manos. Me pregunto ¿dónde estaría yo hoy, si hace un par de años me hubiera involucrado?…

Eso fue lo que me llevé de tres surreales días en Bruselas, rodeada de gente con un nivel socio-político tan alto, que literalmente no puedo cuantificar y, al mismo tiempo, de una fantástica camada de ‘jóvenes con propósito’ en la que, por obra y gracia del espíritu santo fui incluida.

Moraleja, como decía mi estimado Orlando Amparo: “tírale a la luna y tumbarás un coco” pues como reza nuestro refranero: “Yerba que ‘tá pa’ un burro no hay otro que se la quite”.

Se despide de ti una YO que no se atreve ni a jugar la lotería en los próximos meses, porque te juro que ya en noviembre me gasté toda la cuota de suerte que me quedaba.

 

P.D.

Como si todo lo anterior fuera poco, acabaron invitándome a hablar en representación del grupo de jóvenes y bueno, mi carota acabó saliendo no una, sino dos veces en uno de los videos oficiales de la conferencia. Cuéntame, porfa… ¿qué te parece esta locura de experiencia?

Anuncios
h1

Adioses que duelen

noviembre 16, 2018

aristides-6x8c

La muerte duele siempre, pero siento que duele más cuando llega de sorpresa y en alguien como tú, tanto en edad como visión. Esta mañana recibí la noticia del fallecimiento de Arístides Rubio y luego de quedarme catatónica, exploté en llanto.

Él no sólo era un chico atento, educado, divertido, cortés, dispuesto a ayudar a quienes podía, como pudiera. Era un ser humano extraordinario, de esos pocos que no se conforman con serlo, sino que sienten ese llamado a HACER cosas extraordinarias.

Yo apostaba a él como futuro representante político de mi pueblo, e incluso llegué a decírselo alguna que otra vez a modo de broma pues, sin dudas apostaba a él como motor de un cambio positivo en mi país y mi región…

Recuerdo con especial cariño nuestras salidas en Washington justo para el cierre del fellowship de YLAI, programa que, entre otras cosas, me regaló la dicha de conocer sus dotes no sólo como profesional, sino como ser humano. Nos vimos casualmente en una de las calles que conecta a los museos y él, aunque ya los conocía a todos, se quedó a mi lado y cambió sus planes sólo para no dejarme sola. Me acompañó, me llevó a las mejores partes de cada sala de exposición, me resumió las explicaciones y asumió el trípode de mi cámara como si fuera una extensión de su cuerpo, liberándome de la carga y no sólo no me peleó por hacer fotos, sino que me ayudó a lograrlas mejor.

Otro día, en el hotel, agotados todos tras la intensa agenda, me lo encontré cuando iba de retirada a mi habitación: “¿qué te vas a quedar trancada?” Me preguntó sorprendido y agregó: “¡No, vas a subir a buscar tu cámara y vienes conmigo!” Me adoptó esa noche en la que pude conocer otra faceta de la ciudad, y de él (ahí le tomé la imagen que ilustra este artículo). Fue una divertidísima jornada en la que nos sirvió de guía turístico a mí y a otros colegas. “Algún día nos veremos ante estas aulas”, dijimos entre risas y suspiros al recorrer los pasillos de Georgetown University y ambos sabíamos que no nos referíamos a ser alumnos de tan renombrada casa de estudios, hablábamos de algo más porque teníamos en común ese deseo de dar lo mejor de nosotros y de hacer que alcanzara a la mayor cantidad de gente.

De inmediato, a nuestra llegada al país, me invitó a eventos y hace apenas un par de días, al darse cuenta de que yo estaba acá, me había invitado a otro… Este lunes estaba reservado para él, me invitó y sin preguntar mucho le dije que allí nos veríamos, pues evidentemente ya yo contaba con ese abrazo y sabía que si él estaba, lo que sea sería bueno y productivo.

Ese fue el Arístides que conocí, un sujeto excepcional que aprovechaba los recursos y conocimientos a su alcance para agradar, facilitar la existencia e impulsar el crecimiento de quien se encontrara en su entorno. Siempre con un chiste, con una sonrisa, con una mano tendida para ayudar, con un consejo sabio, con una historia jocosa… Aquellos que nos hemos atrevido a emprender en República Dominicana hemos perdido a un amigo y a un excelente colega, pero el país y la región han perdido más, él era un auténtico agente creador de cambio, él era el tipo de sujetos que nos hacen falta para ser mejores ciudadanos y países. Y lo mejor era que él lo sabía y que estaba dedicando su vida a prepararse para llenar ese rol, logrando gracias a ello muchísimo, pese a su corta edad.

Mi llanto pesa más, esta noche, por todas las carreras que Arístides ya no podrá beneficiar, por todos los jóvenes que se perderán de la dicha de tenerle como modelo a seguir, por todas las familias cuyas vidas hubieran sido impactadas por sus esfuerzos de, precisamente, crear un impacto positivo. Hoy nos han robado a uno de los buenos… Y esos son los que más duelen.

YLAI-postcard-final

h1

Yo, versión etíope

septiembre 5, 2018

PhotoGrid_1536189163169.jpgHablemos de cabello, y antes de arrancar debo decirte que ODIO los salones de belleza. Me estresan… MUCHO… básicamente porque me parecen una total y absoluta pérdida de tiempo. Súmale el que desde que era bebé padezco de asma alérgica y, aunque mis episodios son mínimos pues me dieron el tratamiento adecuado en el momento correcto, los olores de los químicos allí presentes suelen ser mis máximos enemigos por que junto al tabaco han servido de detonantes de mis peores crisis.

Además de que para mi no tiene mucho sentido ir a un lugar a pagar para que me maltraten (para eso ya están los abogados, ginecólogos y dentistas, por nombrar algunos de carácter obligatorio y sin animos de ofender a nadie) y (a diferencia de otros/as) yo sufro el calor de los secadores, los tirones cuando el cabello se enreda y demás efectos secundarios de estar allí.

Como ya debes saber, y si no sólo debes leer algunas entradas más abajo para ponerte al día, últimamente estoy pendulando entre América, África y Europa. Cuando llegué a Etiopía me fijé que en el día a día las mujeres suelen vestir de forma monótona (largas faldas, zapatos bajitos, abrigos y muchas veces bufandas para cubrir cabeza y hombros), pero usan interesantes estilos de peinado en su cabello, especialmente unas curiosas variaciones de trenzas que me resultan muy atractivas. Y si bien es cierto que no me gusta experimentar con mi cabello, también lo es el que desde que llegué tenía ganas de dejarme peinar por y como una local.

Hecha la introducción, me place informar que porfin ‘se me montaron los espíritus del cambio’ y fui a un salón de belleza a quitar ese item de mi lista de pendientes.

20180824_130157-01

En Etiopía aquello de la negociación no es un deporte: ¡es todo un arte! Y cuando llegamos Emebet y yo al pequeño establecimiento, que en mi ciudad natal sería calificado despectivamente como “barrial”, los primeros 10-15 minutos fueron protagonizados por una acalorada discusión sobre la posibilidad de hacer lo que yo deseaba y su precio.

La verdad es que yo quería un resultado aún más “étnico”, pero me dijeron que tenían ponerme cabello de mentira, que es

(a) 100% humano y por tanto carísimo (además de mega bizarro para mi)

(b) 100% plástico, dígase puros hilos de nylon (que dan la impresión de que harán combustión espontánea al primer cambio de temperatura).

Así que dejé de llevar esto de inventar al extremo y opté por hacerme un peinado en su versión más básica. Lo cual implicaba, además, menos tiempo y menos dinero 😁.

Inicialmente quisieron cobrar 120birr, Emebet ya me había dicho que solía oscilar entre 30-50birr, por lo que me lo encontré abusivo y me negué. Pasaron diez minutos más de acalorada discusión hasta que llegaron a un acuerdo, la hazaña me costaría 60birr (equivalente a menos de USD$2.2 / 1,9€ / RD$110) Eso lo podía aceptar, así que procedimos. Ojo: no es una cuestión de dinero, como dice mi amiga Paula Sofía: ¡es una cuestión de principios! Y acá agrego que una cosa es ser extranjera y otra ser pendeja (mis disculpas por el uso de la palabra, pero no se me ocurre ninguna otra que refleje el sentimiento de forma tan precisa).

Me senté en la incómoda silla y una joven y rolliza mujer comenzó a descargar la ira de los dioses en mi cabeza, al punto de que tuve que pedir piedad en múltiples ocasiones y hasta memoricé como decirlo en amárico, para que no alegara estar ‘lost in translation’. Embet (en la foto vestida con mangas largas) se dio cuenta de mi sufrimiento y acudió al auxilio, sosteniendo fragmentos de mi cabello para evitar que se enredaran al ser trenzados.

20180824_131630-01

Como es costumbre en Etiopía, fue fácil volverme ‘la sensación del entorno’ (la mayoría de los expatriados lo somos. Algunos/as curiosos asomaban las narices para ver qué pasaba y una de las chicas que allí labora se dedicó a observar, aún no comprendo por qué no se dio a la tarea de ayudar, pero he aprendido a aceptar que las cosas acá son pero no se entienden y punto… Era evidente que allí no era común tener extranjeras y ya me he ido acostumbrando a ser mirada como el ‘bicho raro’ e incluso a que de vez en cuando a la idea de que puede que sea tocada, como si mi piel pudiera transmitir algún tipo de ‘algo bueno’ que ellos/as quieren.

20180824_132332-02

El proceso transcurrió mejor luego de que, tras gritos, quejas y lamentos, logré que la chica entendiera que mi cráneo no tenía la resistencia a la que ella estaba acostumbrada y como sólo quería ‘media cabeza’, fue mucho más rápido de lo esperado. Lamentablemente no lo suficiente para poder ir al micro estudio fotográfico de al lado a hacerme las fotos que deseaba por lo que me quedaba claro que tendría que hacerlas yo misma y que no contaría con la magia de la iluminación natural.

20180824_132310-01

Como recordé el lío que puede llegar a ser el quitarse las camisetas cuando se acaba una de ‘hacer el pelo’ me había puesto una camisa de botones y con ‘esa pinta’ fui a un encuentro que tenía agendado. Se hizo evidente que me veía curiosa, por decir lo mínimo, cuando me vi frente al espejo y cuando un amigo bautizó ‘mi estilo’ como un “Kumbaya-lumberjack look”… ¡Gracias! 😒

 

20180824_151445-01

A mi retorno me ‘quité el feo de arriba’ con un poco de maquillaje y preparé un improvisado set fotográfico, moví cuadros, lámparas y mobiliario para tener un asiento frente a una pared blanca y luego hice un gran esfuerzo por no parecer subnormal en las fotos, lo cual fue muy difícil pues mayormente soy la que está detrás de la cámara y no delante. La tarea fue más complicada pues fui ‘modelo’ y fotógrafa al mismo tiempo, disparando remotamente desde mi teléfono y procurando que no se notara que estaba en modo Bugs Bunny.

IMG_2368-01

 

Dadas las precarias circunstancias luminosas, los colores y contrastes resultantes fueron un asco, busqué adecentarlos hasta llegar a la conclusión de que mejor eliminarlos del todo y luego me pasé las próximas horas seleccionando y mejorando de la no tan extensa variedad, las imágenes menos malas.

IMG_2319-01

Hice una prueba enviado un buen par a algunas amistades que estaban conectadas en ese momento y recibí retroalimentación que variaba desde: ‘😍’ y ‘estás hermosa’ a ‘te ves como una malvada’, pasando por ‘parece que te quitas una lechuga de entre los dientes’… Te juro que debo analizar mi círculo de amigos, pero esos son temas más profundos.

IMG_2343-01

Confieso que fue un entretenido experimento, inspirado en esos de la actriz y modelo dominicana Diarinel Meliva. Y aunque se ve fácil, aquello de no verse igual en todas fotos es toda una ciencia, una que yo evidentemente no domino aún y que aplaudo a quienes sí lo hacen.

IMG_2329-01

Esa es la historia de cómo acabé con la cabeza decorada y con serias dudas de cómo se quitaba este asunto, sin romperme todas y cada una de las hebras implicadas 😜  Y ya me callo, no sin antes agradecer que leyeras este listín hasta el final y decirte que me encantaría que me comentaras qué te parecen tanto el peinado como las fotos.

IMG_2346-01-01

Besos,

M.

 

PD: Acá la galería de otras de favoritas, tanto del proceso como del resultado.

h1

Etiopía · Sur · Tribu Dorze



mayo 9, 2018

Saludos saludables, por acá de nuevo para continuar poniéndote al día y contándote el resumen de lo que pasó en estas últimas semanas. En mi post anterior te dije sobre nuestra llegada al sur de Etiopía, así como que un alemán y dos dominicanas (hasta donde tenemos confirmado las únicas dos en el país, porque NADIE acabó dándome el contacto de ningún otro dominicano acá) agarraron la pista. Y claro, sobre nuestro encuentro cercano del tercer tipo con los cocodrilos e hipopótamos. Si te lo perdiste, échale un ojo en: Etiopía · Sur · Lake Chamo para que esto te haga sentido.

Ahora toca la segunda parte de este día (31/Marzo), ¡porque caramba, estos días rindieron más que el arroz blanco o una funda de coditos! Cuando salimos del restaurante nos dirigimos a la zona de la Tribu Dorze quienes (no muy lejos de la ciudad de ‘Arba Minch’) tienen su comunidad y unas interesantes casas (que según ellos imitan la forma de los elefantes) hechas de materiales 100% naturales y, sorprendentemente, algunas tienes más de un centenar de años en pie. ¿Lo más curioso? Si la temporada de lluvia afecta irreparablemente la base del hogar, ellos literalmente mueven la casa y si aún así no se soluciona el asunto: pues le cortan un pedazo a su base o.0 ¡Al parecer esta gente se toma muy en serio aquello de soltar en banda!

ETH-SUR-Dorze_IMG_20180331_213000_350

La Tribu Dorze nos impresionó pues ha asumido una especie de ‘casa modelo’ y casi que un museo vivo, pues cuando llegamos nos dieron la bienvenida, nos explicaron sobre las características de las casas: su longevidad (pues algunas son centenarias), la técnica de construcción que usan: manual y valiéndose de elementos del entorno, el factor social de la reparación pues son los jóvenes y hombres de la familia los que cargan, mueven y restauran las viviendas.

Pasada la explicación del aspecto exterior de las casas, nos permitieron ingresar al interior de una. La micro entrada sirve de espacio social semi exterior y de cama para visitantes, ahí Pau y yo nos hicimos una foto y bueno, juzga con tus propios ojos las proporciones.

ETH-SUR-Dorze_IMG_5189fx

Luego pasamos a un oscuro espacio común, con algunas sillas y un montón de cosas que colgaban de las paredes: instrumentos, prendas de vestir y utensilios del hogar mayoritariamente vasijas tipo higueros.

Un intenso olor a ganado aumentaba conforme nos acercabamos a la pared posterior que conecta con el espacio donde se encuentran los animales. Sí, leíste bien, dentro de la casa hay animales. ¿La razón de ubicarlos TAN cerca de la familia? ¡Mantener el calor! De hecho el espacio de los animales cuentan con una especie de hueco/ventana para poder tirar los deshechos.

Allí tomamos asiento, atendimos a la explicación de nuestro guía local de cada detalle y parte del hogar, el proceso de convivencia, el matrimonio y demás momentos de la vida familiar. Nos mostró uno de los instrumentos que más usan, el cual me evocó mi época de practicar capoeira (hacia 2007/-8) pues la forma de sostenerlo es similar a la de el toque del berimbau y nos intentó enseñar, brevemente, cómo funciona el asunto.

ETH-SUR-Dorze_IMG_5202

Nosotros lo intentamos, ahora… No diría yo que fue la gran cosa lo que logramos que él nos respondiera ¡no!… Luego de haber conocido la casa por dentro eso pasamos a un pequeño espacio exterior donde exponen algunos de los principales componentes de su rutina y estilo de vida:

ETH-SUR-Dorze_IMG_5244fx

La forma en que trabajan el algodón para producir los manojos, el cómo realizan el producto que consumen día a día, que es una especie de pan de ‘fake banana’ (entre otras cosas) que conlleva un período de fermentación de varias semanas, sino meses. Yo hice el intento de ver klk con la forma en que extraen la materia prima y te puedo decir que no es un cachú y que se saca molleros porque nada más lo hice dos minutos para ver cómo se sentía y acabé con dolor de brazos.

ETH-SUR-Dorze_IMG_5268

Pasamos a un tipo como de community lodge que, si mal no entendí, fue creado algunos miembros ricos de la comunidad y con ayuda internacional, donde los turistas pueden alquilar las pequeñas ‘chozas’ y vivir como la gente de la tribu. Nos sentamos en uno de los espacios comunes y, luego de haber visto el cómo preparan esa especie de pan, base de su gastronomía pudimos degustarla (honestamente me evocó sabores a paja y el olor a saco / yute). Nos pusieron como ‘dip’ miel pura, que sabía extremadamente extraña y berbere (barbarí, la especia etíope de la que te hablé hace un par de posts).

ETH-SUR-Dorze_GOPR9189fx

Luego nos pusieron sobre la mesa un shot de su bebida tradicional que, sin ánimos de ofender a nadie, creo que es una de las cosas más horribles que he probado en toda mi vida. Para que entiendas: esto es alcohol puro con ajo, romero, especias y otras cosas más que ni sé, ¡ni me interesa!… ¡PURO HORROR! Confieso que yo no pude tomar más que un sorbito, Paula y Roland le dieron con tó, mis respetos a ambos por su valentía y fortaleza estomacal y sus deseos de espantar a los vampiros con su aliento ajístico. Si quieres reír dale zoom a los rostros de Roland y mío, que ahora que los veo ¡son un poema! 😛

ETH-SUR-Dorze_IMG_5342

Una vez sonados por el fuetazo que deja el sabor de esa bebida, pasamos a una zona con microtiendas (si soy optimista) o paredes que exhiben bufandas y productos locales con precios que varían desde lo regalado hasta lo ridículo y, luego de mucha observación y alguna que otra comprita nos fuimos. En la salida de la zona volvimos a pasar por chiringuitos y nos compramos unas bufandas con vibrantes colores, si me hubiera dejado llevar por las ganas nos paramos cada tres segundos… Y nos gastamos el presupuesto del viaje, por suerte mi autocontrol supera mis ganas de tener cosas chulas de los lugares que visito.

El autobus nos llevó de retorno al hotel, dejamos todos los ‘motetes’ en la habitación y nos fuimos a la zona del restaurante pues teníamos un increíble deseo colectivo de una tomarnos una cerveza fría, pero no vestida de novia pues los tres estamos claros de que eso sólo se consigue en RD y que acá no sería más que bueno… ¡una paja mental!

Y ya para terminar un extraordinario día, resulta que la luna estaba con la coquetería revolteada, así como decía aquella la canción, regalándonos no sólo su versión llena a más no poder, sino que por ser la segunda del mes, esta era también una ‘blue moon’. Ante tremendo espectáculo no quedó más que, a fuerza de pura experimentación y contorsionismo (pues no teníamos el trípode a mano y ese lente pesa más que una cadena perpetua) pude sacar esta imagen.

ETH-SUR-Dorze_WhatsApp-Image-2018-04-30-at-19

Ya de nuevo paro de escribir que en el post anterior no me dijeron casi nada y ahorita ya no me está leyendo nadie porque me pasé de aburrida… ¡A saber!

Si sigues acá, pues un abrazote desde África 🙂
M.

h1

Etiopía · Sur · Lake Chamo

mayo 7, 2018

Saludos saludables,

Por acá quiero ponerte un chin al día y contarte lo que pasó en estas últimas semanas.

Tengo que confesar que cuando a mi me dicen me voy a ir a un lugar nuevo una de las primeras cosas que hago es googlearlo para ver ‘klk’ ¡y Etiopía no fue la excepción! En mi búsqueda salieron, entre otras cosas, las tribus del Valle del Omo (sí, se llaman así mismo como el detergente) y desde que vi las fotos quedé fascinada pues es el tipo de cosas que salen en National Geographic o Discovery Channel. Me prometí a mí misma que iría y justo ahora, algunos meses después de mi llegada y tomando como excusa mi cumpleaños, pude cumplir mi auto compromiso y mi semana aniversaria se la dediqué a conocer las tribus del sur de Etiopía y posteriormente, en una continuación de la travesía, nos dimos un salto a conocer los más históricos destinos del norte.

Y fue así como, cuando cumplí 33 (el 30 del mes 03), el nuevo año de vida me agarró de la forma que yo quería: en medio de la aventura. ¿Lo mejor? Me acompañaron dos de mis personas favoritas del mundo mundial:
· Mi medio aguacate, dígase mi esposo Roland
· Mi ami-hermana (desde hace más de 25 años) Paula Sofía Espinal, quien pasó más trabajo que un catre viejo para venir desde RD y complacerme al ser mi primer regalo de cumple y la primera persona que viene a visitarme a África.

Marichams-ETH-SUR-00-us-IMG-20180331-WA0016

¿El segundo? Claramente el viaje que arrancamos casi de inmediato. La pobre Pau no acababa bien de llegar cuando se dio cuenta de que su maleta no había llegado, Murphy haciendo de las suyas para agregarle chispa al asunto. Y para colmo el plan era iniciar, prácticamente de inmediato, un trayecto de unas 8 horas en vehículo hacia la ciudad de ‘Arba Minch’ (que hasta aereopuerto tiene, pero el presupuesto no daba para avión).

Volviendo al punto…
Sí, entendiste bien: acabamos de llegar de conocer algunas de las más famosas tribus que aún existen en África y de ir a ver unas estructuras que parecen hechas por los alienígenas… y no, ¡no te estoy ‘tripiando’! Pero paso a paso y poco a poco, que hay demasiada info que procesar y compartir al punto de que casi me agobia todo lo que quiero contar (¿tiene sentido que me pase eso?).

Partamos por el SUR
Algo que debes entender es que en Etiopía existen más de 150 tribus y grupos étnicos con idiomas y estilos de vida extremadamente diferentes y es el sur del país donde se encuentran los grupos que han sido menos ‘afectados’ por la modernización y cuya realidad los deja, en buen dominicano, ‘má atrá quel’ último’, pero al mismo tiempo sin haber perdido aún del todo su autenticidad. Además de la diversidad a nivel humano, esta zona tiene regiones de magnífica diversidad tanto en la flora como en la fauna y claro, una de estas fue nuestra primera parada.

Para que te lo imagines en el calendario, Pau llegó el 30 y el 31 de marzo fue el día que oficialmente arrancamos la aventura. En la mañana nos fuimos al ‘Lago Chamo’ donde pudimos ver tanto hipopótamos como cocodrilos en su entorno natural. Toma en cuenta que cuando uso el plural no exagero: te juro que en un momento hasta me dio ‘teriquito’ el darme cuenta de que estábamos en un bote literalmente rodeados de al menos 15 cocodrilos GIGANTES y para muestra… una foto donde puedes ver un buen par.

Marichams-ETH-SUR-00-IMG_5041fx

Lo más cool es que justo en este viaje estaba estrenando una nueva óptica para la cámara, ideal para capturar vida salvaje, lo cual me permitió disfrutar de la experiencia como si estuviera a milímetros de distancia y apreciar detalles que resultan de otra forma casi imposibles de percibir… ¡Como la cantidad de caries y sarro que tienen los cocodrilos! O sea, mira 😛

Marichams-ETH-SUR-00-croc-IMG_5039fx

Sí, ya sé que tienes que estar pensando que somos un trío de locos por estar tan cerca, pero al menos nosotros andábamos en un bote seguro, lo que me dejó anonadada fue ver a los pescadores que hacen kayak con árboles a pocos metros de ambos depredadores (hipos y cocods), como que no se los pueden literalmente comer de un bocado…

Marichams-ETH_SUR_00-DSC_0086fx

Y como la vida sabe hacer de las suyas, en medio de nuestra entretenida vuelta por el inmenso lago recibimos una llamada: ya estaba acá la maleta de Pau, el único detalle es que no volveríamos a la capital hasta dentro de 6 días más… ¡Pero al menos ya había maletas!

Marichams-ETH-SUR-00-IMG-20180331-WA0001Como puedes entender, el día ya se había dado por pago y a penas estábamos a mitad planeada para la jornada.

Para colmo, cuando fuimos a comer nos encontramos nada más y nada menos que con la leyenda etíope del maratón olímpico Haile Gebrselassie y bueno, para que quedara evidencia hicimos un pequeño acto ‘groupie’ y le pedimos una foto porque ¿¡por qué no!?

Y bueno, ya paro de escribir que no quiero que te me agobies o aburras. Nos leemos pronto para seguir, ¡que hay mucho que contar!

Un abrazote desde África.
M.

h1

¿Y cómo se agarra un gallo?

octubre 25, 2017

Por increíble que pueda parecer, nunca había agarrado un gallo antes en mi vida.
En una reciente visita a San Juan de la Maguana, pude experimentarlo por primera vez.

Si, tenía miedo de ser víctima de un picotazo, ¡por suerte no lo fui! Acá comparto el videito…

Y si, puedes reírte de mi… (yo lo estoy haciendo)

 

h1

Gastronomía etíope

octubre 4, 2017

marichams-cultoural-bandeja-etiope

Continuando con la serie de ‘mi cambio de vida’ y la narración de mis ‘aventuras’ en África. Quiero hablarte ahora de uno de los más importantes temas: el gastronómico. En sentido general no me puedo quejar, pues exceptuando el horrible episodio estomacal de las primeras semanas (que por suerte y gracias a la ayuda de mi cuñada fue superado), en este aspecto todo ha marchado bastante bien.

La comida en Etiopía es muy particular y sobre ella entraré en detalles más adelante, pero quiero arrancar por lo que más feliz me tiene: hay muchos productos comunes a los que están disponibles en República Dominicana. Acá he podido encontrar: guineo (banana), lechosa (papaya), tomates, pepino, lechuga, naranjas, toronja rosada (pomelo), aguacate, piña, guayaba, batata (sweet potato), limón, cebolla, ajo, pimiento morrón verde (green bell pepper), espinacas, auyama (calabaza) jengibre, oregano, miel… Y un montón de granos: lentejas (de varios colores), chícharos, habichuelas rojas (alubias)… En fin, que mi necesidad de adaptación a muchos vegetales ha sido casi nula. Por otro lado, contrario a lo que yo asumía (y que probablemente asumes tu también) ¡no hay yuca, ni plátano, ni yautía, ni ñame! En ese sentido parece que estoy en la parte equivocada del continente. Acá los víveres no son muy populares que digamos y eso lo extraño en sobre manera porque yo si que soy loca con ellos.

Un tema que mi organismo debe estar agradeciendo (pero mi persona no) es el de los lácteos. Acá no hay ni una costumbre ni una industria ‘lechera’. Si, en los supermercados venden leche pero en funditas que no me inspiran NADA de confianza, sobre todo después de escuchar como el padre de un alemán compañero de trabajo de Roland se enfermó feo porque acá no pasan la leche por el proceso UHT así que no solo todos los nutrientes, sino también TODAS las bacterias y enfermedades llegan de la vaca a tu boca o.0.

Sobre los quesos, ¿qué decir? Son un lujo… ¡Literalmente! Un trocito de parmesano puede costarte fácilmente 20 dólares y ni hablar de otros. Las únicas opciones viables son un queso local tipo gouda, llamado ‘Sholla’ y las creaciones de un italiano que nos ofrece bajo la marca ‘Cheese World’ mozzarella, queso crema, camembert, brie y ricotta a precios cuasi-aceptables. Sobre los embutidos (que aunque yo no los consumo, Roland si…) igual: no hay cultura de embutidos, los pocos locales ‘no son de calidad’ y al final 200 gramos de jamón, salami o chorizo saben costar más de 10 dólares…

No es normal que la población etíope coma cerdo y el pollo aunque mucho más común, entre algunas personas no es tan popular (Yared por ejemplo no lo come). Acá las pobres vaquitas la llevan difícil y, sobre esta carne, Roland me dice que la mayoría de la que está disponible es de viejunas cuya carne es dura y no tan jugosa (yo le creo, porque imagínate…)

Para mi dicha este país es muy religioso (nunca pensé que haría esa afirmación) y tiene múltiples días al año en el que hacen una especie de ‘ayuno’ que llaman ‘Tsom’ en el que no comen productos animales. Así que, a diferencia de otras culturas, acá entienden qué es ser vegetariano y no van a esconder un trocito de jamón, tocineta o una cucharada de manteca animal en medio de mi comida.

El día a día de la gastronomía Etíope, hasta cierto punto, puede resultar un poco monótona (al igual que la dominicana puede ser cansina para los extranjeros cuando ven todos los días repetir nuestro clásico arroz con habichuelas) pues se basa en una especie de pan/crepe/cuestión/asunto llamado ‘Injera’ y sus respectivas ‘compañas’ que suelen ser llamadas ‘Wat’. Las compañas más populares son los granos hechos a modo de estofado denso (especialmente el shiró), espinacas y carne jugosa (mayormente de vaca o pollo, como ya te aclaré arriba). Un detalle sobre esta cultura: se come con las manos. Te explico más en detalle para no liarte.

La injera (que quizá es masculina pero no me entero) viene siendo como el arroz de los dominicanos o la pasta de los italianos: está en todo. Nota al margen: pronto voy a preparar en Cultoural.com un detallado artículo para que puedas conocer más sobre este producto, base base de la gastronomía etíope.

¿Cómo se come? Normalmente se sirve en el plato un trozo de injera semi-desenrollado sobre el que se colocan los wat, que son bien jugosos. Luego se cortan con las manos trocitos de injera que se mojan en el wat o se usan para recoger los vegetales o la carne y éstos se llevan a la boca. Dato importante: se come con la mano derecha, pues en teoría la izquierda es la que se usa para temas más mundanos, como aquellos vinculados con el baño.

Otro asunto (de nuevo bueno para nuestra salud) es que en el mercado Etíope no hay mucha variedad de alimentos procesados, la mayoría son importados o hechos por dos o tres extranjeros emprendedores y por lo tanto sus precios son ‘caribes’ (muy costosos). Acá sólo hay un tipo de nachos (tortilla chips), no hay tortillas de tacos y los panes y bizcochos se destacan tanto por su ausencia como por la falta de calidad de los pocos que aparecen. Así que me he vuelto una ‘montra’ (experta) en encontrar los lugares clave donde hacen bien cada producto y en hacer muchas de las cosas que me gustan y que no he podido encontrar. Ya luego haré un post con las recetas, por si te interesa explorar. ¿Lo positivo de mi abrupta incursión en la cocina desde cero (from scratch)? Sé lo que como, sé la calidad y cantidad de los ingredientes y más que nada: mi alimentación está libre de conservantes, colorantes y demás ‘pendejadas’ que nos están robando la calidad de vida.

Algo que no puede dejar de mencionarse al hablar de la cultura gastronómica etíope son las dos bebidas más populares: el Tej (vino de miel) y el café, cuyo consumo lleva toda una ceremonia que también detallaré en Cultoural.com. Pero esos, al igual que la Injera, merecen un post individual.

Los etíopes usan especias muy intensas, siendo las dos más famosas el Berbere, que pronuncian Barbarí y que viene siendo el equivalente al curry de la India y ‘Mitmita’, que suele ser extremadamente picante. Dicho sea de paso, quiero saber ¿te interesaría/atreverías a probar un poco de Berbere?

Y bueno, hasta acá llega esta entrada, si tienes algunas dudas puedes pregunta acá debajo, sino, nos leemos en un par de días más, que toca seguir viviendo para poder seguir contando.

A %d blogueros les gusta esto: